Destinos
Mira, un refugio para los cinco sentidos en Castilla-La Mancha
En la Serranía Baja de Cuenca nos espera un entorno natural inigualable, ideal para quienes buscan desconectar del mundanal ruido
Cuando el cuerpo nos pide desconectar, romper con la rutina y dejar volar la imaginación, nada mejor que hacer las maletas y descubrir un nuevo mundo. Sin necesidad de ir muy lejos, Castilla-La Mancha cumple con ese anhelo en lugares tan especiales como Mira, localidad situada en la comarca de la Serranía Baja de Cuenca, en el límite de Castilla-La Mancha con la provincia de Valencia.
En un entorno natural inigualable, gracias a una altitud media que ronda los 830 metros sobre el nivel del mar y una población inferior a los mil habitantes, el municipio de Mira se alza como un refugio para los cinco sentidos. No es para menos, pues se trata de un destino ideal para desconectar y disfrutar de la autenticidad de la España más rural.
Si el viajero busca aventura y actividades al aire libre, Mira no defrauda, ya que el municipio cuenta con una orografía bastante agreste y con un gran desnivel: el punto más elevado del municipio llega a cerca de 1.398 metros (pico Cabero) y el más bajo unos 590 metros junto al río. Recorrer estos lares resulta una delicia para la vista y el olfato, pues en sus bosques abundan pinos, sabinas, enebros, encinas… matorral mediterráneo y plantas aromáticas silvestres. Además, en el entorno también destacan los cultivos de almendros, olivos, viñedos etc., lo que crea un paisaje mixto de bosque y cultivos que no deja indiferente a nadie.
Fruto de su agreste paisaje y su entorno montañoso, las hoces del río y los valles conforman un gran atractivo para quienes aprecian y valoran la naturaleza, convirtiéndose en un destino perfecto para viajar con niños o con amigos dispuestos a aprovechar cada minuto. Aquí no hay espacio para el aburrimiento, pues el entorno natural de Mira es idóneo para el senderismo, la pesca, rutas en bici, la observación de aves y la práctica del astroturismo… De hecho, el Mirador del Rebollo es una parada obligatoria que deja al viajero boquiabierto.
Todo ese paisaje se adereza, además, con el tintineo del agua, pues el río Ojos de Moya atraviesa el término municipal y en el casco urbano de Mira ya pasa a denominarse “río Mira”; afluente del río Cabriel. La estampa es tan idílica como emocionante, ya que el paseo por el interior del municipio supone un viaje al pasado, vivo ejemplo de la España rural. La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y la Ermita de la Piedad, del siglo XVI, son dos de las joyas monumentales con las que el viajero se topa, aunque lo cierto es que el casco antiguo del pueblo y su arquitectura tradicional resultan muy interesantes.
Y entre paseo y paseo, nada mejor que dejarse agasajar por las delicias gastronómicas que caracterizan esta tierra. El festín está asegurado a base de recetas típicamente conquenses como el morteruelo, los gazpachos manchegos o los tradicionales guisos de conejo de monte, de liebre o de perdiz.
Con fuerzas renovadas, merece la pena seguir descubriendo los alrededores del municipio de Mira, pues las sorpresas continúan en las localidades próximas como Moya, donde su castillo atrapa todas las miradas, sin pasar por alto Enguídanos y sus Chorreras del Río Cabriel.
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