Cerebro

¿Por qué dormimos?

Dormimos porque tenemos sueño, pero ese no es el “por qué” que buscamos

Persona durmiendo mientras sueña con un símbolo pisciforme
Persona durmiendo mientras sueña con un símbolo pisciforme(CDD20 / Pixabay)Creative Commons

Solemos pensar que dormir es bueno para el cerebro, y es verdad, pero sus beneficios van mucho más allá. Es más, si solo fuera positivo para nuestro sistema nervioso… ¿cómo se explica que algunos organismos unicelulares también duerman? Ellos no tienen cerebro, ni siquiera un rudimentario sistema nervioso y, por algún motivo, duermen. Podríamos pensar que es un capricho de la naturaleza, y cierto es que, a veces, la evolución permite que aparezcan y se mantengan algunos rasgos que no aportan nada, pero que tampoco estorban. El problema es que, el sueño, tiene sin duda sus desventajas para la supervivencia, impidiendo que un individuo esté alerta las 24 horas del día.

Asumimos, por lo tanto, que dormir tiene que ser ventajoso, de algún modo, tengamos cerebro o no. Así que, tal vez, convendría empezar aclarando qué significa “dormir”, porque estaremos de acuerdo en que eso de que “algunos organismos unicelulares duermen” no significa que tengan dulces sueños entre las sábanas de alguna cama microscópica. Dormir, por lo tanto, debe ser algo bastante diferente en los distintos animales que podamos pensar y, por lo tanto, no será fácil encontrar una definición común con la que poder trabajar.

Vigilia o sueño

La forma más sencilla de definir algo tan amplio suele ser pensar en su contrario, aunque este sea igual de amplio. En este caso, el contrario de “dormir” es “estar despierto”, pero estamos más acostumbrados a escuchar la pareja de conceptos siguiente: “vigilia y sueño”. Es importante recordar que, en realidad, aunque soñar y dormir no son lo mismo, la palabra “sueño” suele usarse de forma bastante indistinta, tanto como sinónimo de “dormir” como para referirse a esos fenómenos oníricos que ocurren mientras dormimos. Sea como fuere, quedémonos con la primera. En este caso, podemos asumir que el estado de vigilia consiste en un estado donde la actividad física y/o intelectual es potencialmente alta, para entendernos todos. Si aceptamos esto, dormir sería lo contrario, y podríamos intuir, más o menos, a qué nos referimos cuando decimos que algunos organismos unicelulares duermen.

Solo con esto ya podemos descartar algunas de las hipótesis que han tratado de explicar el origen del sueño. Por ejemplo, sabemos que esa que sugiere que el sueño surge para estimular la plasticidad cerebral (esto es, la capacidad de adaptar su estructura, aprender, etc.). La teoría de la inactividad también tendría sus problemas, por ejemplo. En ella se plantea que, los organismos se beneficiaron de dormir porque les mantenía inmóviles y en lugares seguros durante los momentos en que eran más vulnerables, para que no se aventuraran en la noche y arriesgaran su vida. Sin embargo, si ya había algo similar al sueño en seres tan rudimentarios como puede ser una hidra… Tal vez esa disuasión no tenga mucho que ver con sus orígenes.

Tras la buena pista

Sin embargo, hay otras dos que podrían dar una buena respuesta. Por un lado, está la teoría de la conservación de energía. En ella se tiene en cuenta lo central que es para la supervivencia hacer una buena gestión de la energía, lo cual significa: no malgastarla cuando escasea y, por supuesto, tratar por todos los medios de que no llegue ese momento de escasez. Una buena manera de hacerlo es evitar que los animales se muevan cuando no es necesario. Si ya están saciados, no hay peligros y no se tienen que reproducir… tal vez sea importante evitar que el ser vivo esté inquieto, dando vueltas mientras desperdicia energía. Ese sería un posible origen para el sueño, por lo tanto, pero no el único.

Otra explicación sería que, dado que durante el sueño los organismos no están activos, sus estructuras pueden “relajarse” y dejar de estar sometidas al estrés de la vigilia. Por ejemplo, nuestras articulaciones reposas, los músculos liberan tensión, y en ese estado es más fácil que las estructuras se recuperen del uso y reparen los posibles daños acumulados. Esa es una versión de las teorías de restauración, que suelen apostar por, simplificándolo todo mucho, el mantenimiento del organismo en buen estado. De hecho, sabemos que uno de los mayores beneficios que nos aporta dormir a nosotros, como humanos modernos que somos, es precisamente esa, la de dar un descanso a nuestro cuerpo para que pueda sanar.

Así que, como con tantas otras preguntas aparentemente sencillas, esta no tiene una respuesta clara, solo una probable. Sabemos qué respuestas parecen menos plausibles y, poco a poco, vamos afinando la puntería para encontrar una hipótesis más acertada que nos hable del origen de dormir y si, tal vez, no tenga sentido hablar de cuándo empezamos a dormir, sino de cuándo empezamos a estar despiertos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Aunque muchas veces se atribuyen facultades excepcionales al cerebro, en realidad, dormir no es un bálsamo mágico donde el cerebro se relaje y empiece a reparar mágicamente el cuerpo. Ese proceso sanador se debe más al reposo de las estructuras, sin otras vueltas de hoja. Son esas las condiciones en las que pueden repararse de una manera más eficiente.

REFERENCIAS (MLA):

  • Keene, Alex C., and Erik R. Duboue. “The Origins And Evolution Of Sleep”. Journal Of Experimental Biology, vol 221, no. 11, 2018. The Company Of Biologists, https://doi.org/10.1242/jeb.159533. Accessed 4 Aug 2022.