La policía aguanta las barreras frente al New York's Plaza Hotel, donde las fans esperan ver a los Beatles en 1964
La policía aguanta las barreras frente al New York's Plaza Hotel, donde las fans esperan ver a los Beatles en 1964AnonymousAP

Fantasías eróticas, pensamientos suicidas y conductas esquizoides: en la mente de los fans

Fred Vermorel publica «Starlust», un libro que se adentra en la mente obsesiva, sucia y un poco trastornada de los seguidores más fanáticos de los ídolos musicales

La música tiene una influencia radical en las vidas de los hombres. Define su ética y su estética, guía sus anhelos, proporciona respuestas que, sin entender cómo, solucionan problemas como por el efecto de un conjuro, algo que ni el cine ni los libros o ninguna otra forma de arte puede conseguir. «Eso es porque, al margen de la experiencia en directo, que no se puede comparar con ninguna otra forma de creación artística, la música es eterna en cualquier género. Pervive hoy en internet y la música buena del siglo XVI sigue siendo igual de magnífica en el XXI, pero donde más se queda es en la mente del que la ha escuchado, hasta el día de su muerte. Es instantánea, va directa al corazón», dice Fred Vermorel, autor de «Starlust. Las fantasías secretas de los fans», un volumen sobre las experiencias, sentimientos y locuras que experimentan los seguidores del gran culto moderno, el pop.

Vermorel llevó a cabo miles de entrevistas y recoge sus testimonios tanto en conversaciones como a través de centenares de cartas. Y son casi todos espeluznantes. Mujeres que no pueden hacer el amor con sus maridos si no imaginan que están en la cama con Barry Manilow y cuya vida sexual mejora cuando la fantasía aparece aunque el varón lo ignore. Lúbricos ensueños, pensamientos suicidas, conductas esquizoides, morbo y orgasmos. «Hay una especie de conversión de la relación del fan a casi fiel religioso. Esa intensidad del sentimiento es la clave, porque he hablado con muchos de ellos y suelen ser personas que, fuera de su afición, tienen unas vidas aburridas, existencias anodinas. En estos casos es mucho más interesante fantasear con que tienen a Barry Manilow entre las piernas que vivir sus vidas», señala Vermorel por videoconferencia desde Londres.

Mística y religión

A ese hecho hay que añadir, según el autor, la inaccesibilidad de las estrellas, lo que convierte la tarea de perseguirlas en algo casi imposible, pero no del todo. «Es una investigación detectivesca, disfrutable. Los buscan en los medios, en las revistas, en sus actos presenciales». Y les deben fidelidad, dedicación completa. Por eso, muchas veces se emplean terminologías paralelas para la iglesia y los admiradores. «Crean comunidades, erigen santuarios consagrados a ellos, inician auténticos peregrinajes a los lugares importantes de sus vidas, acumulan reliquias y padecen estados místicos... Tiene mucho que ver con la religión, sin duda. Quizá no con la convencional, pero sí con la mística. Ese tipo de creencias o sectas donde la gente se transporta y ve visiones en un culto heterodoxo». ¿El surgimiento de estos ídolos artistas es una consecuencia de de la pérdida de influencia de la religión en las sociedades occidentales? «Yo creo que sí. Aunque solo sea mi opinión, pienso que no hay duda de que cuando las religiones y las iglesias pierden peso aparece este tipo de cultos. En parte porque los fans saben que no llegarán a estar con sus ídolos y, menos, con los líderes religiosos», ironiza el escritor. Pues cualquier religión antigua es mejor que Barry Manilow, le respondemos. Vermorel ríe. «Curiosamente, entre sus admiradoras se dio el fenómeno más feminista de todas las estrellas. Forman una comunidad muy fuerte de hermandad que no va contra los hombres, pero que las empondera. En cambio, los fans de Bowie eran solitarios e introspectivos, por ejemplo».

El contenido de las páginas es muy inquietante, pero la percepción de Vermorel sobre sus protagonistas es siempre neutra. «Antes de escribir, trabajé en la industria musical. Y nunca me cayeron mal las chillonas, locas y exageradas fans que conocí antes y después del libro. Son seres humanos exactamente como yo, que se mueven con diferentes prioridades y visiones de la vida, y es como debe ser», explica. En el siglo XXI, muchos artistas han pasado del desprecio por sus seguidores a tácticas de «manipulación por redes sociales. Porque saben lo importantes que son todos y cada uno de ellos». Pero admitirá que es un poco espeluznante lo que piensan y lo que hacen. «Por supuesto. Hay que decir que muchos artistas están realmente asustados, tienen miedo de sus propios fans. Y con razón. El mejor ejemplo es Madonna, que ha vivido situaciones muy terroríficas, bastante desagradables, que la han puesto en peligro y que le generaron una desconfianza de la que nunca te libras. Algunos fans son capaces de hacer cosas muy disparatadas por sus ídolos».

Chalados y peligrosos
Aviso: abstenerse lectores de piel fina y corazones sensibles. Este libro posee una apariencia sencilla, la de exponer las cartas y testimonios de los fans de las estrellas de la música dirigidas a sus ídolos. De eso va, pero el asunto está en el contenido. Porque aquí hay poco de inocente y gracioso. Más bien, lo que existe son mentes enfermas y gritos de auxilio. Un ejemplo: «Si estuviera muy grave mamá escribiría a Nick (Heyward) para que me ayudara a recuperarme. Creo que sería la única forma de estar con él. Por favor, ayúdenme antes de que me pase algo grave». Y esto es lo más «light». El prólogo de Pete Townshend es pura indulgencia porque anuncia algo que luego no sucede: aquí no hay cariño, sino pura chaladura. Y de la peligrosa. Fred Vermorel hace una selección de sueños, deseos y afectos. Los ordena según Dios le da a entender (pasión, misterio, poder, obsesión, delirio y más) cuando en realidad todos van de lo mismo: demencia. La cuestión es que según avanzan las páginas todo es más de lo mismo: sueños disparatados, sentimientos perturbados, no pocas dosis de pornografía y enfermedad. Uno podría pensar que va a asistir a testimonios divertidos e historias más o menos curiosas, pero no. Lo que subyace acaba siendo incómodo porque te das cuenta de que esa gente necesita (o necesitaba) ayuda. Y pasan las páginas y no descubres más perfiles. Sí, claro, a veces pasan cosas graciosas, como esa fan que le pregunta a David Bowie: «¿De verdad eres tú el que escribe todos los horóscopos?». O alguna reflexión de calado: «Las estrellas están ahí arriba diciendo cosas que para ti son muy reales; tú te crees que están hablando de ti y mezclas su vida con la tuya. Pero eres una persona distinta y tienes tu propia historia». Aunque avanzar por las páginas se hace arduo porque el paseo por tanta locura llega a ser desasosegante. El libro ofrece una visión de la psique desviada de los más fanáticos seguidores de las estrellas. Por eso llegas a comprender por qué muchos ídolos prefieren pasar por antipáticos antes que complicarse la vida con semejante fauna.
Por Alberto Bravo

«STARLUST. LAS FANTASÍAS SECRETAS DE LOS FANS», Fred Vermorel. EDITORIAL CONTRA. 328 páginas, 19,90 euros