"En las pistas de esquí de la Cerdaña, todo son cancelaciones", lamenta Gerard, de la escuela de esquí Edelweiss, las pistas de La Masella habían abierto tras el puente de diciembre y confiaban en hacer algo de temporada en Navidad. EFE/ David Borrat
"En las pistas de esquí de la Cerdaña, todo son cancelaciones", lamenta Gerard, de la escuela de esquí Edelweiss, las pistas de La Masella habían abierto tras el puente de diciembre y confiaban en hacer algo de temporada en Navidad. EFE/ David BorratDavid BorratEFE

Indignación en la Cerdaña y el Ripollès: “Nos han matado. Estas fiestas eran nuestro pulmón”

Las comarcas facturan el 30% de los ingresos del año en Navidad. Los restauradores lloran con las neveras llenas de productos y hoteles y escuelas de esquí cancelan reservas

Restaurantes, comercios, empresas de ocio y en general todos los pequeños empresarios de la Cerdaña estaban haciendo estos últimos días acopio de provisiones y recuperando a empleados de los ERTO para hacer frente a la ola de turistas que estaba previsto que acudieran a la zona para pasar las fiestas navideñas cuando el martes, a las 21.00 horas se enteraban por las noticias que el gobierno de la Generalitat decretaba el cierre perimetral de la comarca y de su restauración.

“Aparte de una gran impotencia, siento una tristeza enorme”, confiesa Amida, propietaria del restaurante Das1219, quien asegura que “cada día que pasa es peor para el negocio”. “Nos estamos planteando incluso cerrar definitivamente”, se lamenta. Y es que como esta restauradora pone de relieve, “este nuevo cierre ha sido muy inesperado y para nosotros va a suponer importantes pérdidas porque, a pesar de que ya habíamos decidido no volver a abrir para dar servicio presencial porque con la restricción horaria no nos salía a cuenta, habíamos vuelto a comprar comida para atender la demanda de pedidos para llevar y ahora nos los están anulando todos porque la gente ya no va a poder venir a pasar las fiestas”, comenta Amida, para a continuación recordar que este nuevo contratiempo se suma a un año que ha sido muy malo para el negocio por las continuas restricciones impuestas al sector. “En verano pudimos hacer caja para aguantar hasta Navidad, pero estas fiestas son nuestro pulmón y ahora nos quedamos sin él, cuando además las previsiones de cara a enero son también muy malas”, indica la restauradora, quien además reconoce que “la empresa ha gastado todos sus ahorros para poder ir aguantando”.

“El restaurante es nuestra única fuente de ingresos, pero el cierre de la restauración y el bloqueo de la comarca no solo nos afecta a nosotros, sino que además no nos va a permitir recuperar a los trabajadores que teníamos en ERTO como teníamos previsto hacer a partir del día 25”, lamenta Amida, quien denuncia que “pese a no tener apenas ingresos y haber recibido solo una ayuda de la Generalitat de 1800 euros, que es totalmente insuficiente, hemos de seguir pagando los impuestos”.

Sin restauración no hay negocio

Este varapalo para la restauración afecta de rebote a otros sectores, como el de los distribuidores de alimentación. En la vinoteca Refilat, el mayor volumen de sus ingresos proviene de la restauración y con los restaurantes cerrados “la facturación estos días va a caer en torno al 90% respecto al mismo periodo del año anterior y estos son los días que más facturamos del año”, señala Josep Gastó, propietario del establecimiento. “Hemos comprado mucho producto porque estaba previsto que vendría mucha gente para las fiestas y ahora no lo podemos colocar. De hecho, hoy mismo acabo de recibir un pedido, pero el restaurante para el que estaba destinado ya me lo ha anulado”, constata Josep, quien además recuerda que “hace 15 días, cogimos a un chico, principalmente para repartir los encargos a los restaurantes, y no sé si lo vamos a poder mantener”. “Por ahora, nuestra idea es seguir abiertos para los pocos clientes que puedan venir a la tienda, pero la realidad es que aquí vivimos del turismo y sin turismo y sin ayudas de la administración, la situación no es mucho tiempo más sostenible”.

Y es que la llegada de visitantes de fuera de la comarca es el principal motor económico de muchos de los negocios de la Cerdaña, especialmente en estas fechas. En este sentido, Gerard, administrador de la escuela de esquí Edelweiss, en la Masella, recuerda que “en la comarca hay cerca de 18 mil habitantes, de los cuales el 90% ya tiene material de esquí, ninguno paga forfait en las pistas y casi no acuden a los restaurantes”, de manera que, aunque las estaciones de esquí recibieron hace apenas dos semanas la autorización de las autoridades para abrir, este nuevo cierre perimetral “es un golpe que nos hunde”. “Ya supuso un gran contratiempo que las pistas no pudieran abrir para el puente de la Purísima, pero que ahora, después de dos semanas trabajando bien y pensando que podríamos salvar la temporada con la Navidad, con un montón de reservas hechas, hayan decidido bloquear la Cerdaña nos pone en una situación crítica”.

Inversiones no recuperadas

“Todo son cancelaciones, tanto de monitores como de alquiler de material”, indica Gerard, lo cual no solo no les permite facturar, sino que entraña costes para la empresa. “Hemos invertido dinero para adaptar nuestras instalaciones y actividades a las medidas COVID y también hemos comprado material para esta temporada, que tendremos que pagar en enero, y de los 40 profesores que tenemos, ya hemos dado de alta a la mitad y teníamos previsto dar de alta al resto, ahora, para Navidad” y en este contexto, “que de un día para el otro te digan que hay bloqueo comarcal, es matarte”. “Quizá nos tengamos que plantear cerrar definitivamente, porque es que además arrastramos esta situación desde el mes de marzo, que nos hicieron cerrar un mes antes de acabar la temporada”, lamenta Gerard, para quien “esta temporada de esquí debía servirnos para sobrevivir y, sin embargo, si las cosas no cambian de cara a enero, vamos a tener unas pérdidas brutales”.

También están siendo unos días muy complicados para los hosteleros y propietarios de alojamientos en la Cerdaña, que está viendo como se anulan todas las reservas. Alba tiene su segunda residencia, una casa en la pleta de Saga, ofertada en Airbnb para alquiler vacacional y desde que la Generalitat anunciara el cierre perimetral de la comarca, ha tenido ya que gestionar la cancelación de las tres reservas que tenía cerradas para las dos semanas de Navidad. “Tenía la casa ocupada para todas las fechas y eso para nosotros suponía unos ingresos adicionales que eran una gran ayuda para nuestra economía”, admite Alba, quien sin embargo ha preferido anular las reservas sin penalización para sus huéspedes por entender que se trata de una causa de fuerza mayor.