«Contarlo para no olvidar»: Corresponsales de guerra en un escenario ★★★✩✩

Autora: Mónica G. Prieto y Maruja Torres. Director: Miguel Rellán. Intérpretes: Nuria González y Nuria Mencía. Teatro Español (Sala Margarita Xirgu), Madrid. Hasta el 4 de octubre.

Extraño proyecto teatral este de Miguel Rellán, que consiste básicamente en llevar a las tablas las conversaciones sobre periodismo que mantuvieron las reporteras Maruja Torres y Mónica García Prieto en 2017 para la revista «5W» y que aparecieron editadas en forma de libro.

Es raro en cuanto que el director, en su dramaturgia, ha prescindido de adornar la propuesta con otros elementos teatrales que no sean los de un diálogo puro y duro, como tratando de no contaminar el contenido, de no subjetivarlo, dejando que todo fluya en clave cuasinaturalista, de una manera parecida a como podría haber tenido lugar la conversación real que sirve de base. Desde luego, la obra no quiere que nadie se llame a engaño: ya en la propia introducción, una voz en off advierte al espectador que va a ver sencillamente eso, «un resumen escenificado de la conversación entre las dos periodistas».

A partir de aquí, Torres y García Prieto, interpretadas por Nuria González y Nuria Mencía respectivamente, comienzan a repasar y analizar sin pausa y sin tapujos, demostrando una sólida experiencia y un gran conocimiento sobre el asunto, algunos aspectos relacionados con el ejercicio del periodismo que nos suenan mucho a los que trabajamos en los medios y que, sin duda, interesarán a cualquier espectador que tenga un mínimo de preocupación por lo que ocurre en el mundo y por cómo se cuenta eso que ocurre.

Mucho sale a colación y todo, ciertamente, viene muy a cuento: el rigor profesional y la borrosa frontera de la honestidad en situaciones extremas, el marbete de «héroes» que se suele colocar a los corresponsales de guerra, el interés antropológico que tienen los conflictos en sí mismos, el desmedido protagonismo de algunos periodistas y oenegés, la manipulación política y mercantil en la propia guerra y en la información que se da de ella, el machismo en las redacciones de algunos periódicos, la pobreza y la incultura como causa y consecuencia de muchos conflictos, la perversión de los sistemas políticos que en un principio parecen copar el bando de los justos, el retroceso de libertades y derechos cuando se impone la paz…

Sin embargo, artísticamente, la propuesta no dice mucho; nada hay en el plano teatral que dé relumbre a esa conversación; nada la embellece especialmente con respecto a lo que uno podría leer sobre el papel en el que ya ha sido impresa.

Lo mejor

Nuria González, que consigue dar cierta entidad teatral a su personaje que va más allá del texto en sí mismo.

Lo peor

Sospecho que el espacio escénico tiene algún significado simbólico, pero es difícil averiguar cuál.