Sociedad

La Tierra tiene una cuasi-Luna… Que es un trozo de la Luna

No todas las rocas lunares que salen despedidas al espacio tras un impacto acaban cayendo a la Tierra en forma de meteoritos.

El meteorito NWA 6950, un fragmento de la Luna que llegó a la Tierra tras ser eyectado de la superficie de nuestro satélite por un impacto.
El meteorito NWA 6950, un fragmento de la Luna que llegó a la Tierra tras ser eyectado de la superficie de nuestro satélite por un impacto. FOTO: Steve Jurvetson/Wikimedia

Los NEAs (Near Earth Asteroids) son asteroides con órbitas que los conducen incómodamente cerca de la Tierra de manera ocasional. Ahora bien, entre los 27 000 NEAs conocidos, se han cinco objetos que son cuasi-satélites de la Tierra. Y un nuevo estudio ha sugerido que uno de ellos podría ser un pedazo de nuestra Luna.

Los «cuasi-satélites»

Aunque no todo el mundo conoce la definición técnica de «satélite», todos tenemos una idea intuitiva de lo que son: cuerpos celestes que han sido capturados por el campo gravitatorio de un planeta más grande y han quedado atrapados dando vueltas a su alrededor.

Pero existe otra categoría de objetos llamados cuasi-satélites que están relacionados con los planetas de una manera más compleja porque no los orbitan directamente. En su lugar, un sistema compuesto por un planeta y su cuasi-satélite son dos cuerpos comparten la misma órbita y tardan exactamente el mismo tiempo en completar una vuelta alrededor de su estrella. Como resultado, el cuasi-satélite siempre permanece cerca del planeta, pero no porque la gravedad de éste lo haya capturado, sino porque ambos siguen casi la misma trayectoria alrededor de la misma estrella.

La Tierra tiene cinco cuasi-satélites conocidos, todos ellos con un diámetro inferior a 500 metros: 2004 GU9, 2006 FV35, 2013 LX28, 2014 OL339 y Kamo’oalewa. Este último es el más estable de todos y se estima que permanecerá en su órbita actual durante unos cientos de años. Pero su característica más sorprendente podría ser su origen.

El origen de los NEAs

La mayor parte de los NEAs provienen del cinturón de asteroides y fueron lanzados hacia el sistema solar interior por la inmensa gravedad de Júpiter. Casi todos los asteroides de esta región son material «sobrante» que no se unió a ningún otro cuerpo celeste durante la formación del sistema solar, así que no es de extrañar que la mayoría de los NEAs tengan características parecidas a ellos. Dicho de otra manera: son asteroides hechos de material condrítico, o, lo que es lo mismo, una matriz rocosa con cóndrulos e inclusiones de una mezcla de hierro y níquel.

Pues, bien, en abril de cada año, el minúsculo Kamo’oalewa se acerca lo suficiente a la Tierra durante un par de semanas como para que la poca luz solar que refleja pueda ser captada por los telescopios más grandes del mundo. Este objeto es demasiado pequeño (40 metros de diámetro) como para que sea posible distinguir ningún detalle de su superficie, pero lo que sí pueden hacer los telescopios hacer es captar la luz infrarroja que refleja su terreno y analizar qué longitudes de onda (o tonalidades) exactas absorben sus rocas. Y, como en la Tierra se ha medido qué longitudes de onda infrarroja absorben una gran cantidad de minerales, es posible deducir de qué está compuesto un asteroide a partir de la luz infrarroja que refleja.

Eyección de rocas lunares

Las longitudes de onda que absorbe la superficie de Kamo’oalewa encajan con las que absorben los silicatos, unos minerales que son comunes en los asteroides de tipo S y L del cinturón de asteroides. Sin embargo, la composición de Kamo’oalewa no acaba de encajar en ninguna de estas dos categorías de asteroides. Además, este objeto también parece presentar señales de que las rocas de su superficie poseen olivino o piroxeno.

La composición de Kamo’oalewa no basta para establecer con seguridad cuál es su origen. En este aspecto, su inusual órbita es una pista aún mejor porque un objeto capturado del cinturón de asteroides difícilmente terminaría adoptando una trayectoria alrededor del Sol tan circular y coincidente con la de la Tierra. Teniendo esto en cuenta, los autores de este estudio han llegado a la conclusión de que el escenario que mejor encaja con la formación de Kamo’oalewa es que sea un fragmento de roca proveniente de la Luna.

Aunque la idea pueda parecer descabellada a primera vista, hay que tener en cuenta que la Luna no tiene atmósfera y que su campo gravitatorio es mucho más débil que el de la Tierra. Por tanto, cuando un gran asteroide impacta con nuestro satélite, los trozos de su superficie que salen despedidos «hacia arriba» lo tienen relativamente fácil para escapar al espacio y adoptar una órbita alrededor del Sol. Una prueba de ello es que en la Tierra se han encontrado varias decenas de meteoritos lunares, fragmentos de la Luna arrancados de su superficie por algún impacto y que acabaron precipitándose hacia nuestro planeta.

Los autores del estudio aclaran que no hay datos suficientes para afirmar con total seguridad que Kamo’oalewa sea un trozo de la Luna y que podría tratarse de otro tipo de asteroide. Sin embargo, basados en los datos de los que disponemos, parece que lo más probable ahora mismo es que un trozo de la Luna seguirá casi-orbitando nuestro planeta durante varios siglos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Los meteoritos lunares son más difíciles de identificar visualmente que muchos otros tipos porque se trata de rocas ígneas con un aspecto similar a muchas rocas terrestres.

REFERENCIAS (MLA):

  • Benjamin N. L. Sharkey et al. “Lunar-like silicate material forms the Earth quasi-satellite (469219) 2016 HO3 Kamoʻoalewa”. Communications Earth & Environment, volumen 2, artículo número 231 (2021).