Campos de batalla en España: el Frente del Agua

En Somosierra todavía siguen intactos los búnkeres y nidos de ametralladoras utilizados durante la Guerra Civil

Nido de ametralladoras del Frente del Agua.
Nido de ametralladoras del Frente del Agua. FOTO: Alfonso Masoliver

Es importante hacer esta visita antes de que comience la próxima guerra. Y no digo que vaya a ocurrir dentro de cinco ni de diez ni de trescientos años, no soy un alarmista, pero antes o después habrá otra guerra porque en los últimos 100 siglos de Historia no nos hemos quitado la manía belicista y (aunque ahora vengan algunos enterados diciendo lo contrario) por muchos likes que obtengamos en Instagram, no dejamos de ser simios víctimas de un proceso evolutivo y enormemente asustados por cosas tan estúpidas como el fin del mundo o, peor todavía, una ideología política diferente a la nuestra. Que no tiene nada de malo que prácticamente seamos simios (con cómo están las cosas últimamente, preferiría ahorrarme una demanda del sindicato de chimpancés). Pero es cierto que, cada vez que visito Paredes de Buitrago, sea durante el gris otoño o mientras brilla abrasador el sol de verano, y paseo con la cámara lista para disparar por la ruta conocida como “El Frente del Agua”, de verdad que no importa lo que diga Steve Jobs desde su sepultura o las acciones que venda Tesla a sus fanáticos, porque me convenzo sin remedio de que somos puñeteros simios con aires de grandeza. Rayanos en la megalomanía. En fin.

Pero aquí nadie ha pedido mi opinión y a mí me pagan por escribir sobre viajes e introducirme en países en conflicto (así que, si hablamos sobre guerras, seguro que no voy a saber ni la mitad que los enterados del salón), entonces será mejor que me calle, me disfrace de soldado de la Guerra Civil y comencemos el viaje. Hoy seremos un muchachito de diecinueve años recién alistado en el bando nacional (o republicano, lo mismo da, al final las balas nos harán el mismo daño) y con toda la ilusión de matar a otros muchachitos de diecinueve años recién alistados en el bando republicano (o nacional, verás, si la metralla nos va a atravesar igual). El escenario: la Sierra Norte de Madrid. El año: 1937.

¿Por qué se llama el Frente del Agua?

Hay una frase escrita por el estratega chino Sun Tzu en su El Arte de la Guerra: “Ataca inesperadamente, haciendo que los adversarios se agoten corriendo para salvar sus vidas. Interrumpe sus provisiones, arrasa sus campos y corta sus vías de aprovisionamiento”. Y yo no sé si Emilio Mola tenía este libro espectacular en su biblioteca pero, de lo que no cabe duda, es que sus intenciones durante la Guerra Civil seguían esta línea casi a rajatabla. Tras el fracaso del golpe de Estado en julio de 1936, el líder de las tropas nacionales del Frente Norte supo que la única manera de acortar un posible conflicto de durísimas consecuencias era tomando Madrid, para así descabezar al gobierno republicano y desfilar lo antes posible en su triunfo por las calles de la capital.

Vista del pinar desde uno de los nidos de ametralladoras.
Vista del pinar desde uno de los nidos de ametralladoras. FOTO: Alfonso Masoliver

Rápidamente organizó a sus ejércitos en Pamplona y Burgos para que partieran a Madrid, con la intención de penetrar en la ciudad a través del Puerto de Somosierra. El 25 de julio de 1936, apenas una semana después de comenzar la guerra, las tropas de Mola tomaron el codiciado puerto y se dispusieron a marchar al sur para finiquitar su victoria. Y yo me hago una pregunta que quiero formular también al lector. ¿Si Mola hubiese entrado en Madrid entonces, no habría sido mejor para todos? Independientemente de las ideologías, si el resultado iba a ser el mismo: ¿no habría sido mejor ahorrarnos el millón de muertos y todas las heridas que todavía no hemos curado? Los milicianos, guardias de asalto y carabineros que se interpusieron entre Mola y la victoria pueden ser catalogados como héroes por muchos, eso no lo dudo. Pero sí dudo, hoy, paseando por las ruinas de la moral que se deshacen con los hongos de Buitrago, si ese heroísmo relativo tuvo alguna utilidad real. Ahí lo dejo.

Entonces ocurrió esto. Los héroes republicanos frenaron a la altura de Buitrago a las tropas nacionales y estabilizaron una línea de frente que se mantuvo desde entonces hasta el final del conflicto. La proximidad de esta localidad con los embalses de El Villar y Puentes Viejas, vitales para el abastecimiento de agua de Madrid, además de la relación entre las enseñanzas de Sun Tzu y el interés de Mola por cortar los suministros a la capital, bautizaron esta línea de frente como el “Frente del Agua”.

La ruta del Frente del Agua

Nido de ametralladoras en el Frente del Agua.
Nido de ametralladoras en el Frente del Agua. FOTO: Alfonso Masoliver

Paseando esta ruta disfrazado de jovencito vestido de soldado, acuclillándome entre los pinos del bosque y prestando atención a los sonidos etéreos de la naturaleza, me asalta una segunda frase de Sun Tzu: “Cuando un ejército se está desplazando, si atraviesa territorios montañosos con muchas corrientes de agua y pozos, o pantanos cubiertos de juncos, o bosques vírgenes llenos de árboles y vegetación, es imprescindible escudriñarlos totalmente y con cuidado, ya que estos lugares ayudan a las emboscadas y a los espías”. La naturaleza que consideramos un sinónimo de relajación en el siglo XXI, se convierte a mediados del siglo XX en un síntoma de inquietud. El enemigo puede esperar en cualquier parte. Detrás de ese arbusto. Agazapado entre aquellos hierbajos. Y de verdad que mis músculos se tensan, completamente poseídos por las herramientas de la imaginación, a la espera de que un disparo fatal resuene un segundo después de estrellarse contra mi pecho.

No es difícil acoplarse al escenario. Ochenta años después de la guerra, los bosques de pinos continúan intactos y siguen resonando los chillidos idénticos de las urracas. Los búnkeres y los puestos defensivos nacionales, las trincheras excavadas por las palas republicanas, los agujeros ocasionados por los morteros de uno y otro bando, todo esto sigue intacto en la ruta del Frente del Agua. Incluso podemos introducirnos en cualquiera de estos búnkeres y fingir que nuestra cámara de fotos dispara balas de verdad. Desde las posiciones de Peñas Bajas tenemos un acceso absoluto a la M-127 que baja a Paredes de Buitrago; las posiciones del pinar vuelven realidad las advertencias del estratega chino. Incluso el nido de ametralladoras que ocupó la Undécima Bandera de Castilla de la Falange, encajonado en un lateral del camino del pinar, con el yugo y las flechas todavía inscritos en su cemento reseco, pueden provocarnos la molesta sensación de peligro inminente, del descontrol generalizado que se produce en cualquier contienda bélica.

¿Por qué ir?

Búnker de la Falange.
Búnker de la Falange. FOTO: Alfonso Masoliver

La belleza de la naturaleza madrileña perece sepultada bajo el cemento de la guerra, yace desmadejada, agujerada con la forma macabra de las trincheras. Y de verdad que considero importante hacer esta ruta en un momento u otro de nuestras vacaciones, por un cúmulo de razones.

Para comprender que en la guerra solo existen los héroes como víctimas de las circunstancias, y que todos los héroes estarían más tranquilos si las circunstancias no les hubiesen empujado a disparar. Para percatarnos del horror de la guerra, que nada tiene de épico como dicen en las películas o en los cuentos de niños. Para sentir esa incomodidad que provoca el denso pinar. Para hacer un acto de conciencia patriótico (¿Qué tiene de patriota un hombre que mata a sus compatriotas, por la razón que sea? ¿Qué defiende el patriota si no es a sus compatriotas? ¿Un pedazo de tierra yermo? ¿Un embalse de agua que nadie beberá?). Para reconocernos, por mucho que nos duela, que apenas somos simios evolucionados a medias. ¿O de verdad pensamos que una evolución completa es esa que utiliza misiles en lugar de piedras? ¿No será que la evolución real no trata de matar más rápido y mejor, sino de dejar de matar por una vez? Ahí lo dejo. Ahora déjame tranquilo, no me atosigues, que quiero perderme un rato más en este triste pinar de los fantasmas.