Cultura

Así fue la gala: del bochorno a la lluvia fina progre

Lo mejor de los Goya es lo familiar que resulta. Comienza, como siempre, con Buenafuente y Silvia haciendo payasadas. Falta sentido del humor y autocrítica

Lo mejor de la Gala de los Goya es lo familiar que resulta. Comienza, como siempre, con Buenafuente y Silvia haciendo payasadas, hasta superarse con las groserías del consolador. Siempre los mismos actores y directores repitiéndose cada año, con el atrezo del mundillo del cine dispuestos a aplaudirse. Buenafuente y Silvia Abril logran transmitir la misma sensación de «dejà vu». Falta sentido del humor y autocrítica. Benedicta Sánchez se lleva el primer premio con un discurso sensible que enternece al público. Las primeras alusiones políticas llegaron con los dos chistosos. Ver las sonrisas forzadas de los famosos es el mejor termómetro para calibrar cuán graciosos han sido los presentadores. Después de «Sobreviviré» de Pablo Alborán, Rosana Pastor y Juan Diego Boto hacen su exégesis política de lo más progre: tipo tolerancia y tal. Ángeles González Sinde y Bob Pop hacen el ridículo con un diálogo «queer» que hace sonreír a Pedro Sánchez, el primer presidente-actor. Benito Zambrano, ha hecho el elogio de los ojos de Marisol, los ojos más bonitos del Estado Español, de esta Nación de Naciones, etc. Almodóvar. Su verborrea discursiva es superior a sus guiones. Pedro se dirige a Pedro Sánchez –«¿está el Presidente?»–, y le sugiere que escriba un buen guión para España. Súper Silvia se pasa con el rollo feminista, el empoderamiento y el techo de cristal y un pictograma de las SS: «Igual le gusta a alguien». ¿A quién? La gala comienza a ser la más coñazo de la historia de los Goya, sin llegar a la politización del año del «No a la guerra». Es como una lluvia fina ideológica. La desgana del público es palpable. El momento del llanto llega con Enric Auquer. Remata el interminable discurso con «a todos los antifascistas del mundo». Y para que vean que el nacionalismo hace llorar, los vascos de «La trinchera infinita» repiten tanto «eskerrik asko» que dan ganas de contestarles, «ongi etorria zara», de nada. El discurso del Presidente de la Academia es tópico y aburrido. Ella representa el tránsito del franquismo a la ultra ultra izquierda, como la España de hoy. «Empieza a echarse en falta alguien tan sensato como Ricky Gervais que les cante las cuarenta a presentadores y agradadores: «Muchos de vosotros pasáis menos tiempo en la escuela que Greta Thunberg. No sabéis nada del mundo real, así que guardaoos los discursitos políticos. Subid, dad las gracias e iros a la mierda».