Campos de batalla en España: cuando Europa cambió de rumbo a las afueras de Almansa

A una hora de Albacete se encuentra una de las localidades más importantes para comprender los sucesos de la Guerra de Sucesión española

Castillo de Almansa (Albacete).
Castillo de Almansa (Albacete).Lunamarinadreamstime

¿Por qué se derogaron los fueros de Valencia y de Aragón? ¿Por qué mencionó Pablo Iglesias en una de sus absurdas intervenciones los “Derechos de Nueva Planta”? ¿Por qué pertenece Gibraltar a los ingleses? ¿Por qué reina en España un monarca Borbón? Preguntas tan elementales como estas y que todo español debería conocer al salir del colegio, cuyas respuestas permanecen en la penumbra de una ignorancia asombrosa hacia la propia patria, se solucionan en muchas ocasiones viajando por el propio territorio nacional. Si viajamos será mucho más difícil que los políticos nos engañen, si viajamos podemos ver con nuestros ojos en lugar de tragarnos la morralla del televisor, viajando podemos alcanzar a tocar verdades mucho más tangibles y sólidas que las que puede susurrarnos ningún libro especializado. Por eso y mucho más, viajar es importante. Si viajamos a Jávea por vacaciones y un cartelito de la A-31 nos indica la proximidad de una localidad llamada Almansa, y nosotros conducimos buscando una verdad que se mantenga, podemos tomar ese desvío para visitar uno de los municipios más importantes a la hora de comprender la Historia reciente de nuestro país. Se trata de un desvío sencillo. Un alto en el camino de media hora, una hora, dos horas, con jugosos beneficios.

Detenemos el coche en el aparcamiento municipal de Almansa (Albacete) y nos ponemos las gafas de la imaginación. Tac, tac tac, la pista de atletismo municipal desaparece, tac, tac, tac, la gasolinera se esfuma, tac, tac, tac, el Hospital Público de Almansa implosiona, tac, tac, tac, las carreteras de grava se hunden en el suelo, tac, tac, tac, decenas de casas se deconstruyen ladrillo a ladrillo. El humo de los vehículos se disipa, dejando paso en su lugar a las virutas de polvo que levantan caballos y carruajes. Estamos en el 25 de abril de 1707. Una batalla que cambiará el curso de la Historia está a punto de comenzar en Almansa.

Antecedentes endogámicos

Como ya deberíamos saber todos a estas alturas, Carlos II fue un rey español de la dinastía de los Austrias que sufrió en última instancia las consecuencias de las políticas matrimoniales interfamiliares que tan comunes eran entre la alta nobleza de la época. Los plebeyos le llamaban el Hechizado. Los retratos que pintaron de él nos muestran un cuerpo esmirriado bajo un rostro torcido, enfermizo. Las crónicas de la época no lo consideran el peor rey que hemos aguantado, sin embargo, y hay quien llega a señalarlo como uno de los mejores monarcas que hemos tenido en los últimos siglos, quién sabe, puede ser. Pero Carlos II el Hechizado no pudo tener hijos. El hechizo estaba allí. Y cuando murió (esto ya deberíamos saberlo) sin descendencia pues ocurrió lo que siempre sucede en estos casos: los pretendientes a la corona se aliaron con diferentes partes interesadas, armaron a sus ejércitos y montaron una marimorena que llevó a medio Europa a enfrentarse en los campos de batalla de España, Francia, Italia, Alemania, África occidental e incluso las costas lejanísimas del Caribe americano.

Retrato de Carlos II
Retrato de Carlos II La Razón

La Guerra de Sucesión española consistió en trece años de enfrentamientos a lo largo de prácticamente todo el globo, en una especie de guerra semimundial en la que todas las grandes potencias europeas procuraron implantar su influencia en el rico y codiciado reino de España. Podemos viajar a muchísimos lugares donde todavía existen memoriales para recordar las batallas de este conflicto. Fue una guerra muy importante para Europa. En el colegio no entraba en el examen pero esa guerra decidió el futuro europeo a niveles parecidos a las guerras napoleónicas o las guerras mundiales. Y si no me creen, busquen una foto de nuestro rey para comprobarlo.

Europa se dividió entonces en dos bandos. El primero, conocido como las Dos Coronas y que apoyaba a Felipe de Borbón como pretendiente al trono, estaba compuesto por Francia, Colonia, Mantua, la España fiel a los Borbones, Portugal y Saboya (ambos hasta 1703). El segundo, mucho mayor, que apoyaba la candidatura del alemán Carlos de Habsburgo, recibió el nombre de La Gran Alianza y contaba con las fuerzas de Gran Bretaña, Austria, Prusia, la actual Holanda, la España fiel a los Habsburgo y Portugal y Saboya (a partir de 1703), entre otros. En torno a un millón de personas perdieron la vida a causa de este conflicto.

Almansa en el conflicto

El resultado de la contienda tardó en decidirse. Los descomunales ejércitos europeos se levantaban y se derrumbaban como autómatas y eran repuestos por ejércitos nuevos, los campos de labranza ardían durante unos minutos y luego adquirían un color negro, los generales planeaban una y otra vez, una y otra vez, hasta que consiguieran un plan definitivo que les permitiese no planear más. En uno de estos planes, utilizando uno de estos ejércitos, atravesando algunos de los campos de labranza chamuscados, el equipo de las Dos Coronas decidió atacar al equipo de la Gran Alianza en su propia casa; decidieron, en un momento en el que la guerra no les sonreía, realizar una arriesgada maniobra que les llevase a las puertas de Valencia donde el candidato alemán había instaurado su capital. Allá que fueron, cerca de 30.000 hombres pisoteando el suelo.

Vista actual de Almansa.
Vista actual de Almansa. FOTO: Grantotufo dreamstime

El predecible enfrentamiento entre uno y otro bando ocurrió en Almansa. Ambos ejércitos se posicionaron en dos líneas de 6 kilómetros de largo integradas por franceses, alemanes, irlandeses, portugueses, holandeses, italianos, belgas, españoles e ingleses, y seguro que me dejo alguno, en uno de los campos de batalla con mayor longitud y más internacionales que podemos encontrar en nuestro país. Quiero que el lector se ajuste las gafas de la imaginación y pertenezca a este momento. Son las dos y media de la tarde. El aire todavía huele a hierba y estiércol. Ambos ejércitos están uno en frente del otro, son 60.000 hombres mirándose a la cara desde uno y otro lado, aquí, en Almansa, y el castillo en su colina hace de espectador privilegiado durante toda la barbarie. Nosotros mismos estamos en ese castillo. Vemos a los batallones de infantería moviéndose como puntitos diminutos, el fogonazo de los cañones que precede al sonido.

El olor a estiércol y hierba se ve superado por los aromas de la sangre y de la pólvora. Cuando ocurre una batalla, algo extraño sucede con los cinco sentidos. Nuestros ojos nos confirman que estamos en el mismo terreno que media hora atrás pero nuestros oídos escuchan los disparos, nuestras narices huelen la batalla, nuestras manos y nuestra piel pueden recibir el impacto brusco de una bala, en nuestra boca se paladea un saborcillo a miedo que no concuerda con ese campo a las afueras de la localidad. Nuestros ojos nos aseguran que seguimos en Almansa pero el resto de los sentidos nos gritan que estamos en un infierno. Si nuestra imaginación es lo suficientemente viva, o acompañamos la visita con una dosis de mescalina, lo más probable es que sintamos tanto miedo que salgamos corriendo de allí, de una forma parecida a como hicieron los soldados de la Gran Alianza tras ser derrotados por las fuerzas del Borbón.

Métodos para potenciar la imaginación

Lo de la mescalina era una broma. No hace ninguna falta. Pero sí que podemos apoyarnos en determinados objetos para hacer de esta experiencia diferida una más locuaz, más inmersa en los sentidos, de manera que no solo aprenderemos historia sino que viviremos una experiencia prácticamente catatónica en nuestro caminito a Jávea.

La Batalla de Almansa, óleo sobre lienzo, 161 x 390 cm, Madrid, Museo del Prado.
La Batalla de Almansa, óleo sobre lienzo, 161 x 390 cm, Madrid, Museo del Prado. FOTO: Buonaventura Ligli (Ventura Lirios) y Filippo Pallotta

El Museo de la Batalla de Almansa es una parada obligatoria si queremos alcanzar este objetivo. Allí podríamos conocer los detalles más íntimos del combate, desde el tipo de armamento utilizado hasta los uniformes de los soldados, pasando por maquetas que muestran el aspecto de la localidad en la época o fríos cañones con la boca negra amenazante. La entrada es libre para todos los públicos y el museo solo cierra los lunes.

Otra forma de acceder a la batalla consiste en visitar el Parque Cultural 1707, ya sea en solitario o mediante una visita guiada (recomiendo esta última opción), donde pueden visitarse los escenarios reales de la famosa batalla. Provoca cierta repulsión cuando pensamos que el mismo suelo que pisamos en ese momento estuvo sembrado de cadáveres hace 300 años, el suelo exacto, los alrededores de Los Pandos, y que puede que la sangre se haya limpiado pero todo el líquido que se filtró sigue palpitando bajo el suelo, como fantasmas esperando a salir. Y ya si queremos explotar al máximo las capacidades de nuestra imaginación, de una manera casi fanática, en ese caso deberíamos acudir a la recreación de la batalla que se realiza todos los meses de abril (el día exacto varía cada año) y que transforma Almansa en la Almansa que fue en 1707, con sus vestimentas, sus aullidos de los vendedores, sus mismos platos tradicionales... y las mismas batallas que cambiaron irremediablemente el rumbo de Europa.