El multitudinario Medusa Festival rompe a bailar con calor y vigilancia ante pinchazos

Este séptimo Medusa llega en el fin de semana de más riesgo por calor extremo en Valencia y en pleno puente de agosto

Imagen de archivo del Medusa Festival, en Cullera, en la edición de 2019
Imagen de archivo del Medusa Festival, en Cullera, en la edición de 2019 FOTO: VISITCULLERA La Razón

El Medusa Festival de Cullera, que hasta el domingo espera reunir a unas 320.000 personas, ha comenzado este viernes su programación oficial de música electrónica y de baile con un gran ambiente festivo, seguridad reforzada para evitar pinchazos y un calor sofocante del que es imposible escapar.

Tras varios días de fiestas y sesiones previas en el recinto de conciertos, compuesto por media docena de escenarios, piscina, zona de acampada y una gran noria que, junto al estilo de gran parte del público, evoca festivales como el de Coachella (Estados Unidos), esta tarde ha sido el inicio masivo de una cita que como la mayoría celebró su última edición en 2019 y que ahora resurge con más ganas de fiesta sin límite, sin atisbo alguno de medidas anticovid.

Seguridad reforzada ante pinchazos

Para hacer frente a esta avalancha de gente -en su inmensa mayoría, público nacional y muy joven-, la Guardia Civil ha establecido un dispositivo especial con 300 agentes de todas las áreas posibles, incluida caballería y unidad canina, que junto a un helicóptero dominan todos los aledaños de la zona de entrada al Medusa con controles exhaustivos para detectar agujas, jeringuillas y sustancias químicas con las que poder cometer pinchazos.

En total serán unos 2.000 agentes entre Guardia Civil, Policía Nacional y Policía Local, así como numeroso personal de Protección Civil, un Punto Violeta y un Puesto de Mando Avanzado.

Ese es uno de los principales objetivos del dispositivo “exigente” establecido para este Medusa, según el capitán José Vicente García, que ha explicado ante los medios los detalles de la seguridad que rodeará este festival hasta el domingo, donde patrullarán agentes procedentes de Madrid y Barcelona y hasta gendarmes franceses.

Y precisamente una de las novedades de esta edición son los agentes de paisano (una veintena) que estarán dentro del recinto de conciertos para detectar cualquier conducta sospechosa o actuar inmediatamente en caso de producirse algún incidente en zonas conflictivas como baños y duchas, el camping o los aparcamientos.

Mucho calor y mucha música

Este séptimo Medusa llega en el fin de semana de más riesgo por calor extremo en Valencia, en pleno puente de agosto y en una ciudad, Cullera, ya de por sí tomada tradicionalmente por el turismo veraniego, lo que ha hecho que el atuendo favorito de los jóvenes sean bañadores y bikinis, chanclas y ropa deportiva que no importe empapar bajo las duchas y los pulverizadores repartidos por el recinto, además de la piscina gigante y, ya fuera, la playa.

También pueden verse muchas placas de hielo, disfraces y, sobre todo, mucho maquillaje con el que bailar hasta el amanecer con música electrónica y de baile, reguetón y ritmos sintéticos que salen de los escenarios, aunque por la megafonía de la entrada suenen Rosalía y Quevedo, dos artistas adorados por este tipo de público pero que no han tenido cabida en el cartel de este año.

En él destacan David Guetta, Steve Aoki, Duki, Dubvision, Afrojack o Carl Cox entre numerosos DJ españoles, desde Oscar Mulero hasta DJ Nano, con estilos que van desde la electrónica más comercial hasta los ritmos estadounidenses más “dance” (EDM) y “techno”, el omnipresente reguetón y el “remember” que tanto triunfa en tierras valencianas. Las últimas bajas, las de Nervo, Quintino y The Viper.

Bajo el lema “Circus Madness”, el recinto de conciertos -cuyos accesos hasta ahora no han registrado grandes problemas- ofrece una estética muy colorista llena de referencias circenses, obra de artistas falleros locales que han vuelto a inundar el Medusa del mejor arte efímero, aunque en esta ocasión no para arder sino para ser el decorado de lujo de una inmensa discoteca al aire libre.

¿A qué vienen al Medusa?

Carla y Ariana vienen desde Madrid, tienen 18 años y es su primer Medusa; buscan pasarlo bien porque son sus “últimas vacaciones” antes de la universidad, admiten que se pasa “mucho calor” en el camping, se quejan de que las duchas estén cerradas de dos a cinco de la tarde (después, la organización ha adelantado una hora su reinicio ante la gran demanda generada) y vienen sobre todo a bailar con David Guetta (el domingo), Amelie Lens y Duki.

Javier, de 24 años, también de Madrid y debutante en Cullera, viene a “bailar a tope” con su artista favorita, Amelie Lens, y está convencido de que con cerveza y duchas combatirá el calor, mientras otro Javier tiene su entrada desde 2019, cuando la compró para la edición del año en que empezó la pandemia y decidió retenerla. “Espero que sea el mejor festival”, proclama orgulloso.

Desde las 20.30 horas, el famoso DJ y productor estadounidense-japonés Steve Aoki ha desatado el delirio en el escenario principal, a rebosar y dominado por sus proyecciones coloristas en la pantalla gigante, mientras se espera que, como hace habitualmente, lance una tarta al público.

Su sesión refleja el ansia colectiva de que la música en vivo, y los festivales en general, vuelvan a adueñarse de los veranos, ajenos a pandemias y como cónclaves de jóvenes llegados de todas las partes del mundo.

Ahora queda por delante un largo fin de semana donde, aparte de la música, no faltarán los fuegos artificiales y miles de fotos en redes sociales junto a la noria y en las carpas con la piscina de bolas, el “photocall” y las guerras de almohadas, y siempre rodeados del confeti que colorea este ansiado Medusa.