«Nos empeñamos en perpetuar un sistema educativo que no funciona»

Charla con el maestro nominado al Global Teacher Prize en 2015 y autor del libro ‘Humanizar la educación’

César Bona, maestro nominado al Global Teacher Prize en 2015 y autor del libro  ‘Humanizar la educación’
César Bona, maestro nominado al Global Teacher Prize en 2015 y autor del libro ‘Humanizar la educación’La Razón

Un año después del inicio de la pandemia, César Bona analiza en su libro «Humanizar la educación» lo sucedido durante este tiempo en el plano educativo y plantea la necesidad de aprovechar esta situación para replantearse el tipo de educación que queremos y abordar los cambios necesarios en un sistema educativo que se ha demostrado ineficaz.

–Usted asegura que la pandemia ha puesto a prueba el sistema educativo y ha hecho aflorar sus carencias. ¿Cuáles son?

– Podríamos empezar por el adultocentrismo, porque todas las decisiones que se toman, se toman desde la adultez, pero hayque tener en cuenta que afectan a niños y adolescentes. Por otra parte, se trata de un sistema tremendamente basado en los contenidos, lo que no da tiempo a escuchar a los alumnos, a que se escuchen, a conocerlos. Hay cosas muy básicas que no encuentran cabida en la educación en las escuelas y eso es una paradoja, como por ejemplo, la salud, la nutrición... Queremos educar como fuimos educados y hemos de pensar que todo cambia.

– A su entender, el sistema ya contaba con problemas o carencias estructurales, de base, más allá de los retos que haya podido presentar la pandemia. ¿Nos hemos planteado de forma errónea el modo de educar? ¿Sobre qué pilares cree que habría que construir el nuevo sistema educativo?

–La pandemia ha hecho que todos nos paremos y se ha replanteado cómo estamos haciendo las cosas en todos los ámbitos de la vida: en el trabajo, nuestras relaciones sociales, nuestras relaciones laborales...Sorprende cómo se trató el tema de la educación en pandemia. Por una parte, cómo se trató a niños y adolescentes, que parecían seres que vivían en una burbuja como si esto no les afectara, y, por otra parte, se preguntaba a mucho expertos en diversos ámbitos sobre cómo afectaba esto y qué teníamos que cambiar. Sin embargo, en educación parece que la tendencia general ha sido decir : ‘Vamos a cerrar los ojos, apretemos los puños y que esto pase pronto para luego volver a lo que teníamos’. En realidad, si nos conformamos con que los niños aprendan a mantener la distancia de seguridad y a usar bien las mascarillas, habremos perdido esa gran oportunidad. Hay que pensar qué herramientas queremos dar a nuestros hijos y seguramente pensaríamos en gente que sepa convivir, que tenga respeto por uno mismo, por los demás, por el medio, por otras opiniones o culturas...que tuviera herramientas para relacionarse cada uno consigo mismo, con las personas que le rodean y con el mundo en el que vivimos.

–Usted se refiere a que damos excesiva importancia a las calificaciones de los alumnos. ¿Cree que calificar a los alumnos es incompatible con educarles y formarles?

–En educación hay pocas cosas incompatibles. Lo que pasa es que cuando eres niño y sales de la escuela el último día de curso, la primera pregunta que te hacen es qué tal han ido las notas y si has aprobado todo. Eso parece que es lo que importa cuando se termina un curso y estaría bien que cambiáramos la perspectiva de la sociedad de lo que significa la educación, que es dar a los niños las herramientas para que crezcan. Pero nos cuesta verlo de otra manera, porque como fuimos educados así, queremos educar así y parece que cualquier cosa que no sea notificable, que no se transforme en un número, no sirve. Sin embargo, con la pandemia, cosas como la resiliencia, a la que no se le puede poner un número, ha salvado a muchas personas, la solidaridad ha sido absolutamente esencial, pero ¿cómo pones un número a eso o a la empatía?. Si pensamos que solo es importante lo que es transformable en un número, nos vamos a dejar muchas cosas importantes fuera del sistema educativo. En estos últimos meses hemos puesto el foco en evaluar y examinar y el verbo aprender parece que ha quedado un poco en segundo plano y, sin embargo, es el más importante junto a otros como reflexionar.

–¿Eso explicaría el elevado índice de fracaso y abandono escolar?

–Ahora mismo, uno de cada cuatro alumnos no termina sus estudios. Haciendo una analogía con las empresas, cuando éstas quieren evolucionar usan el I+D+I y para ellas innovar es revisar el proceso para mejorar los resultados, pero en educación nos empeñamos en perpetuar un sistema que no funciona porque deja muchos chicos fuera.

–Para llegar al sistema educativo que usted propone, ¿qué habría que cambiar?

–Fácil no es, pero si nos mantenemos en lo fácil, que es perpetuar esto que no funciona, hay un problema y una oportunidad perdida. Yo lo resumiría en una pregunta: ¿para qué te gustaria que tus hijos fueran a la escuela? y ahí tendríamos los objetivos fundamentales por los que habría que luchar.

–Pese a todo, ¿la pandemia ha puesto de relieve algún aspecto positivo del sistema educativo?

-La unión de las familias con los docentes, que es esencial, y la disposición de los docentes.

–¿Cree que cuando regresemos a la plena normalidad la pandemia nos habrá servido de algo?

–Si no paras, reflexionas y actúas no sirve de nada y en educación eso cuesta mucho. Tenemos que plantearnos qué herramientas queremos dejar a nuestros niños.