Carne: Bruselas quiere cortar las emisiones de las granjas un 15% en 10 años

A las polémicas sobre el impacto del metano o de los residuos del sector se le suma la caída del consumo en el continente. Pero, ¿es necesario dejar de comer carne? ¿Cuál es la fórmula para que la ganadería reduzca su huella de carbono?

  • El vacuno es el sector ganadero que más impacto tiene en cuanto a emisiones de metano / Dreamstime
    El vacuno es el sector ganadero que más impacto tiene en cuanto a emisiones de metano / Dreamstime

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16 de enero de 2019. 18:26h

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Eva Martínez Rull Madrid. 16/1/2019

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Unas 2.000 granjas de Europa han sido analizadas al milímetro durante los últimos meses para saber exactamente cuánto emiten las explotaciones ganaderas de vacuno y qué se puede hacer para que este sector contamine menos. Según los análisis que se manejan y que se están obteniendo en el proyecto Life Beef Carbon, de media cada explotación en Francia, Italia, Irlanda y España –los mayores productores del continente–, genera unos 15 kg de CO2 por kilo producido. El objetivo final de este Life es la reducción de emisiones un 15% en 10 años.

La carne lleva un tiempo en el ojo del huracán mediático. Baste como ejemplo la polémica suscitada a raíz de la publicación de un estudio de la Universidad de California que afirmaba que aunque todos los americanos dejaran de comer carne los lunes las emisiones se reducirían sólo un 0,5%. La contestación no se hizo esperar; en España la protagonizó Nuria Almirón, directora del proyecto ThinkClima de la Universidad Pompeu Fabra: «Sólo los alrededor de 1.500 millones de vacas que hay en el planeta emiten más metano que ninguna otra fuente y numerosos estudios (por ejemplo, el de la Universidad Scarborough de 2014) afirman que las dietas con proteína animal emiten como mínimo el doble de gases de efecto invernadero que las veganas», dice. A finales de 2018 se publicaba otro estudio en «Nature», de la Universidad de Oxford, que proponía la dieta flexitariana para evitar al máximo que las emisiones del sector agroalimentario suban al mismo tiempo que lo hace la población mundial: «La carne de res es cien veces más intensiva en emisiones que las legumbres; una vaca necesita diez kilos de alimento para crecer un kilo de peso corporal, y ese grano habrá requerido agua, tierra y fertilizantes».

En cuanto a emisiones, los datos de la FAO generan consenso y son, de hecho, los que se manejan en este Life; este organismo afirma que la ganadería produce alrededor de un 14,5% de las emisiones de efecto invernadero. Los primeros resultados del Beef Carbon corroboran dicha afirmación, además de ofrecer pistas sobre la complejidad del sector: «De los datos se extrapola que hay diferencias en las emisiones entre granjas (hasta un 35%) aun cuando se trata de explotaciones del mismo tipo. Otra conclusión: en España, las granjas de engorde son más eficientes que las italianas o francesas, porque los animales necesitan menos tiempo para alcanzar el peso comercial y por una alimentación, con pajas o piensos, más eficiente», explica Matilde Moro, gerente de la Asociación Española de Productores de Vacuno de Carne (Asoprovac), participante del proyecto.

Producto local y de temporada, evitar las importaciones de carne que viene de largas distancias y seguir las recomendaciones de consumo de la Organización Mundial de la Salud parecen los ingredientes de la receta que maneja el sector para que las cuentas le salgan en términos de CO2. Una ecuación que no resulta sencilla; sólo la fermentación entérica del animal (proceso digestivo que genera metano) suele representar más del 50% de las emisiones de una granja de vacuno. Le siguen de cerca la gestión del estiércol y la alimentación y, ya en menor proporción, el uso de fertilizantes, o la energía y el transporte. La ganadería extensiva tiene una cierta ventaja respecto a la intensiva; según Jean Baptiste Dolle, coordinador europeo del proyecto, «el 5-15% de las emisiones producidas por esta actividad se compensan a través del secuestro de carbono de los pastos», pero ojo porque según los análisis «las granjas de ternera intensiva emiten menos por kilo de carne. Se está viendo en diferentes estudios que la alimentación con hierba es menos eficiente. Incluso el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) admite que una de las medidas de mitigación del sector sea dar más pienso a los animales. Hay margen de mejora, como en todos los sectores y probablemente hay más margen en el intensivo, pero no se trata de enfrentar a uno y otro modelo. En España, que dependen mucho el uno del otro», afirma Moro.

Mientras el sector se impone sus deberes, el consumo sigue su propio curso. Según datos de la OCDE y la FAO, la producción agrícola y pesquera seguirán creciendo durante la próxima década por encima del 15%. «Sobre todo en las regiones en desarrollo: África subsahariana, Asia meridional y oriental, y Medio Oriente y África del Norte». Sin embargo, el consumo que en global crece, no sigue la misma tendencia en todas partes. Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en España la compra de carne fresca ha descendido los últimos meses un 2,4% (en 2017 cada español comió tres kilos menos que en 2016), pero aumenta la compra de carne transformada un 1,3%. El año en Francia ha empezado con la petición de 500 artistas, científicos y militantes ecologistas pidiendo que los ciudadanos dejen de comer carne una vez a la semanas; los famosos «lunes sin carne» siguen sumando adeptos. «Dentro de la UE se empieza a hablar de recuperar una dieta más mediterránea basada en la ingesta de más legumbres y menos americana, que es más intensiva en carne», explica Joaquín Rodríguez Chaparro, vocal asesor de la Secretaría General de Agricultura y Alimentación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud la ingesta recomendada para un adulto sano consiste en unas 0,83 gramos de proteína por kilo. Esto equivale a 58,1 gramos por día para un adulto de 70 kg y eso es precisamente lo que considera el sector productor: «Hay que tener en cuenta las recomendaciones de consumo moderado, pero lo que necesita el sector es un debate profundo para afrontar las reducciones de emisiones y el día sin carne no es la solución. No se pueden medir sólo las emisiones porque la ganadería también influye en la biodiversidad, en la calidad del suelo, del aire, en el secuestro de carbono», opina Andoni García, miembro de la ejecutiva de la Coordinadora de Agricultores y Ganaderos (COAG). Para Almirón este día sin carne «sí es una señal de que una dieta basada en plantas es posible y la tendencia en el consumo señala es esa dirección».

La publicación del último informe del IPCC alerta de la necesidad de hacer esfuerzos sin precedentes de aquí a 2030 para reducir emisiones y con este panorama todos los sectores productivos han de ponerse la lupa de aumento para ver de qué manera pueden difuminar lo más rápido posible su propia huella. Entre las medidas de mitigación que se están poniendo en marcha en las llamadas granjas innovadoras de este Life (170 granjas) están la rotación de pastos; aumentar el bienestar animal, por ejemplo con la sustitución de la paja por serrín en la cama, impermeabilización del estercolero y su uso como fertilizante para los cultivos; incorporar energía renovable, y la sustitución de piensos por subproductos de la agricultura local, entre otros.

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