Biotecnología para luchar contra el cáncer

Glycart da el salto al descubrimiento de nuevos fármacos, empezando por terapias inmunológicas contra la leucemia linfática crónica y el linfoma no-Hodgkin

Pablo Umaña, fundador y director de Glycart
Pablo Umaña, fundador y director de Glycart

La compañía biotecnológica Glycart, que se estableció en Zúrich (Suiza) en el año 2000 y fue adquirida por Roche en 2005, ha pasado de proporcionar la tecnología que ideaba para la mejora de medicamentos de otras firmas a descubrir y desarrollar sus propios fármacos.

Glycart pertenece desde entonces a la red de Investigación y Desarrollo de Roche, pero ha conservado el «modus operandi» que caracteriza a una pequeña empresa biotecnológica, con un 95 por ciento de empleados trabajando en proyectos de investigación.

Pablo Umaña, que está al frente de la empresa desde sus orígenes, un grupo de científicos de Costa Rica, cuenta que la adquisición por parte de Roche dio un enorme impulso a su trabajo. Glycart ya ha desarrollado por completo un medicamento para dos tipos de cáncer, y tiene previsto seguir haciéndolo a un ritmo de una molécula al año, incrementándolo a partir de 2017, asegura.

Su proceso de trabajo es partir de una diana, así llamadas porque son los objetivos a los que apuntan los medicamentos. Se trata de algún mecanismo del cuerpo del cual se sabe que está alterado en una enfermedad. A partir de ese punto, se buscan fármacos que devuelvan esas dianas a la normalidad.

En su caso, la primera ha sido una inmunoterapia contra el cáncer, una molécula que estimula a las defensas del organismo para que ataquen a las células cancerosas. Este tipo de nuevas terapias ha creado gran expectación en el último congreso anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica, recientemente celebrado en Chicago.

De todas formas, por prometedora que parezca la inmuno-oncología, que es como ha dado en llamarse este reciente manejo de los tumores, Umaña, que ha dedicado toda su vida profesional a la investigación, considera que por sí sola no será la respuesta definitiva al cáncer.

A su modo de ver, los tratamientos del futuro son inmunoterapias combinadas entre sí y cada vez más dirigidas a pacientes concretos. «Estos fármacos han suscitado mucho entusiasmo por sus excelentes resultados, y porque generan respuestas duraderas en el organismo, pero en principio sólo serían útiles para una cuarta parte de los pacientes, quizá para un tercio de éstos. Va a ser necesario combinar terapias», explicaba.

La primera inmunoterapia de Glycart empezó llamándose GA101, ahora Gazyvaro. Recibió el visto bueno de la agencia estadounidense del medicamento (Food and Drug Administration, FDA) en 2013, bajo la fórmula de procedimiento acelerado de aprobación, que está reservado por la agencia para «tratamientos relevantes». En Europa la luz verde llegó el año pasado, y se espera que en España esté disponible en poco tiempo.

Gazyvaro hace dos cosas: activa células inmunitarias para que destruyan las cancerosas e induce, directamente, la muerte de estas últimas.

La aprobación en la Unión Europea se basó en un estudio en el que han participado 39 hospitales españoles. Comparada con el tratamiento estándar, que en este estudio proporcionaba una supervivencia libre de enfermedad (SLP) de 15,2 meses, la terapia con el fármaco logró una SLP de 26,7 meses. Uno de los autores del estudio, que dio a conocer la revista científica «The New England Journal of Medicine», es Javier de la Serna, del Hospital 12 de Octubre de Madrid.

Los datos sobre la eficacia del medicamento en linfoma no-Hodgkin se presentaron en el congreso de Chicago. En este caso se intentó determinar su utilidad en pacientes que han recaído o que no responden a la terapia estándar.

En principio, consiguió reducir el riesgo de progresión o muerte en un 45 por ciento, pero los datos no pudieron completarse porque al ver los beneficios clínicos se tomó la decisión de interrumpir el estudio antes de lo previsto. Es algo que se hace por motivos éticos, para administrar a todos los pacientes incluidos en un ensayo clínico el fármaco que se está estudiando, de tal manera que ya no hay un grupo de pacientes sin esta terapia para realizar comparaciones.

En el trabajo sobre linfoma no-Hodgking, conocido como «estudio Gadolin», participaron seis centros españoles de Madrid, Zaragoza, Navarra, Bilbao y Sevilla.