El peligro de los adolescentes en los rebrotes: “Son asintomáticos o pasan el coronavirus como un resfriado”

El aumento de casos en Lisboa o Corea del Sur ha tenido su origen en zonas de ocio con mucha presencia de jóvenes

Con el inicio de la desescalada, las imágenes de reuniones de decenas de jóvenes sin mascarilla y sin respetar la distancia de seguridad, en actitudes imprudentes y poco responsables, han hecho poner el foco en este colectivo, al que se le señala por considerar que su falta de respeto hacia las medidas de prevención en lo referente a un posible contagio por coronavirus podría desembocar en un aumento de la circulación del virus y, en última instancia, en un rebrote.

Sin embargo, desde el ámbito sanitario, se rechaza esta sobrecarga de responsabilidad sobre los jóvenes y, sin embargo, se apela a su solidaridad de cara a prevenir posibles contagios, que sería del todo evitables. Al respecto, la doctora María Espiau, pediatra de la Unidad de Enfermedades Infecciosas e Inmunología Pediátrica de Vall d’Hebron, recuerda que “la adolescencia de por sí se caracteriza por una baja percepción del riesgo, son un colectivo con mucha vida social y muchos contactos y contacto físico y además los adolescentes no han sufrido la pandemia porque se han infectado poco y en su mayoría son asintomáticos o han tenido síntomas leves, lo que hace que se relajen en lo que se refiere a las medidas de prevención”.

En este sentido, el doctor Benito Almirante, jefe del servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, señala que “la gente joven no tiene carga de enfermedad, es decir que puede infectarse pero pasa la enfermedad de forma leve”. De hecho, “la mayoría son asintomáticos, pero los que no lo son la pasan como si fuera un simple resfriado, de manera que en muchos casos les puede pasar desapercibida”. De cualquier forma, ellos, como el resto de la población, pueden contagiar. En definitiva, el virus actúa en ellos como en los niños, pero, a diferencia de la población infantil, los jóvenes y adolescentes son difícilmente controlables. Por ello, que éstos mantengan una actitud responsable en lo que se refiere a la prevención depende única y exclusivamente de su solidaridad hacia el resto de la población, especialmente hacia las personas mayores y los colectivos más vulnerables.

En este contexto, el doctor alude a lo sucedido en los últimos días en Lisboa. Allí un importante porcentaje de la población ha tenido que confinarse de nuevo ante el aumento de contagios, debido, principalmente, a concentraciones incontroladas y desmedidas de jóvenes. Para Almirante la actitud irresponsable de este colectivo no ha de ser a priori causa de un posible rebrote de la epidemia en España, ya que al contrario de la que sucede en la capital portuguesa, “ahora estamos excepcionalmente bien y se están diagnosticando a personas asintomáticas y haciendo seguimiento de sus contactos, de manera que la situación está muy controlada”.

Sin embargo, no hay que perder la realidad de vista y, aunque presumiblemente a día de hoy no exista ese riesgo de una posible segunda oleada de contagios provocada por la conducta de algunos jóvenes, es necesario ser prudentes y responsables para evitar poner en riesgo a nuestros mayores y a la población vulnerable. Para Espiau, “no existe evidencia o conocimiento científico acerca de si se va a producir un rebrote o no, ni tampoco sobre su posible origen, por lo que, ante el desconocimiento, hay que ser precavidos porque no hemos vuelto a la normalidad”. En la misma línea, Almirante apela a la prudencia al señalar que “siempre que esas concentraciones descontroladas de jóvenes sean puntales, hay que apelar a que éstos tengan una actitud responsable centrada en su entorno, más que pensar en un posible rebrote”.

Un mensaje para los adolescentes

En definitiva, por todos esos rasgos y características propias de los adolescentes que les singularizan respecto al resto de la población, el mensaje universal que se difunde de forma generalizada para implicar a la sociedad en la lucha contra el virus, el cual se centra en lo referente a la protección de la salud y la vida, no cala entre este colectivo. Por ello, la doctora Espiau lamenta que “se ha contado poco con los adolescentes y no se les ha hecho llegar mensajes más dirigidos a ellos, los cuales deberían centrarse en destacar lo importantes que son en lo que se refiere a la protección de sus padres, abuelos... y en la responsabilidad que tienen en la circulación del virus”. “No hay que culpabilizarles, sino que hay que reforzar el mensaje dirigido a ellos”, añade.

En esta misma línea, Almirante insiste en que “si bien los jóvenes, ante un posible contagio, no lo pasarán mal por la enfermedad, pueden poner en riesgo la salud del resto de la población, entre ellos sus propios abuelos”. Así pues, entre este colectivo no funciona el mensaje genérico que nos anima a ser prudentes para evitar enfermar, sino que hay que crear un mensaje diferente y específico que apele a su solidaridad hacia el resto de la población. “El mensaje, en este caso, no ha de ser el de la autoprotección, como el de la mayoría de la población, sino el de la solidaridad”, advierte Almirante, quien además señala que “éste no se ha de difundir solo por la radio o la televisión, sino que se ha de recurrir a los medios y canales que usa la población de entre 15 y 20 años y conviene además usar a jóvenes para hacerles llegar ese mensaje”