Opinión

Las cosas del nombrar

Perreo, chundachunda y machirulo son algunas de las palabras recién incorporadas al diccionario de la RAE

El diccionario de la Real Academia de la Lengua o RAE contiene más de 93.000 palabras | Fuente: Fotografía de archivo
El diccionario de la Real Academia de la Lengua o RAE contiene más de 93.000 palabras | Fuente: Fotografía de archivoLA RAZÓNfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@5b2ae4a8

"Si ignoras los nombres, perece también tu conocimiento de las cosas", dijo Linneo, el famoso naturalista sueco del siglo XVIII considerado como el artífice de la nomenclatura y clasificación de los tres reinos de la naturaleza (animal, vegetal y mineral) que todavía hoy utilizan los científicos.

Un siglo después, Redburn, el protagonista de la novela del mismo nombre de Herman Melville, publicada en 1849, se maravillaba de la inmensa cantidad de nombres que hay en el mundo: nombres de plantas, de animales, de minerales, los infinitos nombres que los entendidos dan a las distintas partes del cuerpo humano, los de la marinería… Lo cual le llevaba a preguntarse: «¿Hay más nombres que cosas en el mundo, o al revés, aún hay más cosas que nombres?»

Desde entonces, los nombres han seguido aumentando continuamente, porque cada día y cada momento aparecen o se descubren cosas nuevas, y ahí están como ejemplo las palabras recién incorporadas esta misma semana al diccionario de la RAE: perreo (baile a ritmo de reguetón), chundachunda (música fuerte y machacona), machirulo (persona, especialmente si es un hombre, que exhibe una actitud machista), crack (persona que destaca especialmente en algo), cookie (pequeño archivo de texto enviado por un sitio web y almacenado en el navegador del usuario)…

Al respecto, y como curiosidad, los esquimales disponen de un elevado número de palabras (algunos lingüistas han calculado que incluso pueden llegar a las cien) para designar la nieve, pues distinguen en esta una gran cantidad de matices y singularidades de acuerdo con la temperatura, la consistencia, el espesor, el brillo, la duración o tiempo transcurrido desde su caída, y hasta el tono del color. Otro tanto ocurre en árabe para caballo o camello, según sea la raza, el tamaño, la función a la que es destinado, etc. Y en algún sitio he leído también que en Escocia se utilizan hasta dieciocho palabras diferentes para referirse a la lluvia.

Como no parece que haya en español ningún caso digno de ser resaltado (en la versión castellana de la Enciclopedia del lenguaje de la Universidad de Cambridge se menciona, pero no tiene uno la impresión de que sea muy ilustrativo, el de las distintas porciones de un alimento cortado con un cuchillo: loncha, rodaja, rebanada, tajada, raja, filete, lonja, rueda...), me contentaré, luego de descartar, por fácil y manida, la inevitable tentación de acogerse al campo de los festejos –fiesta, juerga, jarana, jolgorio, farra, parranda, francachela, cachondeo...–, con dejar constancia de algunos datos curiosos. Por ejemplo, que la palabra más usada por los hablantes es la preposición "de", seguida de los artículos "el" y "la", que la letra predominante es la "e", por encima de la "a", y que de las aproximadamente 93.000 palabras que recoge la última edición impresa del diccionario de la RAE, la de 2014, la gran mayoría de ellas con más de una acepción, un hablante medio apenas usa, en el mejor de los casos, un millar para comunicarse.