La Colomina acoge la exposición de Charo Marín, “Mi sangre es de colores”

Se puede contemplar hasta el 16 de noviembre

La autora, en el centro, el día de la inauguración, delante de una de sus obrasLa RazónPintura

El Palacio de Colomina de Valencia acoge hasta el próximo 16 de noviembre, la exposición individual de pintura de la artista valenciana Charo Marín, que lleva por título «Mi sangre es de colores».

El acto de inauguración y presentación de las obras reunió a personalidades del mundo de la plástica, la literatura, coleccionistas, amantes del arte y amigos y familiares de la artista, que no perdieron la ocasión de acompañarla en su vuelta a Valencia. Charo Marín ha dedicado los T. Ramos - Valencia últimos diez años a difundir su obra por diversos países, y tras sus últimas incursiones en el arte en París, Miami y Roma, ha regresado a su tierra natal con esta exposición tan especial, que además está dedicada a su nieta, Sol Ruiz Navarro.

La muestra retrata un cambio sustancial desde su primera etapa, más teatral y con planos de color, pasando por la segunda donde destaca el dibujo y el movimiento, llegando a la tercera que resulta más sutil, y donde se incrusta el dibujo en la pintura, sin perder la fuerza y energía que siempre transmite. La pintura al óleo de Charo Marín traslada al individuo a un mundo mágico y nos habla a través de colores intensos de original combinación.

Una exposición cargada de energía donde cualquier visitante tiene asegurada «la sorpresa, la emoción y algo nuevo y positivo en su corazón», según ha expresado la artista quien explica que «mi compromiso implícito con el arte, es evidente, mi obra responde a lo que he sido y soy, a lo que he pensado. Nunca las modas, presiones o intereses la han dirigido, mi obra es como mi sangre, mía, absolutamente personal. Mi inquietud siempre por aprender mas, me lleva a otras materias como el tejido a través de la música o la joyería a través de la arquitectura». La autora explica que «cuando pinto siento que estoy en otro mundo, que otra Charo Marín mueve los pinceles velozmente sobre el lienzo, una vez pasado este vertiginoso momento, caigo rendida, me siento feliz. Cuando tengo una obra sin encaminar, estoy inquieta y mal hasta que por fin queda clara». Marín no se guarda ningún secreto y afirma haber tenido «una vida llena de amor, primero en mi infancia que me dio mucha seguridad y luego en cuarenta años de matrimonio, que me dieron un marido con los pies en el suelo al que adoraba y dos hijos llenos de luz que eran mis mejores críticos de arte, forjaron una fuerza en mi. De repente sobrevoló la desgracia sobre mi cabeza y todo se convirtió en arena, mi alma, mis piernas… intentando siempre indirectamente llegar a una autodestrucción, que mi otro yo lanzaba a patadas al mar convirtiéndome en una superviviente».