La odisea de una misionera en Mozambique: seis días de viaje en avión, taxi y autobús para llegar a Valencia

La enfermera jubilada, que viaja de vez en cuando a África en labor humanitaria, tardó casi una semana en regresar a casa tras declararse el estado de alarma por el coronavirus

Cora Teschendorff Cerezo, enfermera jubilada valenciana de 65 años, ha compartido su testimonio sobre su labor en un centro infantil regido en Mozambique por las Hermanas de la Obra Misionera de Jesús y María y la odisea de su regreso a Valencia, al comenzar la pandemia del coronavirus, tras varias cancelaciones de vuelos, problemas en la frontera y seis días de viaje en avión, taxi y autobús.

“Soy una enamorada de África, vivo en Valencia, pero cada cierto tiempo necesito volver a África, porque lo necesito. Me cautivan sus paisajes y ambientes, y sobre todo su gente, cercanos y cálidos ajenos a cualquier pensamiento malicioso. Todas las misiones en las que he participado como enfermera voluntaria han sido experiencias entrañables e irrepetibles. Esa sensación de felicidad y plenitud que se siente en una misión no la proporcionan todos los lujos que nos rodean en nuestra vida cotidiana”, relata Cora en su testimonio publicado en el último número del periódico “Paraula”.

Tras participar en una reunión de la Delegación de Misiones del Arzobispado y conocer el programa educativo y sanitario de las Hermanas de la Obra Misionera de Jesús y María en Nacala, al norte de Mozambique, decidió viajar allí para colaborar. En Nacala las religiosas se ocupan de un centro de apoyo materno-infantil para niños desnutridos y desarrollan acciones de promoción de la mujer, catequesis y apostolado misionero.

El 2 de febrero cogió un avión en Valencia hacia Nacala, donde debía permanecer hasta el 30 de marzo “viéndome obligada a salir del país en el último vuelo que partía hacia Europa, debido a la pandemia originada por el coronavirus”, comenta la voluntaria.

“Humildad, devoción y entrega a los demás”

En Nacala, Cora convivió con cuatro religiosas y su labor consistió en atender en la consulta a todos los pacientes que acuden para obtener algún remedio a males y enfermedades consecuencia de la insalubridad, así como la sífilis y la desnutrición que se ceba en los más pequeños, llegando a la consulta bebés de 9 meses pesando 4 kilos.

Las Hermanas “hacen frente a ello acogiendo a estos bebés desnutridos en la guardería creada al efecto, donde las mujeres que no pueden alimentar a sus hijos los traen para que sean atendidos por la Obra Misionera”, explica y puntualiza que “es digno de alabanza tanta humildad, devoción y entrega hacia los demás por parte de las Hermanas misioneras, y difícil de explicar todo su alcance en unas líneas”.

Respecto a la pandemia de coronavirus, “al principio no fui consciente de su trascendencia pensando que se trataba de una gripe más virulenta de lo normal. Comencé a darle importancia al recibir noticias alarmantes de mi familia sobre la situación que se estaba viviendo en Valencia y la magnitud que ésta estaba alcanzando”.

Seis días de viaje con cancelaciones y cierres fronterizos

Tras anunciar el gobierno mozambiqueño la restricción de vuelos y el cierre de fronteras ante los contagiados diagnosticados en los países vecinos, Cora consiguió un billete para el 20 de marzo y, después de la cancelación inicial, finalmente pudo viajar desde Nacala hasta Maputo. Desde allí consiguió otro avión rumbo a Lisboa.

Llegó a Lisboa el 23 de marzo y su avión con destino a Valencia fue cancelado pero, afortunadamente, consiguió una habitación en uno de los pocos hoteles abiertos en la ciudad portuguesa a la espera de saber qué hacer. La única alternativa era volar a Bruselas y desde allí a Madrid pero el vuelo también fue suspendido y la alteración de horarios hacía que perdiera la conexión con Madrid.

Finalmente decidió ir por tierra y con un taxi consiguió llegar hasta la frontera con Badajoz, que no pudo pasar por el control fronterizo, y tuvo que esperar allí hasta que acudió un taxi de Badajoz. Ya en territorio español consiguió un billete para un autobús a Madrid, y desde la capital viajó, también en autobús y sin ningún otro pasajero, hasta su casa en Valencia, a la que llegó el día 26 de marzo por la noche.