¿Puede la ciencia replicar Parque Jurásico?

La desextinción es una realidad y, aunque de forma más modesta, ya la hemos empleado con cierto éxito

Fotograma de Parque Jurásico
Fotograma de Parque JurásicoSteven SpielbergCreative Commons

Cada cierto tiempo emergen noticias sobre clonar mamuts, devolver el dodo a la vida o crear nuestro propio Parque Jurásico. Sin embargo, se quedan en eso, titulares que prometen lo que luego nunca llega. Sin embargo, la realidad es que esas promesas ya están cumplidas, al menos a medias. El gran problema son nuestras expectativas, porque tal vez no sea viables esperar dinosaurios, puede que el mamut nunca llegue, pero incluso así siguen quedando muchos seres vivos que podrían beneficiarse de la desextinción.

El libro de Michael Crichton, Parque Jurásico, fue publicado en 1990. Apenas 3 años después su homónimo cinematográfico dirigido por Steven Spielberg despertó la fiebre de la dinomanía que duraría décadas. En ambas historias el argumento es muy similar: un magnate decide construir un parque temático y llenarlo de dinosaurios. Para recuperarlos invierte una cantidad exorbitante de dinero para que los científicos desarrollen un método que permita recuperar sangre de dinosaurio almacenada en el abdomen de mosquitos que hubieran sido atrapados en resina (ahora ámbar). A partir de esta sangre se aísla el ADN y se rellena con ADN de anfibios la información que el paso del tiempo hubiera deteriorado. Una vez completado el ADN solo quedaba clonar al organismo y hacerles nacer como hembras incapaces de reproducirse entre sí. ¿Cuánto de todo esto es replicable por la ciencia de verdad?

El problema de usar mosquitos

Antes que nada, conviene ir desgranando los principales planteamientos de la película. Tal vez, lo más icónico sea la idea de obtener ADN de dinosaurio a partir de mosquitos conservados en resina de hace más de 65 millones de años. Ya solo con esto nos encontramos con dos ligeros problemas. El primero genera cierta polémica en la comunidad. A priori, parece que el tubo digestivo de un insecto hematógafo no es el mejor lugar para encontrar ADN en buenas condiciones. No olvidemos que estos insectos se alimentan de sangre y sus enzimas están preparadas para diferirlas y romper las principales proteínas que encontramos en esta. El ADN es una de ellas y el pH ácido de un tubo digestivo acelerarían su deterioro.

Por otro lado, y en esto hay mucho menos debate, el ADN no sobrevive 65 millones de años tan íntegro como para poder sacar de él más que unos pocos fragmentos de información. En condiciones normales de temperatura y acidez, en 500 años el ADN pierde la mitad de su información. Es cierto que el ADN es una molécula relativamente estable comparada con otras alternativas de almacenamiento de información biológica, como el ARN, pero pedirle que sobreviva intacto durante miles de millones de años es fantasía. De hecho, hace tiempo que encontramos colágeno de tiranosaurio y este mismo año ha sido encontrado lo que parece ser ADN de dinosaurio no fosilizado, pero de ahí a conseguir una secuenciación genética suficientemente completa hay un mundo.

El único animal que hemos desextinguido

En parte, este es el mismo problema que se presenta al tratar de clonar un mamut. Los restos que conservan ADN potencialmente extraíble tienen, como poco, 20.000 años de antigüedad. Por suerte la bajísima temperatura y las condiciones ambientales han permitido que llegue algo de ADN aprovechable, y lo que es más importante: tenemos parientes cercanos suyos con los que completar (y en los que engendrar) a los posibles clones. No como en el caso de los dinosaurios, que siendo las aves dinosaurios, están demasiado alejadas evolutivamente (y ya no hablemos de usar ranas). Aunque, siguiendo este razonamiento, si el verdadero límite no está en la clonación en sí, sino en conseguir ADN en buen estado. ¿Significa esto que podríamos aplicarlo a especies recientemente extintas? La respuesta es: sí, y ya se ha hecho (más o menos).

En el año 2000 se encontró muerto el último bucardo, una subespecie de cabra montés. En 2001 se trató de aprovechar el ADN de bucardo que había sido conservado en nitrógeno líquido para devolverlo a la vida. Para ello se implantó el ADN de bucardo en el oocito (la célula precursora del óvulo) de una cabra doméstica. En 2003 y tras muchos intentos nació un bucardo idéntico al ejemplar del que se había obtenido el ADN, aunque por desgracia murió a los pocos minutos por un fallo respiratorio.

Visto de este modo, Michael Crichton acertó bastante en cuanto a los rudimentos de la desextinción, mucho más de lo que necesitaba para hacer una obra de ficción impecable. Tal vez por eso sigue viva nuestra esperanza de ver algún día un parque prehistórico, sea de mamuts o de bucardos.

LA CLAVE:

  • Técnicamente no sería tan improbable desextinguir especies recientes, como el dodo o el tigre marsupial (de los cuales conservamos especímenes (aunque en condiciones cuestionables). El verdadero límite que nos separa de un Parque Jurásico no es científico, sino ético. Traer de vuelta a la vida especies que no podrán ser puestas en libertad (por su seguridad y la del ecosistema) entraña problemas espinosos. ¿Tenemos tal derecho? Por otro lado, algunos expertos apuntan a que la recuperación de especies extintas como el uro (un toro gigante que poblaba Europa hace solo 400 años), podría devolver la megafauna que le falta a nuestro continente, recuperando las condiciones que tenía antes de la caza indiscriminada de estas especies.

REFERENCIAS: