Buster Keaton, el niño al que lanzaban al suelo para hacer reír

Aparecen los guiones inéditos de dos viejos sketchs del genial cómico que nunca pudo representar

Buster Keaton convirtió el acto de caerse en una obra maestra del séptimo arte.
Buster Keaton convirtió el acto de caerse en una obra maestra del séptimo arte.

“El escenario sugiere una barbería”. Así comienza “La manicura”, uno de los dos sketches de Buster Keaton que se han descubierto recientemente y que ahora se han hecho públicos. “En la pared, un cartel informa del precio de un afeitado, de un corte de pelo, etc...”, continúa, dejando claro que el gran “cara de palo” quería organizar bien el mundo antes de volverlo en un caos absoluto. “Entra Buster. Está vestido de invierno con... manoplas... unidas por un elástico a las mangas de su abrigo... Con dificultad mira su reloj que está en el bolsilllo de su chaleco, así que se quita una de las manoplas para hacerlo y después saca una carta del bolsillo de su abrigo”.

La escena necesita un segundo para describir al personaje y hacerlo cómico y entrañable a la vez. El año pasado la Sociedad Internacional Buster Keaton los adquiría en una subasta y ahora los ha hecho público para su gran presentación el próximo 3 y 4 de octubre, cuando se celebre por todo lo alto el 125 aniversario de este gran cómico que, a los tres años, ya formaba con sus padres el grupo de vodevil “Los tres Keatons” y cuyo número estrella era cuando sus padres lo arrojaban al público como un cañón humano, para que lo cogieran o no. Y era más divertido que nadie lo cogiera. “Nunca se habían visto antes. Keaton se tomó la molestia de poner un papel en la máquina de escribir y crear estos sketches. ¿Alguna vez has tocado un manuscrito de uno de los más grandes directores de la historia del cine? Estos papeles tienen un aura de reliquia sagrada. Es maravilloso ver cómo planeaba sus gags hasta el detalle segundo a segundo”, comenta Alek Lev, vicepresidente de la sociedad encargada de velar por el legado del maestro.

Los dos sketches se limitan a dos hojas mecanografiadas, pero contienen la esencia Keaton. Fueron escritos en los años 50, cuando el cómico preparaba un especial de televisión que acabaría por no realizarse. En esos momento, como se puede ver en el “Crepúsculo de los dioses”; de Billy Wilder, donde se interpreta a sí mismo, es una figura en decadencia, que ha dejado atrás las glorias de los años mágicos del cine mudo, pero cuya reputación como uno de los mejores actores y directores cómicos de todos los tiempos se está asentando. Orson Wells no duda en llamarlo el más grande, al igual que Charles Chaplin.

En “La manicura” un billete de tren y las manoplas elásticas serán los únicos elementos para convertir la barbería en una auténtica bacanal de desastres y en una viñetas cómica de primera categoría, con un Keaton que, con su clásico rostro impasible, verá como pone la mano que sostiene el billete en una palangana de agua hirviendo mientras su manopla ha quedado enganchada en un cajón y el elástico empieza a tirar de él, con la señora que le está haciendo la manicura sin percatarse que en pocos segundos el mundo puede dar un vuelco y quedarse del revés.

El segundo sketch se llama “De acampada” y nos lleva de inicio a la ”habitación de un apartamento que contiene una cama que se recoge en la pared, una palangana y un jarro de agua sobre una comoda". En este escenario que ya hace prever el desastre entrará Buster, secándose la frente y desplegando delante suyo toda una serie de papeletas con anuncios vacacionales. En un segundo tirará uno de estos papeles al suelo, que se quedará escondido debajo de la cama. El cómico encenderá una cerilla para ver si lo ve, pero se quemará sin querer la nariz y la dejará caer debajo de la cama, quemando precisamente la publicidad. Buster verá cómo se inicia el humo e intentará levantar la cama sin éxito, utilizando la palangana con agua para apagar el fuego sin éxito. Y aquí entrará la dueña, una demostración más de que este pobre hombre necesita unas vacaciones.

Buster Keaton era un gran improvisador, pero estas páginas demuestran que siempre lo hacía a partir de un plan muy bien estructurado. “Como regla, necesito saber por lo menos el 50 por ciento de lo que voy a hacer antes de rodar. El resto siempre se desarrolla mientras lo estás haciendo”, aseguraba el director de “El maquinista de la general” o “Un moderno Sherlock Holmes”.

El cómico nació en 1895 como Joseph Frank Keaton, pero fue el mismísimo Houdini quien le bautizó como Buster, por su capacidad de caer y destrozarlo todo. Su mismo nombre, por tanto, determinó quién era. El éxito del número con sus padres fue tal que a los doce años ya conducía su propio coche. En 1917 debutaría en el cine en un corto protagonizado por su amigo Fatty Arbuckle, gran estrella de la época que luego caería en desgracia por un escándalo sexual y una acusación de homicidio involuntario. “Ese fue el día que acabó la risa”, dijo Keaton, que llegó a rodar 15 películas con su amigo

Quien no haya visto películas como “Las tres edades”; “Pasión y bodas de pamplinas”, “El héroe del río” o “El cameraman”, ahora es una buena oportunidad, la mayoría de ellas totalmente accesibles, algunas hasta colgadas en youtube. "Lo que me entusiasma de él es que dio la vuelta al personaje del cómico como el sujeto débil. Keaton, a su pesar y a pesar del sentido común, es el héroe, el fuerte», comentaba Quentin Tarantino en el documental “El gran Buster”, de Peter Bogdanovich, presentado el año pasado.

Se dice que la única persona que le hizo reír fue una periodista española, Irene Polo, quien acompañó a Keaton y su mujer en una excursión a Sitges, pero esa es otra historia.