Isabel Allende: «Trump hará todas las trampas para permanecer en el poder»

La novelista publica «Mujeres del alma mía», un libro donde evoca a las mujeres que han marcado su biografía y aborda los problemas y revoluciones que afronta el feminismo

La escritora Isabel AllendeAlberto R. RoldánLa Razón

«Estoy viviendo la situación política de este país transpirando, entre Whisky, marihuana y valium. Así he pasado estos dos días, porque ha sido muy estresante». Isabel Allende, que reside en Estados Unidos, presenta libro, «Mujeres del alma mía» (Plaza & Janés), un libro biográfico, sin un corte de ficción, que repasa sus amistades y admiraciones femeninas, y su relación con el feminismo. Pero la primera cara que asoma de ella no la de la alegría, sino la de la preocupación por las elecciones que decidirán el inquilino de la Casa Blanca. «A pesar del desastre que ha sido Trump, más de sesenta millones lo han votado. Este país ha optado por el autoritarismo en vez de por la democracia, por la exclusión y no por la inclusión, aunque gane Biden, la mitad del país ha abogado por Trump. En este país somos 32 millones los latinos que podemos votar y no entiendo que ellos voten por él. Estoy muy decepcionada a este respecto».

Isabel Allende, desde su confinamiento, que en su caso, admite, no es tanto confinamiento porque está dedicándose a escritura, aseguró que «en general los latinos hemos salido fortalecidos en Estados Unidos por el número que somos y no por Trump. Con los años hemos ido creciendo en peso político en esta nación». Después recordó su fundación, que trabaja con mujeres, cerca de la frontera con México, una zona conflictiva y peligrosa, «donde lo que vive la gente que pide asilo es una atrocidad, allí hay una violación tremenda de los derechos humanos», para asegurar a continuación que «la situación de la mujer nunca es fácil, porque además de los muchos problemas con los que acarrea, tiene que lidiar con el machismo, que es algo inherente a nuestra cultura, con hombres que no usan preservativos, las embazaran y las infectan». Y es que el nuevo libro de la escritura discurre por los meandros del feminismo.

Una revolución imparable

En sus páginas evoca las mujeres que viven perpetuamente en su memoria, como su madre, Paula, Carmen Balcells y aquellas otras que ha conocido a través de la lectura, como Virginia Woolf, o que todavía continúan publicando, como Margaret Atwood. Pero, la autora también aborda asuntos de extrema actualidad, como los movimientos feministas, el lenguaje inclusivo, el #MeToo y las nuevas generaciones de jóvenes que se han unido para romper unas estructuras de poder masculinas, cuando lo ideal, lo que defiende ella, es la parida total: que el mundo lo manejen al cincuenta por ciento hombres y mujeres. «El feminismo es una revolución, la más importante que conocemos en la historia porque implica a la mitad de la humanidad, conlleva valores de vida y va más allá del género. Además, es irreversible, como todas las revoluciones. Ahora las reivindicaciones no es solo de género; ahora la gente está en las calles de todo el mundo, está protestando, porque el sistema es cruel, privilegia solo a un grupo y deja al resto atrás». Por eso, reconoce, «estoy espantada con las elecciones de EE.UU., porque Trump es una opción que defiende el privilegio; se ha votado por un sistema que excluye a los s pobres, a los que necesitan a la sociedad para sostenerse. Trump va a hacer todas las trampas posibles; va a meter a la Corte Suprema para intentar quedarse con el poder.».

La novelista ha reconocido que «la escritura es un vicio, una condición genética, un amor por contar historias y la lectura» con la que «he podido confrontar demonios o revivir cosas traumáticas, como el golpe de estado en Chile,» para poder, nunca mejor dicho, pasar página y orillarlas. Para ella las palabras son esenciales y por eso defiende el lenguaje inclusivo, que, afirma, es más sencillo en el inglés, que en castellano. «El lenguaje es importante porque define la realidad. En Chile, en la dictadura, no se podían decir algunas palabras. El lenguaje estaba dominado. Pero si lo cambiamos, también modificamos la manera de entender la realidad».