Centenario de La Legión: La última batalla en el Sahara

Nuevo episodio de la serie iniciada por LA RAZÓN sobre el cuerpo que se mantuvo en el desierto hasta que la situación se volvió insostenible y obligó a las tropas a retirarse del terreno

La Razón

La Legión cumple cien años. En este siglo de existencia ha vivido y combatido en numerosos escenarios, pero de todos ellos hay dos que están especialmente arraigados en el alma de los legionarios por la sangre en ellos derramada, factor común a todos los demás, pero también por los largos años de permanencia y por la particularidad de las vivencias que en ellos se sucedieron: el antiguo Protectorado español de Marruecos y la antigua provincia del Sahara. Noventa los años de permanencia española en el desierto y veinte de ellos de presencia activa de la Legión. La llegada de la primera unidad legionaria, la XIII bandera, se produce el 1 de julio de 1956 ante la amenaza de actuación de bandas armadas en aquel territorio. Sucesivamente se van incorporando la IV, II, IX y VI bandera. De cuya actuación ya se ha dado razón en esta serie de artículos.

Finalizadas las operaciones, en octubre de 1958, los tercios «Juan de Austria» y «Alejandro Farnesio» unen a sus nombres el apellido de saharianos, abandonando sus cuarteles de Larache y Villa Sanjurjo en el ya independiente Marruecos y se organizan en aquel territorio, bello y duro, sus planas mayores estarán en Aaiún y Villa Cisneros, respectivamente y a las banderas se añadieron un grupo de caballería y una batería transportada en cada tercio.

Los primeros tiempos de aquellas unidades fueron de constante movimiento por todo el territorio, en patrullas y destacamentos, proporcionando un conocimiento profundo del desierto. Creada la Agrupación de Tropas Nómadas, las bases legionarias se estabilizan en sus cuarteles de Aaiún y Villa Cisneros, en Edchera y Smara, construyendo, sin abandonar la instrucción, magníficos cuarteles con el trabajo de los legionarios.

Eran tiempos tranquilos, con la salvedad de algunas agresiones a equipos que efectuaban prospecciones en busca de petróleo y que provocaron un refuerzo de la guarnición y alguna acción de las unidades legionarias que llegaron a causar muertos y heridos a las bandas agresoras. Hasta la aparición, en 1973, del Frente para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (Frente Polisario), movimiento independentista apoyado por Argelia. El origen está en una manifestación de elementos independentistas en el barrio de Hata Rambla, en Aaiún, el 17 de julio de 1970, que superó las posibilidades de los elementos de la Policía Territorial –carentes de material antidisturbios– enviados a disolverla.

Se decidió, entonces, enviar una compañía del Tercer Tercio al mando del Capitán Díaz Arcocha (asesinado años después por ETA), que actuó contundentemente abriendo fuego sobre los manifestantes, provocándoles dos muertos y unos veinte heridos, además de varias detenciones. Uno de los detenidos, el Bachir, desapareció (puesto en libertad en Canarias según la versión oficial).

Así comienzan una serie de agresiones que, a pesar de evitar enfrentamientos con La Legión, buscan acabar con pequeños puestos guarnecidos por fuerzas de la Policía Territorial y la Agrupación de Tropas Nómadas. Se dan lugar a acciones de combate en las que intervienen diferentes unidades de La Legión, que bien apoyan a los puestos atacados, o bien efectuan rastreos para localizar la os grupos armados. Desde agosto de 1974 a estas agresiones se une la alerta ante la manifiesta intención de Marruecos de anexionarse el Sahara. El clima ya no es de mantenimiento del orden, sino de despliegue ante una posible guerra, y, aunque esta sea la amenaza principal, las agresiones del Frente Polisario se siguen produciendo.

Como consecuencia de la amenaza marroquí, se refuerza la guarnición con unidades peninsulares y canarias. Entre las primeras se encuentra un batallón de carros de combate del Regimiento «Alcázar de Toledo» nº 61, disminuido en una compañía que se completa con la Compañía «Bakali» de carros AMX-30 del tercer tercio creada en 1970.

Morir en combate

Pero serán las acciones del Frente Polisario las que provoquen el último muerto legionario en combate. El 17 de diciembre de 1974, el puesto de Tifariti es atacado, sin que se produjeran bajas. Parte de la guarnición emprende de noche una persecución de los agresores y, en un punto de paso obligado, estos abren fuego sobre sus perseguidores causándoles bajas e inmovilizando sus vehículos. Los policías mantienen enlace por radio y piden refuerzos. Evaluada la situación por un reconocimiento aéreo, de Smara se envía por helicóptero. Una sección de una compañía de operaciones especiales del 4º Tercio,que se encontraba destacada en Smara y, al mismo tiempo, por tierra, una patrulla de la Agrupación de Tropas Nómadas. Los legionarios localizaron al enemigo, oculto en cuevas y evacuaron a un muerto y seis heridos de la patrulla agredida. La llegada de la noche, ya incorporada la patrulla de nómadas, impedirá nuevas acciones. Al día siguiente, se incorpora otra sección de la COE del 4º Tercio bajo el mando de un Teniente de la VII Bandera, se efectúa un nuevo rastrilleo y, cuando se estaban intercambiando informaciones con el comandante de helicópteros al mando de la operación, elementos que no habían podido ser localizados abrieron fuego y provocaron la muerte del sargento Carazo y las heridas de dos legionarios. Se reaccionó contra los orígenes del fuego, haciendo nuevas bajas y capturando nuevos elementos de los agresores.

Todavía hubo nuevas acciones legionarias, como el combate de Hausa, y cada vez era más difícil distinguir si eran elementos polisarios o pro marroquíes. Hasta que, desplegadas todas las fuerzas ante una amenaza marroquí, se tuvo la primera noticia de lo que después se llamaría «Marcha Verde», una incursión masiva de elementos civiles que, obligó a un nuevo despliegue por si a su amparo se producía un ataque marroquí en fuerza.

Mientras tanto, en otros niveles se desarrollaban conversaciones que culminaron con la decisión de abandonar el Sahara. Esta decisión fue dolorosa para los legionarios que se veían capaces de enfrentarse a las fuerzas marroquíes, impidiéndoselo decisiones políticas que, acataban sin poderlas comprender. Una nueva operación, en este caso logística, la «Golondrina», acabó con la presencia legionaria en un territorio que había sido testigo de su eficacia, espíritu de sacrificio y capacidad para adaptarse a cualquier situación y ambiente.