La soledad no deseada: “Muchas personas mayores se sienten solas pese a tener familia”

La Taula del Tercer Sector Social urge a emprender medidas para dar respuesta a esta situación con motivo del Día Internacional de las Personas Mayores

En Cataluña, el 19% de la población tiene más de 65 años, mientras que la población octogenaria representa ya casi el 6%, y es este colectivo el que sufre especialmente la soledad y, concretamente la soledad no deseada, que es aquella experiencia de carácter subjetivo y sentimiento negativo que se genera a partir de la discrepancia que tiene la persona entre sus relaciones sociales y las que querría tener, tanto en cantidad como en calidad.

Son diversos los factores que pueden favorecer esta soledad no deseada, que frecuentemente tienen un impacto en la salud física, emocional y psicológica de las personas y en su bienestar, y entre ellos se encuentra el vivir solo. En este sentido, cabe recordar que, según la encuesta continua de hogares del Instituto Nacional de Estadística de 2019, en Cataluña hay 786.000 personas que viven solas, de las cuales más del 40% tiene 65 años o más. Además, tal y como indician los expertos, todo hace prever que la vida en solitario de la población mayor de 65 años va a ir en aumento, ya que se ha incrementado la esperanza de vida, se producen más rupturas de pareja antes de la jubilación y cada vez hay más personas que llegan a la última etapa de la vida en soltería.

Y si bien el vivir solo no es de por sí un desencadenante de soledad no deseada, ya que es solo un dato relativo al ámbito residencial, lo cierto es que en el contexto de las personas mayores puede ser una situación sobrevenida, no deseada y, por lo tanto, puede suponer un incremento del riesgo de desarrollar esta experiencia o sentimiento negativo. Otros factores como los sociodemográficos, los relacionados con la salud y autonomía personal, los relativos a la personalidad y estado psicológico de la persona o los vinculados a la interacción y participación social pueden considerarse también factores de riesgo de la soledad no deseada, los cuales en su mayoría van muy asociados a la tercera edad.

En este contexto, la Taula el Tercer Sector ha presentado el último dossier del ciclo ‘Cataluña Social’ que, bajo el título ‘La soledad no deseada durante la vejez, un fenómeno social’, pone de relieve la magnitud de este fenómeno y advierte sobre la necesidad de llevar a cabo un replanteamiento de las políticas públicas para gestionar la soledad no deseada y conseguir una sociedad más preparada para dar respuesta al envejecimiento.

El informe, elaborado por Elisa Sala del Observatorio de la Soledad de Amigos de la Gente Mayor, pone de manifiesto que «la soledad no deseada ya no es una cuestión que afecta a una persona con pocas habilidades sociales, con problemas de comunicación, sin familia ni entorno...sino que se ha convertido en un fenómeno social», comenta la autora del dossier, mientras que Francina Alsina, presidenta de la Taula del Tercer Sector, destaca que «no hay dos soledades no deseadas iguales, sino que hay tantas como personas que la sienten», puesto que en este fenómeno intervienen muchos factores.

La experiencia de Anastasia Zurita como voluntaria de la Fundación ‘la Caixa’ así lo confirma. «Muchas de las personas mayores con las que he interactuado tienen familia, pero se sienten solas. Cuando les visitamos o nos ponemos en contacto con ellas así lo reconocen y quieren hablar mucho contigo, como si te conocieran de toda la vida», recuerda para a continuación hacer referencia al caso concreto de una mujer mayor con la que se estuvo intercambiando cartas en el marco del programa ‘Cartas contra la soledad’. «Ella me contaba que había sido muy feliz con su marido y con su familia, pero que ahora estaba viuda y vivía en una residencia para no molestar a sus hijos", cuenta Anastasia, quien dice haber reconocido el sentimiento de soledad no deseada en esta mujer.

En cualquier caso, lo que está claro es que es necesario que nuestra sociedad asuma el reto de hacer frente a esta soledad no deseada con un replanteamiento de las medidas destinadas a afrontar el envejecimiento, puesto que es un fenómeno que está creciendo entre la población mayor, especialmente en las sociedades mediterráneas, que por sus valores dan gran importancia al sentimiento comunitario. Y la crisis del coronavirus ha contribuido a poner de evidencia esta necesidad, puesto que el aislamiento forzado de las personas mayores ha agravado el sentimiento de soledad entre esta población e incluso ha hecho que personas mayores autónomas, con una vida activa y participativa, lo hayan experimentado por primera vez.

Tal y como indica el dossier, todas esas políticas destinadas a hacer frente a la soledad no deseada deben plantearse desde el convencimiento que es un fenómeno diverso, de manera que deben ser capaces de contemplar todas la casuísticas, y además, deben construirse a partir de la realización de encuestas e investigaciones destinadas a cuantificar y medir esta soledad, ya que al tratarse de una percepción subjetiva es de por sí muy difícil de detectar y apenas existen datos actualizados sobre su prevalencia.

Asimismo, el informe señala también la importancia de tener en cuenta la feminización de la vejez a la hora de diseñar las medidas a emprender, puesto que, no solo ésta es diferente entre hombre y mujeres, sino que además el ser mujer es un factor de riesgo en lo que se refiere a la soledad. Solo hay que comparar los datos relativos a la esperanza de vida, que en el caso de las mujeres es de 86 años y en el de los hombres, de 81. De hecho, el 57% de las personas mayores de 65 años son mujeres y en el caso de la población de más de 85 años, ellas representan el 66%.

Por último, el informe apunta la necesidad de dar un paso más para dar respuesta a este fenómeno y, más allá de las medidas paliativas que ya se implementan en la actualidad, es necesario articular medidas preventivas orientadas, principalmente, a empoderar a las personas para que desarrollen herramientas para para hacer frente al sentimiento de soledad y a crear capital social y relacional en las comunidades y los barrios, haciendo especial hincapié en el refuerzo de las redes de ayuda mutua y la colaboración de proximidad.