Esto no tiene sentido

“Es una sorpresa que el gobierno siga la opinión de los expertos para tomar nuevas medidas y que esos expertos sean los que capitanea el doctor Simón”

La viñeta de T.C.La RazónLa Razón

Así no hay quien se entere de nada. Hay demasiados detalles, partes pequeñas y grandes; dudas, sospechas. Y encima de un campo completamente desconocido. Es demasiada información en demasiadas direcciones. Si al menos hubiera alguien de quien fiarse al cien por cien sería más fácil. Como MC que cada principio de primavera recuerda por orden de calidad los bares de Sevilla con los mejores caracoles –cabrillas, con caldo de hierbabuena, con salsa de tomate, picantes- y nunca falla. Hace falta un experto, o mejor dicho una experta, para acertar con el regalo de cumpleaños perfecto. O al menos que lo parezca. Llegados a un punto los regalos de cumpleaños para una novia deberían ser como lo que le pide la ministra Darias al PP: aceptados sin condiciones. En las fechas señaladas la democracia nunca funciona. Hacer un referéndum para elegir plan de aniversario – horario, restaurante, hotel, viaje, copas, garito- solamente llevaría a una catalanización de la jornada festiva con declaraciones de independencia unilaterales. En esto no hace falta ser experto para entender que la cesión no es una concesión. Ceder ante quien se quiere no es nunca una derrota. No se trata de regalar algo feo, inútil o absurdo, como el informe del Instituto de la Mujer sobre publicidad en los juguetes que nos ha regalado con nuestro propio dinero. Aunque pensándolo bien hay que tener muy presente que sea lo que sea no se puede decir “tengo un regalito para ti”, el diminutivo sería de un machismo insoportable en un día que tiene que estar, además, protagonizado por ella de forma autocrática. Tiene que ser un regalón. O mejor, un regalazo; esa primera terminación tiene un sonido sospechosamente varonil. El estado de alarma se acentúa a medida que el día se acerca. Además es necesario un confinamiento de la búsqueda del presente para que no se destape el juego ya que la sorpresa merece el riesgo del error. No siempre ocurre. Por ejemplo es una sorpresa que el gobierno siga la opinión de los expertos para tomar nuevas medidas y que esos expertos sean los que capitanea el doctor Simón. Los mismos que no lo vieron venir, que cambiaron de opinión según dijera el PS, que mascarillas no que mascarillas sí, os restringimos la movilidad pero los ministros que cojan aviones, nosotros sí nos reunimos en fiestas de alto copete en salones muy decorados pero vosotros solo seis, que nos conocemos. En definitiva hacer caso a los mismos que nos han traído hasta aquí. Aquí la sorpresa no merece el error, desde luego. Por si acaso, en la misión secreta, hago como si fuera un político en el congreso mientras habla alguien de la oposición: miro el móvil distraído donde en realidad Amazon echa el cable necesario para el sigilo y su sobreoferta aturde con tanto detalle. Esto no tienen ningún sentido, no hay manera de estar seguro del acierto. Pero da igual, lo que importa es la ilusión de provocarle felicidad, los nervios al verla desenvolver la caja. No hay duda, esta vez he acertado. Al principio del todo, cuando la conocí.