Biomedicina

¿Podemos ser inmortales? La nueva carrera multimillonaria

La inmortalidad es una quimera que siempre hemos perseguido, pero ahora, gracias a la ciencia, podría ser una opción no tan descabellada.

Fotografía de un anciano fumando en pipa del stock de Pixabay
Fotografía de stock de PixabayThuyHaBichCreative Commons

Cuántas veces habremos repetido aquello de que el dinero no puede comprarlo todo. Y es cierto, hay cosas que jamás podrán ser compradas, pero, si somos sinceros y atendemos a la evidencia, podemos añadir que, aunque no todo está a la venta, sí lo está casi todo. Cuando Homer Simpson declama una de sus frases más famosas y asegura que “tendrá todo el dinero del mundo… pero hay algo que jamás podrá comprar…. un dinosaurio”, es posible que se equivoque, todo depende de lo rápido que queramos ese dinosaurio.

Esa gran fortuna puede ser invertida en investigación en paleogenética, ingeniería genética, etc. Con suerte, si no recuperando ADN completo y funcional de dinosaurio (que parece poco probable), tal vez podamos editar a sus descendientes, las aves, para que recuperen rasgos ancestrales, ahora silenciados en su genoma. Ese famoso “pollosaurio” es potencialmente real y el dinero podría traerlo. Ahora bien… ¿qué hay de la inmortalidad?

Sueldos de un millón de dólares

¿Es posible la inmortalidad? ¿Es una de esas cosas que podemos comprar con la suficiente cantidad de tiempo y dinero? ¿O es una entelequia propia de aquellos alquimistas obsesionados con la piedra filosofal? La respuesta no es tan sencilla, y ahondaremos en ella, pero sea la que sea, el hecho es que unas cuantas fortunas han empezado a perseguir esta meta a base de talonario. El año pasado, el caso más sonado fue el de Jeff Bezos, el fundador de Amazon. La empresa que Bezos ha creado para ello, Altos Labs, cuenta con una inversión inicial de 270 millones de dólares. Un dinero que ha permitido contratar a algunos de los mayores expertos en medicina del envejecimiento con sueldos de más de 1 millón de dólares anuales.

Salvando las distancias, otros millonarios han querido seguir sus pasos con iniciativas más modestas, donaciones para crear líneas de investigación concretas, pequeños laboratorios. Incluso el polémico YouTuber español, Dalas Review, afirmó en uno de sus últimos vídeos que invertiría la supuesta donación de 10 millones de euros en bitcoin que acababa de recibir, para fundar un laboratorio en pos de la inmortalidad. La pregunta es… ¿sueñan los millonarios con ovejas imposibles?

¿Cómo de inmortales?

Posiblemente todos hayamos interpretado con gran seguridad a qué nos estábamos refiriendo al decir “inmortalidad”, pero para entender si es posible, debemos empezar acordando una definición clara. En el género de la fantasía se suele indicar que existen varias formas de inmortalidad, no es lo mismo aquel ser inmune a cualquier daño que quienes simplemente son inmunes al envejecimiento, y alargan su vida mientras no sufran ningún contratiempo. En este caso, lo que persiguen estos millonarios es la segunda opción. Quieren detener o revertir el envejecimiento y así evitar la “muerte natural”. Y, como la respuesta a una pregunta suele traer más preguntas, ahora hemos de aclarar qué es el envejecimiento exactamente. ¿Es una enfermedad que podamos curar? Lo cierto es que, el envejecimiento, la muerte como algo inevitable que pone un temporizador sobre nuestras cabezas nada más nacer, no ha existido siempre. Hubo un momento de la vida sobre la Tierra donde no había envejecimiento ni “muerte natural”. Eso sí, hablamos de cuando los organismos eran tremendamente simples, del orden de una única célula. La complejidad necesaria para mantener organismos pluricelulares como nosotros (y sobre todo para suministrar energía a nuestras células) hace inevitables ciertos daños que, acumulados, se convierten en aquello que conocemos como envejecimiento. Eso es lo que habría que abordar desde la investigación: cómo prevenir estos daños “por el uso”, podríamos decir.

9 problemas, pocas soluciones

Por lo general se explica que el envejecimiento es el acortamiento de los telómeros. O dicho de forma sencilla, que cada vez que una célula se divide y tiene que duplicar su material genético, el extremo de sus cadenas de ADN se pierde. Por ese motivo, al principio de la vida tienen cierto margen, extremos de información redundante que no nos importa demasiado perder. Sin embargo, a partir de un cierto número de divisiones esos extremos que conocemos como “telómeros” se ven complemente consumidos y la división empieza a afectar a nuestra información genética, dañándola y provocando disfunciones en nuestros tejidos. Es una respuesta muy elegante, pero parcialmente correcta, porque si bien todo lo dicho parece ser cierto, no es la única manera en que se produce el envejecimiento.

Existen, al menos, otras tres causas primarias que son la inestabilidad genómica, las alteraciones epigenéticas y la pérdida de proteostasis. En palabras llanas, esto es respectivamente: el aumento de los errores cometidos al duplicar una cadena de ADN durante la división celular por defectos en los procesos que normalmente controlan esta copia; modificaciones que sufren las moléculas de ADN sin alterar su estructura principal, pero que modifican el significado de nuestra información genética; y finalmente, la dificultad o incapacidad para eliminar proteínas malformadas, acumulándolas en el cuerpo y propiciando enfermedades.

Y la lista sigue, porque en un segundo plano, causadas en parte por las anteriores, se suma: la disfunción mitocondrial, por la cual esas fábricas de energía de las células acaban fallando; la pérdida de la regulación por la cual nuestros tejidos detectan determinados nutrientes; la pérdida de células que se “suicidan” ante el acúmulo de daños por determinados procesos como la respiración. Y finalmente, el agotamiento de las células madre y la mala comunicación entre células. Es más, estos son solo los motivos más famosos, popularizados en 2013 por la icónica investigación de María Blasco, Carlos López-Otín y compañía, publicada en Cell Press bajo el nombre de The Hallmarks of Aging. Desde entonces el campo ha avanzado, se ha matizado y han surgido otras propuestas que, como poco, son igual de complejas. Este es el calibre del problema.

¿Debemos?

En teoría no es imposible, y si hablamos de ralentizar en lugar de anular el envejecimiento, es algo que ya se ha conseguido en gusanos (los famosos C. elegans) e incluso en ratones. No son inmortales, pero su vida se ve alargada al ralentizar el envejecimiento. Para conseguirlo, se ha enfocado el esfuerzo en uno de los muchos aspectos de todos los nombrados antes. Pero si queremos lograr lo que sugieren estos millonarios, hará falta enfrentarse a todos en su conjunto. Resolver cualquiera de esos “problemas de mantenimiento” sería suficientemente complejo y relevante como para garantizar un premio Nobel de Fisiología o Medicina. Resolverlos todos en un tiempo razonable es, como poco, extremadamente optimista, incluso bajo las mejores condiciones que el dinero pueda proporcionar. Y, por supuesto, incluso 10 millones de euros en bitcoin podrían quedarse cortos en muy poco tiempo.

Por otro lado, es nuestro deber moral ser algo impertinentes y lanzar la pregunta de si acaso debemos emprender el viaje. Podemos alegar que la inmortalidad contribuirá a la sobrepoblación, que la muerte ha sido consustancial a todo lo que creemos y definimos como humano, que la vida solo tiene sentido en su finitud. Y, sin embargo, aceptemos o rechacemos la enumeración anterior, hay algo que está por encima: estas investigaciones pueden mejorar sustancialmente la calidad de vida de muchas personas, previniendo los achaques del envejecimiento. La duda no es si debemos investigar y entender estos procesos de envejecimiento hasta el punto de saber cómo frenarlos. La duda es cómo y para qué debemos emplear esos conocimientos.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Otra pregunta centra el todo este problema (que no hemos abordado en el cuerpo del texto) es si el envejecimiento es realmente una enfermedad, como algunos afirman, o si es algo diferente. Ha quedado claro que, sea lo que sea, es un proceso multifactorial, lo cual significa que está debido a una serie de mecanismos diferentes. Sin embargo, esto es algo relativamente frecuente en las enfermedades sistémicas, aquellas que acaban afectando a todo nuestro cuerpo.
  • El verdadero problema para resolver esta pregunta es que, aunque nos traiga por el camino de la amargura, estos mecanismos de envejecimiento no son solo problemas que la naturaleza no ha sabido resolver, sino que, en cierto modo, cumplen determinadas funciones biológicas. La muerte de las células que han acumulado daños, por ejemplo, evita que acaben convirtiéndose en un tumor o que dañen al tejido donde se encuentran. La inestabilidad genómica es la que es para permitir que las especies se adapten en lugar de permanecer idénticas de padres a hijos. ¿Sabemos entonces a qué nos enfrentamos?

REFERENCIAS: