Teatro

David Mamet, un ataque a Weinstein con mucho humor

Juan Carlos Rubio dirige en Madrid «Trigo sucio», la pieza en la que el dramaturgo estadounidense carga, desde la comedia, contra los abusos en la industria de Hollywood

Eva Isanta hará de la fiel escudera de Nancho Novo en el teatro Reina Victoria
Eva Isanta hará de la fiel escudera de Nancho Novo en el teatro Reina Victoria FOTO: . Pentación

Barney Fein no lleva el nombre de Harvey Weinstein, pero todos sabemos que es él. Un corpulento productor en la Meca del cine que busca, sobre todo, mantener su poder y llevarse a la cama a la primera chica mona que pase por su despacho con ganas de ser una estrella. Parece que no hay dudas, y, sin embargo, el bueno de David Mamet opta en «Trigo sucio» («Bitter Wheat») por no señalar directamente al acusado, por muchas que sean las evidencias y pocas las sutilezas. Tampoco lo oculta el autor al ser preguntado. Su productor de Broadway le puso sobre la mesa la idea de escribir sobre el hombre que provocó la bomba atómica del #metoo, él aceptó, «y así lo hice», sentenciaba para los pocos que tenían dudas en una entrevista para el «Chicago Tribune».

Sin embargo, John Malkovich, estrella del montaje en su estreno en Londres, buscaba abrir el abanico de los culpables. «No, no es particularmente Weinstein», confesó: «Trata de la industria y de cómo las personas en ese negocio y en puestos, digamos, de jefes de estudio se han comportado durante un siglo. Si la idea tal vez comenzó como una reacción a todas las noticias que surgieron sobre el caso Weinstein, David partió de esa idea y la desarrolló. Es una farsa sobre un magnate de los medios de comunicación muy mal educado». Terminaba señalando así a un productor de Hollywood con el que compartió trabajos («Rounders, 1998), aunque no aventuras: «Dicen que todos conocían su comportamiento, pero eso no es cierto. Nunca fue un tema de conversación cuando su nombre con el mío».

Más directa es Eva Isanta, que, a miles de kilómetros del lugar de acción de Weinstein, confiesa vicios del pasado: «En España no tenemos una figura comparable, aunque el poder estaba en manos de personas que se creían intocables y lo utilizaban para satisfacer sus impulsos sexuales con fotos en bikini o invitaciones a cenas. Si no aceptabas estabas fuera. Eran situaciones que se tapaban porque fue un comportamiento normalizado. Todas hemos vivido esas cosas cuando empezábamos, pero era otra generación. Hoy las mujeres reaccionan de otra manera más espontánea y contundente», explica la actriz que en «Trigo sucio» se convierte en la «mamporrera de Fein», según Nancho Novo (Barney Fein). «Es una mujer inteligente, fuerte y dura que elige convertirse en la mano ejecutora del protagonista. Compra a los medios si es necesario y hace de “madame”. Se vende por una posición social», comenta Isanta de su personaje y «después de ver todos documentales de Weinstein».

Novo, por su parte, es esta suerte de Harvey Weinstein que define como un personaje con «mucho de dicho poder populista, con don de gentes y que no duda en hacer valer su estatus con tal de conseguir lo que se propone. Tiene el dinero suficiente, que al final es el poder, para hacer lo que quiera». Aun así, el intérprete apunta a que, en su interior, es un hombre «tremendamente acomplejado». Algo que ni «todo el oro del mundo puede comprar». Hace hincapié en que la obra no solo habla de abusos sexuales, sino «de todo tipo»: «Quizá, el más significativo sea el acoso a un guionista al que hace la vida imposible, humilla, maltrata...». Una situación que al actor le recuerda a «cuando un productor intentó erradicarme de la profesión», aunque no da nombres.

Isanta y Novo son la mitad de un reparto que se completa con Candela Serrat y Fernando Ramallo y que se introduce durante un día en la vida de ese productor de cine norteamericano, ya en la cuesta abajo de su carrera, del que mostrarán todos sus tejemanejes, desde la compra de críticos al trato de su secretaria como si fuera una criada o los citados abusos sexuales. Para todo ello, Mamet se apoya en el humor: «Una comedia no es más que una tragedia rotada 90 grados. “Otelo” podría reescribirse como una farsa en una mañana; estructuralmente es una farsa de alcoba. La tragedia nos permite experimentar sin riesgo con el concepto de que todos somos pecadores; la comedia, con el de que todos somos necios», explica el dramaturgo.

Juan Carlos Rubio es el hombre que toma este texto para subirlo a las tablas del Reina Victoria madrileño y dirigirlo sin perder la esencia de esas risas que se dibujan en el original. «Solo un autor de su talla puede presentar este tipo de situaciones y darles la vuelta para que revienten en la cara del público y saquen ellos las conclusiones. A Mamet no le gusta dar certezas, sino abrir el melón y que cada uno se lo coma», comenta el director. «Es curioso cómo se puede llegar hasta a empatizar con Barney Fein y, de repente, el espectador se sorprende riéndose de cosas que no debería», añade Isanta.

Esas carcajadas son la vaselina con la que «Trigo sucio» lleva un tema tan árido como son los abusos hasta el patio de butacas y recupera la inercia iniciada por el #metoo. «Poco a poco se van consiguiendo que las cosas se destapen –dice Novo–. Así también se ha visualizado la violencia policial sobre los negros en EE UU. Hay que denunciar cuanto esté en nuestra mano, aunque no vayamos a acabar con todo el mal porque la historia de la humanidad está plagada de casos de abusos». «Es un triunfador equivocado. El éxito debe pivotar sobre otros motivos vitales. Porque si el éxito es eso, es una mierda», zanja Rubio.

  • Dónde: Teatro Reina Victoria (Carrera de San Jerónimo, 24. Madrid). Cuándo: hasta julio. Cuánto: 24 y 28 euros.

«SUCIA»: BÀRBARA MESTANZA TAMBIÉN DENUNCIA

Mestanza, junto a Nacho Aldeguer, llega hoy a La Abadía para abrirse en canal y contar su historia, la de la agresión sexual que sufrió hace cinco años en La Latina (Madrid). «Nace con la voluntad de responder a la pregunta de “¿por qué no hiciste nada?”. Nos la hacemos todas las víctimas», explica. Mestanza lamenta que «cueste aceptar que la víctima no es una chica que está perdida o que va borracha, sino que son todas. Se trata de visibilizar la realidad y dejar de ser doncellas perdidas en el campo: hay que enseñar que la víctima podría ser tu hermana». «Sucia» va más allá de la perspectiva de la abusada y propone un cambio de roles en el que Aldeguer será el hombre que esté en escena «viviendo lo que vive siempre una mujer. Así se apela a un sector de la sociedad masculino que se siente bastante lejos de imaginar estas cosas».
Teatro de la Abadía, Madrid. Hasta el 30 de mayo.