No hay como el calor de un libro en un bar

«Allí donde nos encontramos» reúne textos de Rimbaud, Gil de Biedma, Pardo Bazán o Astrud

Gonzalo Torné, Anna Pacheco y Miqui Otero, ayer, en Barcelona
Gonzalo Torné, Anna Pacheco y Miqui Otero, ayer, en BarcelonaMiquel Gonzalez

Desde hace unas semanas volvemos a vernos, volvemos a reencontrarnos, a coincidir en aquellos lugares, en aquellos paraísos privados que nos parecían inalcanzables durante el tiempo en el que permanecimos encerrados. Ese punto con el que regresamos a cierta normalidad puede ser un bar, uno de esos tan tradicionales de barrio en el que siempre hay una mesa para nosotros. Algo de todo eso se reivindica en «Allí donde nos encontramos», un libro editado por Temas de Hoy y que reúne más de mil años de textos, desde la Antigüedad hasta la actualidad, en un camino que se inicia con Aristófanes y llega hasta nuestros días de la mano de Anna Pacheco y Miqui Otero, todo ello pasando por Cervantes, Shakespeare, Austen, Pardo Bazán, Rimbaud o Gil Biedma. Gonzalo Torné ha sido el encargado de compilar los textos de un volumen tan generoso en literatura como en los brindis.

«Allí donde nos encontramos» fue presentado ayer en Barcelona en La Bodega d’en Rafel, uno de esos locales clásicos de la ciudad, en el barrio de Sant Antoni, y donde cada día decenas de personas se reúnen para tomar algo y conversar. Torné, acompañado de Otero y Pacheco, aseguró que «este no es un libro al uso con un autor y un género porque lo que hace es recoger fragmentos, pasajes de distintas épocas, géneros y autores». El responsable de la edición de «Allí donde nos encontramos» apuntó que la idea era unir en las páginas de esta obra «esa variedad de personajes que se encuentran. Porque el denominador común del libro es el encontrarse».

Paradojas

Todo ello no deja de ser paradójico porque, como recordó Torné, «la lectura no deja de ser un acto de aislamiento, pero al mismo tiempo pocas actividades tienen tanto retorno social como la lectura». Eso es lo que hace que, por ejemplo, bibliotecas y librerías sean espacios en los que coinciden libros a la vez que numerosas actividades, desde presentaciones a clubes de lectura. «Las librerías han pasado de ser tiendas a puntos de actividades culturales. Leer requiere aislamiento y luego poder comentar lo leído», dijo Torné.

«Allí donde nos encontramos» es, como expuso su responsable, una obra que invita «al picoteo» por la gran variedad de nombres, estilos y reuniones que se dan cita, ya sea la taberna en la que se pierden Max Estrella y don Latino de Hispalis en su deambular por Madrid en «Luces de Bohemia» pasando por «una sala grande completamente vacía en su centro» por donde se pierde el K. de El castillo» de Franz Kafka. Todo ello sin dejarse una de aquellas ventas manchegas por donde pasea su sensata locura del Quijote cervantino o los cafés a los que era tan asiduo Mariano José de Larra.

Pero no todo son autores ya fallecidos. El libro también cuenta con textos escritos para la ocasión por Miqui Otero y Anna Pacheco que acompañaron ayer a Torné. En este sentido, Otero explicó «siempre he tenido una relación fecunda con los bares. He hecho mucho trabajo de campo, sobre en este bar», apuntó en referencia a La Bodega d’En Rafel. Para el escritor los bares «tienen una función en nuestras vidas que te hace no tener esa retórica ayusística de decir “¡vivan las cañas!”. Todos estamos de acuerdo que los bares son importantes, que son como parlamentos alternativos en los que se discute todo. Son también como confesionarios donde puedes explicar sueños sin que te detengan».

Anna Pacheco resaltó el hecho de poder participar en un libro que está «estrechamente vinculado con las interacciones sociales». Los que se dedican al oficio de las letras, a escribir «vivimos este trabajo de una manera íntima, pero luego salimos y nos perdemos por tener interacciones sociales». Pacheco reconoció que nunca ha querido escribir su obra en la mesa de un bar porque «me desconcentro mirando las personas que hay en un bar». A este respecto, Miqui Otero reconoció que «he intentado escribir en un bar sobre todo cuando me han dicho que una novela se escribe sola. Pero no me ha pasado. Aquí, en el bar, me despisto con facilidad, con la conversación de unos y otros e, incluso, con la música. Sin embargo, aquí lo que sí he hecho es pensar porque al bar vas a perder el tiempo, a aburrirte. Es ahí donde he pensado mucho, algo que no deja de ser una forma de escribir».