Muti se impone a la pandemia en el Año Nuevo vienés

Puede parecer fácil dirigir las piezas breves que componen el programa de este concierto, pero es todo lo contrario

Riccardo Muti, dirigiendo a la Filarmónica de Viena en un Concierto de Año Nuevo sin público
Riccardo Muti, dirigiendo a la Filarmónica de Viena en un Concierto de Año Nuevo sin públicoDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

Para quienes hemos asistido en vivo al más célebre concierto del mundo, el del Año Nuevo vienés supone un trauma ver vacía la preciosa sala dorada del Musikverein, sin su elegante e internacional público que asiste sabiendo estar en una ocasión única en su vida, tras haber pagado una fortuna. Una sensación parecida a seguir las campanadas, también por TVE-1, desde una Puerta del Sol sin alma. Hubo varias concomitancias entre ambas retransmisiones. Si una nos mostraba la maquinaria del veterano reloj, la otra nos enseñaba la de algunos artilugios e instrumentos musicales. Si en una ponían la emoción Ana Igartiburu y Ana Obregón, en la otra lo hacían Riccardo Muti y la Filarmónica de Viena.

Puede parecer fácil dirigir las piezas breves que componen el programa de este concierto, pero es todo lo contrario. Primero por la cantidad de veces que las hemos escuchado bajo las batutas de Karajan, Kleiber, Pretre, Jansons, Thielemann, Dudamel, Ozawa, Mehta, Maazel, Barenboim o el propio Muti, por no citar a un lejano Boskovsky, y las comparaciones son inevitables. Luego porque la Filarmónica de Viena puede tocar este repertorio sin director, como de hecho alguno de ellos ha dejado hacer en alguna obra. Quien está al mando ha de imprimir una personalidad propia que encaje con la orquesta y eso no es sencillo. En 1971, hace cincuenta años, Karajan llamó a Muti para ofrecerle dirigir en su Salzburgo un “Così fan tutte” con los vieneses. Allí nació la colaboración entre orquesta y maestro, esa que ha hecho posible que Muti se haya convertido, con seis intervenciones, en el director vivo que más veces ha dirigido este evento, por encima de Zubin Mehta y que ya lleven más de quinientos conciertos juntos. Karajan, en privado, siempre me alabó la respuesta del italiano como me criticó la de otro italiano más joven a quien también ayudó en sus comienzos. Muti cumplirá en 2021 ochenta años.

DIETER NAGL HANDOUTEFE

El programa incluía siete novedades y alguna de las obras, como no podía ser de otra forma, con ambiente italiano. Así el “Venetianer-Galopp” o las “Neue Melodien Quadrille”, con citas de Verdi y Donizetti. Entre los nuevos compositores incorporados Carl Zeller, Carl Millöcker y Karl Komzák II. Tocar con una sala vacía ha de impresionar a cualquiera y el gran mérito de Muti y la Filarmónica de Viena en esta ocasión ha sido sobreponerse a ello, entregándose en cuerpo y alma en cada una de sus dos partes, por cierto ambas iniciadas con Suppè. Siempre ha sido un director serio, a veces demasiado, pero ha sabido impregnar cada página de matiz, sutilidad y enorme vitalidad, con tempos vivísimos sin perder por ello lirismo o elegancia. ¡Qué maravilla los contrastes en la obertura “Poeta y campesino”, con un precioso solo de cello! Es la forma en que un italiano puede hacer cantar a una orquesta. Otros momentos sobresalientes surgieron en la “Niko Polka”, el citado “Venetianer-Galopp”, la “Bad’ner Mad’ln” o la “Margherita Polka” con sonido de pájaros.

Hubo, como siempre, escenas de ballet y por segunda vez con coreografía del español José Carlos Martínez, rodadas tanto en interiores como exteriores y, en el descanso, imágenes preciosas de Burgenland, el estado federal más reciente, con sus viejos castillos, la casa de Liszt o su lago Meusiedl, ilustradas con músicas de Liszt y Haydn, ligados a la región, en una impecable realización de la ORF.

No hubo público, pero sí aplausos al acabar ambas partes, recogidos digitalmente de quienes, unas siete mil personas, se apuntaron a una web y los enviaron. También se proyectaron sus fotos en un enorme mosaico. No faltaron las palabras. Un representante de la orquesta, que tocó sin mascarillas, recordó el esfuerzo realizado por mantener la agrupación en vivo, con gran cantidad de tests, sus actuaciones en streaming o la gira por Japón, tras demostrar con un estudio la garantía de salubridad. Muti, por su parte, con enormes ojeras, alabó que los músicos tengan flores como armas e insistió en que la música no es sólo un entretenimiento, sino una misión para quienes a ella se dedican a fin de conseguir una sociedad mejor, más sana mentalmente. Lo expresó justo antes del célebre “Danubio azul”, mencionando sus ondas de tristeza, alegría, vida y muerte.

Mientras tanto, la Filarmónica de Berlín, con Kirill Petrenko al frente dedicaba anoche su concierto de fin de año a España con Partituras de Falla y el “Concierto de Aranjuez” con Pablo Sáiz-Villegas como solista a la guitarra.