Salud

Álvaro Vargas: “Las abuelas ya eran ‘veganas’ al ser la carne un artículo de lujo”

Entrevista a Álvaro Vargas que acaba de publicar un libro llamado “Vegesanísimo”

Publicidad

A VUELA PLUMA

Este periodista y técnico superior en Dietética que se ha convertido al veganismo y en «Vegesanísmo» ofrece las claves de este tipo de alimentación, desde un punto de vista nutricional primero y a través de recetas, después. Además, cuenta cómo hizo este cambio y lo que supuso su transformación. Aunque lo importante, como asegura Vargas, es que el contenido de este manual no es exclusivo para veganos, sino que supone una puerta de entrada perfecta para el consumo de «verde» sin caer en la rutina y que sea atractivo.

ENTREVISTA ÁLVARO VARGAS

Publicidad

- Con toda la información que hay hoy sobre el veganismo en libros, internet, redes sociales... ¿Qué aporta “Vegesanísimo” (Planeta)?

Publicidad

- Pues lo cierto es que es otro prisma, más práctico. Así, la primera parte del libro está pensada para conocer lo básico de nutrición para llevar una alimentación vegano-vegetariana saludable, y una segunda, con recetas con novedosas ideas, porque lo que uno encuentra en la red siempre son repeticiones. Se trata de darle una pequeña vuelta a lo que ya existe, pero siendo más sencillos y creativos.

- Y para los escépticos. ¿Cómo puede atraer el libro hacia el veganismo?

- Lo interesante es que las recetas las puede hacer cualquiera. No hay que ser vegano, un omnívoro también come vegetales, frutas y legumbres. Le puede interesar comerlas, pero no sabe cocinarlas y siempre son las mismas recetas. ¿Lentejas guisadas? Hay otras formas de ingerirlas, esto puede parecer interesante, sin dar el paso al vegetarianismo.

- De esta forma el libro no es exclusivo para una parte de la población, sino que se abre al resto y le propone alternativas a la ingesta de «verde» de forma atractiva. ¿Cómo lo plantea?

Publicidad

- La verdad es que todo el mundo debería tomar unas raciones mínimas al día de vegetales y legumbres. Quizás, si un día a uno no le apetece comer proteína animal, en esa primera parte tiene la información de cuáles son las fuentes alternativas desde un punto de vista nutricional y la segunda sirve de guía clave para cocinarlas y tener un repertorio más amplio.

- ¿Hay propuestas también para acercar los vegetales a los «peques» de la casa y que no las demonicen?

- Hemos pensado mucho en ello. Un ejemplo son las hamburguesas de lentejas cocidas con espinacas. Además, nos pueden ayudar a elaborar la receta, a dar forma a la mezcla. Un niño, generalmente, cuando cocina quiere probarlo. Luego puede gustarle o no, pero es una puerta de entrada. También hemos querido poner cuatro o cinco recetas de galletas saludables.

- ¿Esto es perfecto para esos desayunos tan poco saludables?

- Esta comida está llena de errores. Uno puede hacerlas con los niños el domingo y que te duren toda la semana. Sirven tanto de desayuno como de merienda y que se los lleven al colegio.

- Así, en la parte de recetas, hay una estructura bien definida por tipos de comida en estaciones. ¿Por qué?

- Pues es sencillo: dividido así se aprovechan mejor los nutrientes de los productos de cada temporada. Y luego también hemos organizado las propuestas como entrantes, primeros platos, segundos y postres (galletas, bizcochos saludables...).

- El hecho de aprovechar la estacionalidad de los productos implica ser más sostenible, dar un paso más. ¿Volvemos a recuperar la oferta que tenían nuestra abuelas?

- Cierto, lo que daba la huerta es lo que había. Lo bueno de los alimentos de temporada es que están en su esplendor nutricional, maduran en el árbol, en la planta, es más fácil que sean de cercanía –nacionales– y hay menos químicos para impulsar su crecimiento.

- En esto recupera la idea de «A comer se aprender» (Planeta) de que la estacionalidad es clave para una alimentación sana...

- Sí, siempre he dicho que del supermercado sólo nos interesa el 10-15% de los productos, materias primas sin procesar. Todo lo demás son pasillos y pasillos de pseudocomida, envoltorios de colores que ni siquiera se ve lo que hay dentro. Esto tiene que ver con el veganismo, porque mi abuela en el pueblo no comía carne, era un artículo de lujo. A diario se comía el guiso de legumbres y las verduras del huerto.