Apuntes sobre la yihad

Viajamos en busca del significado de la palabra yihad y sus diferentes vertientes en la actualidad

FOTO: KHALED ELFIQI EFE

Existe un temor inherente a lo contrario. Lo diferente puede causarnos cierto malestar, desconfianza, inseguridad, suspicacia, lo diferente puede incluso reportarnos un olorcillo como a podrido que, si hacemos un gran esfuerzo, aprenderemos a respirar antes de zambullirnos en una retahíla de diferencias que marcan cualquier viaje fuera de España, o mejor, fuera de Europa. Esta aproximación a lo diferente define los actos del viajero. Pero lo contrario, lo contrario es otro cantar. Lo contrario no queremos verlo, ni olerlo siquiera, aunque su olor sea un dulce y embriagador. Viajar en busca de lo contrario, en lugar de viajar en busca de lo diferente, resulta casi contradictorio dentro de las actividades del turista. ¿Es por temor a que lo contrario nos engatuse con sus medios de propaganda, hasta que nos transformemos en radicales de aquello que precisamente repelíamos? ¿Es una sensación motivada por el odio? ¿O podrá ser porque, si leemos un libro cuyas ideas son opuestas a las nuestras, no podemos evitar sentirnos como un pequeño traidor?

Al carajo. Hoy podemos transformarnos en traidores, deshacernos el concepto del odio con una mezcla burbujeante de curiosidad y ansia por conocer, incluso podríamos convencernos definitivamente de que nuestros ideales son más potentes que cualquier medio de propaganda. Que podemos asomarnos al lado contrario del mundo sin temor a ser succionados por él. Hoy viajaremos a la cara oculta de nuestro mundo subidos en la grupa de esta pieza temeraria que, lejos de justificar los actos deplorables del fundamentalismo islámico, se dedicará a recorrer los diferentes recovecos del planeta en busca de los detalles que conforman esa Yihad que tantos quebraderos de cabeza nos está trayendo en el siglo XXI.

¿Qué es la Yihad?

La palabra yihad puede traducirse como “esfuerzo” y engloba todas las acciones que implican el sacrificio de los creyentes en honor a Dios, realizando actos de caridad con otros hermanos musulmanes en pro de su fe. Algo así. El concepto de yihad engloba muchas acciones y no es fácil delimitarlo. En estos actos entra la acción militar islámica, es cierto, siempre que sea con el fin de preservar el bienestar de la sociedad. Desde que Mahoma conquistó La Meca hasta la invasión estadounidense de Irak, pasando por el cruento periodo de las cruzadas, la yihad armada ha formado parte de los movimientos bélicos de todos los pueblos musulmanes. Pero si el lector quisiera conocer a fondo el concepto actual de yihad armada, entonces debería apagar el televisor, abandonar los campos de batalla y olvidar las impactantes escenas de decapitaciones y hombres barbudos levantando el dedo. Deberá aproximarse (plot twist) a las universidades musulmanas. Si digo que la palabra talibán procede del vocablo transliterado ṭālibān, que en pastún se traduce como estudiante, creo que el lector puede empezar a olerse por donde van los tiros.

Soldado talibán posa para una foto en Herat.
Soldado talibán posa para una foto en Herat. FOTO: Petros Giannakouris AP

Sin embargo no es tan sencillo definir la yihad armada en la actualidad. Para ello tendríamos que dividir a los yihadistas en dos grupos diferenciados, que serían los neofundamentalistas por un lado, y los islamistas por el otro. Los fundamentalistas o tradicionalistas, al contrario de lo que dice la creencia popular, no forman parte de ninguna organización terrorista conocida. En el grupo de los neofundamentalistas entran organizaciones tales y como Al Qaeda, el ISIS o Boko Haram, organizaciones terroristas ampliamente reconocidas y cuyo objetivo consiste en instaurar algún tipo de califato islámico regido por la sharia más tradicional (ojo por ojo, ladrones mancos, mujeres como columnas cubiertas por un velo negro). Para ellos, todo el que no esté de su lado, musulmán o no, es considerado un enemigo del islam y se le cataloga como potencial objetivo. Esto incluye a las fuerzas de seguridad y los gobiernos de países musulmanes, ulemas contrarios a la yihad armada... y por supuesto que todo Occidente junto con su “decadente moral”.

Los islamistas, por otro lado, nacen de un movimiento intelectual que se desarrolló en importantes universidades de países musulmanes (Cairo, Damasco, Teherán) a lo largo de la década de los 70 y cuyo objetivo primordial consistía en la liberación definitiva del mundo islámico de las potencias coloniales, además de una “democratización” del islam, arrebatando su poder a los ulemas para que fuera el propio individuo quien interpretara los textos religiosos. El islamismo se distendió con rapidez en las universidades y las clases sociales cultas, alimentado por ideales marxistas y panarabistas (aquí encontramos una importante diferencia entre islamistas y neofundamentalistas, porque el segundo grupo no soporta el marxismo). Pese a tratarse de un movimiento musulmán que aceptaba las bases del islam, sin duda, se modernizaba a la que concedía cierto espacio a la interpretación religiosa a través del pensamiento contemporáneo. Por ejemplo muchos de sus representantes piensan que las mujeres deberían tener acceso a una vida pública pero (ese gran pero) siempre y cuando cumplan con algunas normas clásicas de recato. Aunque el islamismo nació con un carácter prácticamente pacífico y que se calentaba nada más que en las salas de bibliotecas, a lo largo de los años han surgido diferentes grupos de nombre sospechoso que comulgan con sus ideales: Hezbolá, Hamás, Los Hermanos Musulmanes...

Otra diferencia a destacar entre los grupos armados neofundamentalistas y los islamistas es que, mientras los integrantes del primer grupo son considerados como organizaciones terroristas por prácticamente todos los estados del mundo, los grupos armados islamistas todavía mantienen cierto apoyo internacional. Fíjese que en 2014 fue el propio Tribunal Europeo quién anuló la definición de Hamás como grupo terrorista.

¿Dónde encontrar a los yihadistas?

Aunque los yihadistas armados solo pueden encontrarse en los campos de batalla del Sahel y Oriente Medio, o quizá infiltrados en determinadas capitales africanas y europeas, el personaje relacionado con la yihad más asequible para un viajero se trata, por lo general, de un hombre común que se encuentre en Irán o Egipto. Aunque ningún musulmán de bien aplaudiría a día de hoy los movimientos neofundamentalistas (pese a que algunos palestinos fueron filmados mientras celebraban el atentado del 11-S) aunque sea porque la amplia mayoría de las víctimas de esta rama religiosa son, precisamente, los propios musulmanes, sin embargo no sería difícil encontrarnos con un egipcio sorbiendo su taza de té y defendiendo las acciones de grupos islamistas como Hamás. No podemos olvidar que seguimos en el lado contrario del mundo. Aquí el israelita no es un aliado, aquí el israelita es un enemigo que bombardea a sus hermanos palestinos y que masacró a la Liga Árabe durante la Guerra de los Seis Días.

-FOTODELDÍA- EA5729. GAZA, 14/05/2021.- El hermano de Mahmud Tolba, un niño palestino de 15 años muerto en un ataque israelí, llora desconsolado durante su funeral en el barrio de Al Zaitun en la ciudad de Gaza.
-FOTODELDÍA- EA5729. GAZA, 14/05/2021.- El hermano de Mahmud Tolba, un niño palestino de 15 años muerto en un ataque israelí, llora desconsolado durante su funeral en el barrio de Al Zaitun en la ciudad de Gaza. FOTO: HAITHAM IMAD EFE

En los campos de refugiados palestinos en Líbano, los poblados atrancados en las montañas de Afganistán y que fueron bombardeados por drones estadounidenses, las mezquitas en la periferia de Bamako, los cafés de Teherán, en todos estos sitios el viajero no encontrará peligrosos terroristas dispuestos a descerrajarnos un disparo, sino hombres y mujeres normales cuyas circunstancias les han llevado a apoyar los asesinatos de Hamás, de una forma parecida a cómo nosotros apoyamos los asesinatos del Tío Sam. ¿Su mayor miedo? La decadencia moral de Occidente que, impulsada por el aparato propagandístico de los Estados Unidos, se extiende como una mancha de café exterminando la tradición de los pueblos que toca. ¿Su mayor miedo? El fantasma del colonialismo, perder el control de sus creencias, o perderlas del todo, que es mucho peor. “Y si la yihad es nuestra última solución para evitar que los yanquis nos conviertan a todos en lesbianas y maricones, mira, pues no lo apoyo, ni mucho menos, pero también entiendo que tenemos que defendernos”, así me lo dijo un joven español que conocí en Ceuta hace unos años, Omar. Yo animo al lector a hacer tripas corazón y buscar a estos individuos para que nos expliquen su visión del lado contrario del mundo. Si busca bien, no va a necesitar ni el pasaporte.

A los que se sientan traidores por espiar el lado prohibido también les animo, aunque solo sea para cumplir con lo que dijo el mítico Sun Tzu: “Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla”.

¿Dónde encontrar museos yihadistas?

Recordemos que la palabra yihadismo se traduce como esfuerzo, que el yihadismo es mucho más extenso que los actos violentos de los últimos cuarenta años, que un museo yihadista no implica que se dignifiquen los atentados de Al Qaeda o las atrocidades del Estado Islámico. El lado contrario del mundo es muy complejo. Tanto, que en ocasiones asomamos la cabecita en alguno de estos museos y nos damos cuenta de que, en ciertos aspectos, por muy traidor que suene, los yihadistas no son tan contrarios a nosotros como diferentes, en determinados casos, en otros incluso iguales, porque nosotros en su lugar habríamos hecho algo similar. Me explico. Ocurre cuando salimos de este artículo en blanco y negro y subimos a un avión a todo color con destino a la aventura definitiva en Herat (Afganistán) y callejeando entre muros de cemento accedemos a la puerta del Jihad Museum.

Imagen del parque de Hezbolá, Tourist Landmark of the Resistance.
Imagen del parque de Hezbolá, Tourist Landmark of the Resistance. FOTO: Frode Bjorshol creative commons

¿Jihad Museum? ¿Es una coña? ¿Es cosa de talibanes? En absoluto. Fue inaugurado en el año 2010 y numerosos generales y políticos estadounidenses han venido de visita. ¿Cosa de locos? Tampoco. Ya venía diciendo que, en este lado contrario del mundo, los conceptos que fluctúan no son tan sencillos como pretende mostrarnos el televisor. En el Jihad Museum se muestra de una forma bastante gráfica todo asunto relacionado con la conquista soviética de Afganistán. Con gráfica, me refiero a que pueden verse figuritas de cera ejecutando a soldados rusos a medio metro de distancia. Con gráfica, digo que se nos hace muy raro cuando nos percatamos de que nosotros también habríamos disparado a los rusos de entrar así en España. En Líbano también existe un parque de atracciones dedicado al grupo Hezbolá pero el artículo me está quedando muy largo y no quiero agotar al lector con estas especificaciones casi macabras sobre lo que es un terrorista y lo que no. Si quieres leer sobre el parque de Hezbolá, solo pincha aquí.

Gracias por haber venido conmigo al lado contrario del mundo en este artículo. Yo solo no me habría atrevido. Pero ha sido un viaje curioso, desde luego... quién nos iba a decir que los terroristas islámicos no se traducen necesariamente como fundamentalistas... y mira que lo dijo veces mi televisor....