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La confianza en la moda

Creo que la moda y los negocios, como la vida, se fundamentan en la confianza. Confiar en una colección o en un proveedor significa apostar por una manera de ver la tendencia de una temporada. Significa haber comprendido la innovación de unas prendas, la idea de un creador. Pero la idea hay que transmitirla a unos clientes y a un mercado que vive en estado de riesgo e incertidumbre. Acertar en la forma de presentar una colección es mucho más que vender ropa. Consiste en generar confianza en el producto, en los vendedores y en el comprador.

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La moda es incertidumbre y la intermediación y la venta es la manera de generar seguridad frente a esa incertidumbre y confianza en todos y cada uno de los agentes implicados en su comercialización. Vender no es solo generar ilusión. Vender, mediar, es provocar confianza en la gente, en los clientes, en el sector.

La cadena de la confianza no puede romperse. El diseñador genera esperanza. El proveedor genera implicación. El distribuidor inspira dinamismo. El comerciante, provoca ilusión. El cliente final, transmite valor. Si uno de los eslabones de esta cadena de producción se rompe, la ilusión, el dinamismo y el movimiento final en la sociedad, se estanca, se paraliza y se pierde.

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Atender al cliente, responder a los compromisos adquiridos y reducir los riesgos es una exigencia a la que el sector de la moda no puede renunciar. Para que la cadena no se rompa, los actores implicados en este complejo proceso no pueden fallar. Si falla uno, el armazón de la estructura se tambalea, se desploma y finalmente se cae.

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El negocio de la moda no consiste en desfilar ante una pasarela de luces y glamour. Consiste en intentar que el eslabón que te antecede y el que te sigue no se desarme. Consiste en apostar por la seriedad. Por el compromiso con tus colaboradores y con tu profesión.