La apnea del sueño está detrás de patologías cardio y cerebrovasculares

Existe evidencia científica de que esta patología si no se trata y, sobre todo, en casos graves puede causar un deterioro en la calidad de vida y accidentes de tráfico

El síndrome de apneas e hipopneas del sueño «constituye un problema de salud pública de primera magnitud», explica Milagros Hijosa, doctora de la Unidad del Sueño del Hospital La Milagrosa de Madrid. Existe probada evidencia científica de que esta enfermedad no tratada y, sobre todo, en los casos graves puede causar deterioro en la calidad de vida, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares –como el infarto de miocardio y arritmias–, enfermedades cerebrovasculares (ictus) y accidentes de tráfico. Es fundamental «realizar un diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad» para evitar esas graves consecuencias para la salud, señala Hijosa.

Para realizar el diagnóstico adecuadamente, la prueba de referencia es la polisomnografía nocturna. Un tipo de estudio del sueño nocturno en el que, mediante la colocación de una serie de sensores en diversas zonas del cuerpo, se registra la actividad del corazón, del cerebro, los patrones respiratorios, los movimientos de los brazos y las piernas, y las concentraciones de oxígeno en la sangre. De esta manera, comenta Hijosa, «es posible cuantificar los ceses de la respiración (apneas e hipopneas) y sus repercusiones, como la interrupción del sueño, el bajo nivel de oxigenación en sangre, alteraciones del ritmo cardiaco...». El registro obtenido a lo largo de toda la noche proporciona detallada información sobre el número de las apneas e hipopneas que existen, criterio que se utiliza para determinar la severidad de la enfermedad, aspecto que será fundamental para decidir el tratamiento en cada caso.

Cualquier paciente con un SAHS (estimado en un número igual o superior a 5 de apneas o hipopneas sufridas por hora) que tenga somnolencia diurna y sueño no reparador o que asocie alguna otra enfermedad de riesgo vascular: obesidad, hipertensión arterial, diabetes mellitus, hipercolesterolemia, ictus... deben ser tratados de forma específica. En los casos graves, cuando el número de apneas sufridas en una hora es igual o superior a 30, es imprescindible que el paciente «inicie un tratamiento personalizado, incluso a pesar de que no presenten síntomas o aunque no asocien trastornos cardiovasculares», explica Hijosa.

Tratamientos

Uno de los tratamientos existentes es el método de ventilación no invasiva durante el sueño (CPAP nasal) que consiste en aplicar aire a presión positiva a la vía aérea mediante una mascarilla nasal, para mantenerla abierta y evitar el colapso de la vía aérea superior por la fuerza de dicha presión sobre sus paredes. Aplicando la presión idónea se corrige por completo la enfermedad, logrando la desaparición de los síntomas. Puesto que no es un tratamiento curativo, debe usarse de forma continuada. En caso de no mejoría clara o reaparición de la sintomatología, «se debe reevaluar cada caso de forma individual», explica la responsable de la Unidad del Sueño del Hospital La Milagrosa. Pueden existir algunos problemas de adaptación iniciales; los más frecuentes son congestión nasal, irritación cutánea, sequedad laríngea, ruido, conjuntivitis, insomnio y aerofagia, aunque en general son transitorios.

Otro tratamiento que se aplica es el dispositivo de avance mandibular (DAM), el cual mantiene la mandíbula en una posición suavemente hacia delante para que se abra la vía aérea superior. Esta posición permite que pase el aire sin que los tejidos de la garganta vibren, evitando así el ronquido. Según indica Rodrigo Martínez Orcajo, responsable de la Unidad de Odontología del Hospital la Milagrosa, es «un método de tratamiento muy efectivo para el ronquido simple, sin los riesgos que implica un tratamiento quirúrgico». Estos dispositivos también están indicados como tratamiento alternativo para el SAHS ya que pueden reducir el número de apneas e hipopneas al disminuir la obstrucción de la vía aérea superior, pero solo en los casos leves, moderados que no precisen CPAP o bien en pacientes que no han tolerado la ventilación durante el sueño con CPAP. Los últimos estudios indican que el 30 por ciento de los pacientes con roncopatía sufren de SAHS.

En estos casos es imprescindible comprobar la eficacia de este dispositivo en la desaparición o reducción suficiente de las apneas e hipopneas mediante estudio polisomnográfico a lo largo de los 6 meses siguientes.

En los casos de SAHS infantil, la cirugía de amígdalas y adenoides suele ser el tratamiento de elección. Y en adultos, las indicaciones son mas estrictas y deben ser evaluadas por el profesional para cada paciente en función de sus circunstancias particulares.