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24 horas en Buda

  • Baños Geéllért
    Baños Geéllért
  • Ciudad Vieja
    Ciudad Vieja

Tiempo de lectura 4 min.

01 de junio de 2014. 21:30h

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Kris Ubach.  13/6/2014

La Budapest unificada no tiene ni 150 años. Las ciudades de Buda y Pest fueron una en 1873, y aun hoy aquí se viven dos realidades distintas a un margen y otro de ese Danubio que nunca fue azul. Hoy os propongo que me acompañéis por Buda.

8 h. Un baño en Géllert. A las 6h de la mañana, y a un ritmo más que pausado, empieza la actividad en esta magnífica catedral balnearia levantada en 1918. En una ciudad construida sobre más de 30.000 metros cúbicos de aguas termales no es de extrañar que desde los primeros tiempos los habitantes de Budapest incorporaran el "tomar un baño" a su rutina diaria y por ende a su cultura. La piscina central nos recibe con su habitual mezcolanza de calcio, magnesio y sodio perfecta —según dicen— para la artritis y la circulación de la sangre. Rodeada de arquitectura art nouveau disfrutamos casi en exclusiva de los beneficios terapéuticos de sus aguas, y para cuando llegan los primeros turistas, nosotros ya estamos listos para empezar nuestro recorrido por Buda.

10h. Un cappuccino entre libros. El Ponyvaregény (Bercsényi, 5) es uno de esos cafés que aparece en todas las guías de viajes, y aun así, sigue conservando un ambiente del todo bohemio y cautivador. Quizás que se encuentre en un barrio apartado de los habituales puntos turísticos (y que las tertulias literarias sean en húngaro) ayuda a que hasta aquí lleguen más locales que visitantes. Acompañamos nuestro té a la menta con una hojeada a un Madame Bovary traducido al magyar; el resto de concurrencia se decantan por las pantallas de sus dispositivos móviles.

11h. De visita a la Galería Nacional de Hungría. Un paseo junto al río (donde descubrimos la curiosa Capilla Rupestre excavada en las entrañas de Buda), y un corto trayecto en tranvía nos acercan hasta lo alto de la colina del Castillo de Budapest, que contempla el Danubio desde sus 170 metros de altura. Tallas góticas, mampostería medieval y dos extensas colecciones en forma de gliptoteca y pinacoteca compiten en belleza con la arquitectura exterior del Palacio Real, donde también se ubican la Biblioteca Nacional y el Museo de Historia de Budapest.

14h. Almuerzo de goulash con páprika. Tras la visita museística el cuerpo pide a gritos un buen asiento y una especialidad de la región para recuperar el aliento. En la turística colina del Castillo, el Rivalda —ubicado en la planta baja de lo que fue un viejo monasterio del siglo XVIII— es una de las opciones más interesantes. Por una vez, pasamos de largo las ensaladas y escogemos uno de esos contundentes platos tradicionales que ayudan a sobrellevar mejor los crudos inviernos húngaros.

17h. Paseo por la Ciudad Vieja. Las cálidas luces vespertinas son el mejor truco de belleza de las panorámicas que desde lo alto del Bastión de los Pescadores —que aunque muchos creen de época medieval tiene poco más de cien años— se tienen de la vecina Pest. Cercana al bastión admiramos la recién restaurada (llevaba años bajo los andamios) iglesia de Matías, punto clave en la coronación de los sucesivos reyes húngaros y mezquita musulmana en tiempos de la dominación turca. Desde ella nos dirigimos hacia el norte, donde se extiende la que fuera residencia de la plebe durante la Edad Media: la Ciudad Vieja. Aun puede observarse la arquitectura tradicional del s.XIII, con su plaza del mercado (Béci kapu) y las pintorescas casitas burguesas que se apiñan junto a la Puerta de Viena, una de las entradas al antiguo recinto amurallado de la ciudad.

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