La última función

“Este 2020 mantiene su mala sombra y cada mes afloja una nueva serie de maldades que nos acerca cada vez más a las peores escenas del Apocalipsis de San Juan”

Estaba en el guión que las elecciones «yankees» ofrecerían episodios y escenas para guardar en la colección de los momentos más bajos de la humanidad. Este 2020 mantiene su mala sombra y cada mes afloja una nueva serie de maldades que nos acerca cada vez más a las peores escenas del Apocalipsis de San Juan. La trompeta y el séptimo sello ya se han abierto. Después del debate entre Biden y Trump la jugada pasaba por acercar a la categoría del mártir al actual presidente y a su inclasificable señora. Nos enteramos que Biden tiene un hijo con un pasado problemático, pero nada comparable a lo del matrimonio presidencial que sufre ante los focos su contagio por el malévolo Covid-19. Vaya por delante el deseo de la pronta recuperación de la inefable pareja, pero suena contradictorio que Trump padezca una enfermedad a la que hace unos meses pronosticó que estaba de «capa caída» y ahora augura que desaparecerá «milagrosamente». Negar la realidad, no hace que el monstruo desaparezca cuando retiras las manos, pero te puede servir para, al menos, salir del paso y darle un poco de oxígeno a tu vida. En este caso, tratar de guardar el sillón en la Casa Blanca, sea tomando el control de los jueces del Tribunal Supremo o siendo una víctima más de la pandemia. «Este demócrata en horas bajas no me chafará el plan», debe pensar Trump mientras ve las hojas de Central Park mecerse con las primeras embestidas del otoño desde su torre-hotel. Él es la punta del iceberg de una política ficción en la que entran la mayoría de la generación actual de dirigentes que cada día participa en ese fango en el que se ha convertido eso que una vez se llamó «debate político». No es una nueva ola, se trata de la misma y no la provocó el Covid-19. Ya la teníamos encima desde hace años pero nos ha terminado de golpear a comienzos de marzo.