Música

«Tristán e Isolda», el mejor espectáculo del verano

Jonas Kaufmann y Anja Harteros, bajo la batuta de Petrenko, triunfan con la ópera de Wagner desde el pasado día 4

Kaufmann como Tristán en el actual Festival de Múnich
Kaufmann como Tristán en el actual Festival de MúnichfotoLa Razón

Los motivos para esta gran expectación no se le escapan a ningún aficionado a la ópera, ya que se anunciaba en el podio nada menos que a Kirill Petrenko en una de sus últimas apariciones en este teatro, y en escena se contaba con el debut en los temibles personajes de los enamorados nada menos que con Jonas Kaufmann y Anja Harteros, dos de las figuras indiscutibles del canto en los últimos años. Son muchas las veces en que las grandes esperanzas son seguidas por enormes decepciones, pero no ha sido así esta vez, en la que hemos podido disfrutar de una magnífica versión musical, así como de una gran fiesta vocal con sus matices, si se quiere, tanto por parte de los dos personajes titulares de la ópera como por el resto del reparto principal.

Para tan extraordinaria ocasión se encargaba una nueva producción, que lleva la firma del director de escena polaco Krzysztof Warlikowski. Su trabajo interesa en los dos primeros actos, mientras que el tercero resulta bastante extraño y fue la causa de los abucheos que recibió el día del estreno. Ofrece una escenografía única, obra de Malgorzata Szczesniak, consistente en una gran sala, que en el primer acto puede representar el camarote de la Princesa de Irlanda, siendo en el segundo la morada de Isolda.

En ambos actos no hay en escena sino unos elementos de atrezzo, compuestos por un par de butacas y un diván a la derecha del escenario. En los dos aparece con cierta frecuencia una gran pantalla en la que podemos ver proyecciones de motivos marinos en el arranque e imágenes del dormitorio de Isolda, a donde llega Tristán y se aman, aunque su amor en la visión del regista no es realmente físico, ya que los enamorados apenas se tocan.

Sigue el tercer acto con la misma escenografía, añadiéndose al fondo una gran mesa, a cuyo alrededor aparecen sentados unos muñecos y entre ellos el malherido Tristán, mientras que por delante vemos a Tristán atendiendo a una especie de doble del héroe, postrado en el diván y vestido como los muñecos, y que ya había aparecido en el preludio de la ópera con otra supuesta Isolda. Sorprendentemente, ambos Tristanes intercambian sus posiciones en varias ocasiones. Todo esto tendrá un profundo significado, pero parece que ni el público ni quien esto escribe han conseguido entenderlo. Finalmente, Tristán muere en el frente del escenario y allí tiene también lugar la Muerte de Amor de Isolda.

Una lectura impresionante

De la dirección musical de Kirill Petrenko no caben sino calificativos laudatorios y siempre en superlativo. ¡Cómo se van a echar de menos sus seis años en Múnich!, lo que no es menospreciar a su sucesor, Vladimir Jurowsky, que es un gran director, pero lo de Petrenko es de otra galaxia. Su lectura ha sido simplemente impresionante de principio a fin. Cómo ha cuidado siempre a los protagonistas... Formidable su lectura del segundo acto. Y magnífica también la prestación de la Bayerische Staatsorchester, que, bajo su director titular, alcanza cotas excelsas. En las mismas fechas, curiosamente, se está ofreciendo otro espectacular «Tristán» en Aix en Provence, con la dirección de Simon Rattle y la presencia en el reparto de dos grandes como son Stuart Skelton y Nina Stemme.

Como digo más arriba, debutaba en Tristán el tenor por antonomasia de los últimos años y muniqués de nacimiento. Jonas Kaufmann salió victorioso de la prueba. La voz resulta adecuada para el personaje, especialmente en el segundo acto, mientras que en el tercero su interpretación era más matizada e intimista de lo que estamos acostumbrados en otros intérpretes de voces más dramáticas. También convincente en escena, es un gran Tristán, aunque bien hará en no frecuentar demasiado el rol. Anja Harteros fue una Isolda con estupenda interpretación vocal y escénica, aunque en el primer aspecto hemos oído a voces más pesadas que la suya. Efectivamente, su voz no tiene la amplitud de la de una Nina Stemme, pero su canto es de una gran calidad. Su vibrato es mayor que hace un par de años y también hará bien en no frecuentar demasiado el rol. Su «Liebestod» revistió verdadera emoción.

Casi de lujo

El resto de personajes importantes se puede decir que fueron casi un lujo. Lo formaban Wolfgang Koch, digno de ser destacado en la parte de Kurwenal, tanto cantando como actuando. Otro tanto la mezzo Okka von der Damerau en la parte de Brangaene, con una voz importante. Finalmente, el Rey Marke era el bajo finlandés Mika Kares, que cantó con gusto y voz suficiente sus monólogos, destacando el del segundo acto. La impresión es positiva, aunque no es fácil borrar del recuerdo las interpretaciones del gran René Pape.

El teatro agotó sus localidades, limitadas a alrededor del 50 por ciento del aforo a causa de la pandemia. La representación tuvo una duración musical de 3 horas y 45 minutos, lo que es menos de lo habitual en esta ópera. Los aplausos finales se prolongaron durante 15 minutos, siendo triunfales para los cinco principales personajes y especialmente para Jonas Kaufmann y Anja Harteros. Por encima de todos, las ovaciones y bravos más atronadores fueron dedicados a Kirill Petrenko. El precio de la localidad más cara es de 293 euros, lo que hace pensar en los de otros lares…El estreno tuvo lugar el pasado día 4 y la última función será el 31. Y, en medio de ellas, Kaufmann se desplazará al Teatro Real madrileño y a Peralada para cantar «Tosca».