Antonio Fillol, el pintor valenciano a la sombra de Sorolla

El Secreto de la Filantropía recupera la figura de este artista valenciano, aclamado en su época pero poco reconocido después

«El satiro», la obra en la que un adulto identifica al hombre que ha abusado de la niña que se encuentra a su lado
«El satiro», la obra en la que un adulto identifica al hombre que ha abusado de la niña que se encuentra a su ladoLa RazónMuseo del Prado

Joaquín Sorolla es, sin lugar a dudas, uno de nuestro pintores más internacionales. La presencia de su obra ha llegado incluso a la Hispanic Society of America, en Nueva York, donde el artista valenciano cuenta con un sala que lleva su nombre y que alberga 14 impresionantes lienzos del artista. Pero no fue el único pintor valenciano que destacó en aquella época. Antonio Fillol (1870-1930), muy reconocido en vida y galardonado con diversos premios por su capacidad de denuncia social, no ha pasado a la historia con la misma fortuna que su admirado Sorolla, pero no por ello merece menos reconocimiento.

El Museo del Prado recupera en su exposición actual «Invitadas», tres impactantes y trascendentales obras del artista que en su momento fueron aclamadas y criticadas al mismo tiempo.

La exposición «Invitadas», que podrá visitarse hasta el próximo mes de marzo, muestra un recorrido por la situación de la mujer en el sistema del arte español a través de algunas de las obras menos conocidas de la colección del Prado de los siglos XIX y principios del XX y de un pequeño pero significativo grupo de préstamos de otras instituciones.

«La bestia humana», «El sátiro» y «La rebelde», son las tres obras de Fillol recuperadas por el Prado para esta muestra. En ellas, denuncia, a través de diferentes escenas de la época, los abusos sufridos por la mujer en aquel momento.

En «La bestia humana», Fillol denuncia la iniciación en la prostitución de una joven huérfana, empujada a ello por una alcahueta mientras el hombre al que se ha de someter espera impasible. Tal y como el propio pintor reconoce en unos apuntes autobiográficos hallados tras su muerte, esta obra «fue recibida en los primeros momentos poco menos que a pedradas», aunque otros «la ensalzaron, demostrando a la vez que la finalidad de ella era sana y altamente educativa».

Por esta obra recibió la segunda medalla de la exposición (1897), aunque le negaron el importe económico del galardón; mientras que «El sátiro» fue rechazada en la muestra de 1906 «porque el asunto de ella, decían, ofendía la decencia y el decoro de las buenas gentes».

El asunto en cuestión era el de los abusos infantiles. En este cuadro, un adulto, acompañado de una niña, identifica al hombre que ha abusado de esta.

Finalmente, en «La rebelde», una joven gitana es expulsada por su familia del campamento en el que vive entre increpaciones.

Con motivo de la participación de Fillol en la exposición colectiva «Invitadas», la fundación El Secreto de la Filantropía y Elca Ediciones han reeditado el libro «Antonio Fillol: Naturalismo radical y modernismo», del catedrático de Historia del Arte, Javier Pérez Rojas y el profesor, José Luis Alcaide.

Portada del libro sobre Fillol, ilustrada con la obra «La rebelde»
Portada del libro sobre Fillol, ilustrada con la obra «La rebelde»La RazónLa Razón

El libro, además de reunir los cuadros del artista, recorre su evolución, desde el naturalismo radical de sus inicios hasta el impresionismo modernista hacia el que evolucionó después. Pero es también una reivindicación de la maestría de un pintor que, a pesar de haber sido muy apreciado en su época, no ha sido justamente reconocido por la posterioridad como sí lo han sido otros maestros del momento.

En este sentido, fiel a sus principios fundacionales, la fundación El Secreto de la Filantropía ha puesto en marcha con la reedición de este libro, la primera de una serie de iniciativas que tienen por objeto apoyar y fomentar la cultura valenciana.

En palabras de su presidente, Luis Trigo, «el hecho de que el Museo del Prado se haya fijado en un artista como Fillol para una de sus exposiciones más importantes nos ha animado a reivindicar su figura tanto en Valencia como en España».

Como el propio Fillol confesaba en unos apuntes autobiográficos encontrados tras su muerte, en sus obras se afanaba más por mostrar una idea -generalmente de denuncia social- que por dejar traslucir la técnica pictórica. Ese afán lo convirtió en un cronista sin tapujos de la realidad social del momento, con escenas que abordaban y ponían al descubierto la verdad cruda de algunas situaciones y circunstancias sociales de la época. Una verdad muy alejada del idealismo imperante de su tiempo.

El pintor de las costumbres valencianas

En su momento fue considerado como uno de los principales representantes del realismo social y fue autor de una extensa obra artística que recoge escenas, paisajes y costumbres del pueblo valenciano, tratadas con delicadeza pero con una gran profundidad. Destacó también en su faceta de retratista, realizando una colección de pinturas de personajes típicos valencianos, dotándolos de una fuerte carga psicológica y evocativa. Acreedor de numerosos premios nacionales e internacionales, su obra está parcialmente recogida en el Museo del Prado, Museo de Bellas Artes de Valencia, Museo Provincial de Jaén y Museo de la Ciudad de Valencia.