«Todo el mundo se aparta de quien tiene hepatitis C como si fuera un apestado»

Entrevista a Carmelo Gómez

  • Carmelo Gómez, gran actor del cine español con varios Goya que adornan su palmarés.
    Carmelo Gómez, gran actor del cine español con varios Goya que adornan su palmarés. /

    David Jar

Tiempo de lectura 4 min.

22 de julio de 2019. 11:17h

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Eva S. Corada Madrid. 22/7/2019

Es uno de los grandes nombres del cine español y varios Goya (y muchos otros premios) adornan su palmarés. Sin embargo, ha querido bajarse del escenario para contar al mundo que sí, que tuvo hepatitis C y que está curado, poniéndole cara a una enfermedad que arrastra un gran estigma social para promover su diagnóstico y así acabar con ella de una vez por todas. Porque como él dice, «ya se puede».

Ha querido hacer público que padeció hepatitis C y que, además, se ha curado. ¿Por qué?

-Es importante sensibilizar a la gente de que hay tomar cartas en el asunto con una enfermedad que se cura, que ya no tiene efectos secundarios el tratamiento, que es inmediato, y lo único importante para erradicarla ahora, como se ha hecho con otras enfermedades, es saber que se tiene. Entonces, la sensibilidad de esta campaña es saber si tienes o no hepatitis C y curarla para no seguir propagándola. Y esa parecía una causa que era lo suficientemente importante para poner mi nombre, mi cara y decir, sí, yo la tuve y no es un problema o un estigma. Y, sobre todo, que tiene cura.

-Habla del estigma hacia esta enfermedad. ¿Lo ha percibido usted?

-, hacia todas la enfermedades venéreas. Yo creo que hay mucho mito urbano sobre todo este tipo de enfermedades, incluso he oído decir que se propaga con la saliva, lo cual es falso. Sin embargo, es verdad que alrededor de quien tiene esta enfermedad o cualquier otra que sea vírica todo el mundo se aparta como si fueras un apestado y la cosa cambia a tu alrededor. Te hablo de relaciones sexuales que se pueden ir al traste simplemente porque lo dices, y con preservativo no pasa nada, pero ya no hay manera. Entonces ¿qué ocurre? Que para luchar contra el estigma la gente se calla. Pero ya se cura, no hay por qué callarlo y hay que decirlo claramente, igual que yo tengo el valor de hacerlo, dedicándome a lo que me dedico, estaría bien que todos tuviéramos el valor de darle cara para que acabemos ya con la enfermedad.

-¿Cómo se enteró de que se había infectado, cómo se lo diagnosticaron?

-Fue intentando donar, en 1996 o 97 sería, y me dijeron que no podía. Ahí todavía no sabían qué era hasta que, pocos meses después, me dijeron que era hepatitis C y yo no le di mucha importancia porque me encontraba muy bien, sano y pensaba que estaba ahí y ya está. Hasta que alguien me contó que lo tenía y que estaba preocupado. Entonces me acordé de que yo lo tenía, porque se me había olvidado. Es que es así. Cuando estás muy bien, a gusto, crees que tienes toda la fuerza del mundo y no le haces caso a tu cuerpo.

-¿Presentaba algún síntoma?

-Nada, o si lo tenía no lo achacaba a eso porque la hepatitis C da cansancio y decaimiento y a todos nos pasa que tenemos picos... y, de repente, es que tienes un virus que te está comiendo el hígado. Entonces hice lo que tenía que hacer y me puse en manos de nuestra maravillosa, extraordinaria y fascinante Seguridad Social, envidiada por todo el mundo, que fue la que realmente tomó cartas en el asunto y empezaron a ayudarme.

-¿Le resultó duro el tratamiento?

-Si, mucho. Mucho. Fueron diez años con tratamientos: interferón, luego ribavirina, luego pegilado, luego no se qué.... Me adormecían el virus pero volvía a rebotar a sus anchas y estaba ahí siempre. Algunas veces me sentía conejillo de indias, pero alguien tiene que hacer eso e ir por delante. Estabas en un proceso de ensayo permanente porque el índice de solución que tenía era mínimo, de un 2%, estaban jugando a las estadísticas... pero bueno, se estaba intentando porque era necesario hacerlo. Y yo creía que había que hacerlo.

-¿Ha limitado su vida de alguna forma?

-Para mí pertenece al pasado y tengo una vida absolutamente normalizada a todos los niveles: en el sexual, en la mesa con los cuchillos, la comida en la casa, con los cepillos de dientes, que antes lo tenía supermarcado, pero ya no, ya es todo muy normal.

-¿Y en su profesión, le afectó?

-Nunca lo dicho a los cuatro vientos pero sí ahí donde era imprescindible decirlo para que se supiese y nunca ha habido el más mínimo problema, ni nadie me ha vuelto a preguntar, y nunca ha pasado nada, porque nunca hay un contacto de sangre en los rodajes ¡y si lo hay no hago la película...!

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