Cine

Walter Stürm, el Rey de las fugas suizo que se convirtió en icono pop

Oliver Rihs estrena “Pájaros enjaulados”, basada en la historia personal este activista izquierdista, criminal y trilero célebre en la Suiza de los ochenta y noventa

"Pájaros enjaulados" es la nueva película de Oliver Rihs, sobre el activista y criminal suizo Walter Stürm
"Pájaros enjaulados" es la nueva película de Oliver Rihs, sobre el activista y criminal suizo Walter Stürm FOTO: La Razón (Custom Credit)

A mediados de los ochenta, en la Suiza que todavía se intentaba reconciliar con sus años de aquiescencia vergonzosa durante la Segunda Guerra Mundial, la figura de Walter Stürm dio al traste con la imagen de idilio pacífico que el país quería vender a Europa y al mundo. Este activista, estafador, trilero e icono político, no solo puso patas arriba al Gobierno helvético con las manifestaciones y las revueltas que inspiró, sino que también forzó, en cierto modo, una reforma completa del sistema penitenciario de aquel país. Símbolo ahora de la contracultura suiza, y figura eternamente discutida por su “peculiar” sistema moral, Stürm se fugó hasta en ocho ocasiones de la cárcel y, de la mano de su abogada Barbara Hug, tuvo en vilo a todo el país durante casi dos décadas.

A veinte años de su fallecimiento, el director Oliver Rihs (Zúrich, 1971) estrena en nuestro país “Pájaros enjaulados”, una especie de “biopic” de Stürm y Hug en el que se narran sus distintas fugas, su conversión en figura casi pop de Suiza y, sobre todo, su lucha por un sistema penitenciario más justo y menos cruel. Rihs, que visitó España la semana pasada, habla con LA RAZÓN sobre una película que, si bien ya no es delicada en la Suiza verde y opaca del 2022, sí ha costado estrenar por culpa de la pandemia. Entre el carisma y la maldad, entre lo adorable y lo criminal, Rihs da una imagen completa del mito, sin abrumar con la contextualidad, y ayudando a entender cómo un país consumido por la drogodependencia se convirtió en un ejemplo de democracia exportable.

"Pájaros enjaulados" está protagonizada por Joel Basman y Marie Leuenberger
"Pájaros enjaulados" está protagonizada por Joel Basman y Marie Leuenberger FOTO: La Razón (Custom Credit)

-¿Fue difícil levantar la película a nivel de producción? ¿Afectó la pandemia?

-Mucho, muchísimo. La película se terminó hace ya dos años, y recién la hemos podido estrenar. Justo ahí se empezaron a cancelar los festivales y, a los pocos que se hicieron presencialmente después, era imposible ir. Para lanzarla, esperamos a cuando la cosa parecía ir mejor y, de repente, se volvió a cerrar todo. Ha sido desesperante, pero es nuestro camino y así lo hemos sufrido.

-En la película apenas hay referencias explícitas al contexto. No es obvio en ese relato e invita al espectador a seguir la historia, no el contexto o la realidad.

-Sí, fue totalmente intencionado. Esas narrativas en las que se coge al espectador de la mano y se le va guiando no me interesan lo más mínimo. Prefiero lanzar al espectador directamente a un contexto y que, por qué no, se sienta perdido en las imágenes reales, que se centre en la historia que estamos contando y no en la Historia con mayúscula. Es mucho más interesante como director.

-Después de acercarse tanto al personaje, ¿cómo definiría él a Walter Stürm? ¿Cuál es su opinión personal respecto a su historia, tan rocambolesca?

-Mi concepción sobre su figura ha cambiado muchísimo. De joven le admiraba, por sus escapadas y su capacidad para, entre otras cosas, reírse de sus propios captores. A medida que me he ido acercando a la persona, más que al personaje, me he dado cuenta de que es un sociópata. Era un hombre extraordinariamente solitario.

-¿Y cómo trata entonces al personaje? Pese a sus delitos y faltas, sigue siendo alguien tremendamente carismático en la película.

-Claro, era difícil la construcción del personaje que vemos en la película porque siempre se movió en los grises. Era carismático, atractivo para unas mujeres con las que siempre acabó mal y, en el fondo, un camaleón absoluto. Por eso me atraía el mito, porque nos permitía presentarle de manera distinta en cada escena, que nunca se supiera cuál de las caras de Walter Stürm íbamos a ver. Yo creo que ni él lo sabía, porque vivía en una especie de mitomanía constante de la que es difícil escapar cuerdo. Acabó sin tener un concepto muy claro de su propia identidad.

-A la hora de que sus actores prepararan a los personajes, ¿dejó que investigaran acercándose a las familias reales de los mismos o buscaba un encaje totalmente ficcionado?

-Hablamos con muchas personas que les conocieron de cerca y después, al verles en la película, quedaron asombradas por lo real que parecía todo. Y respecto a eso, hay una casualidad increíble que se dio en el proceso de la película. Después de elegir a Joel Basman para el papel protagonista, él me contó que había vivido en la misma calle que Barbara Hug, y la había podido observar desde siempre. Cómo andaba, cómo reía, cómo se comportaba. Eso nos ayudó mucho, sobre todo a Marie Leuenberger a la hora de preparar su personaje. Fue increíble.

-En la película hay una reflexión explícita sobre los sistemas penitenciarios. Y es un tema complicado e impopular. Ningún político defenderá nunca las condiciones de los presos, porque no da votos. ¿Es “Pájaros enjaulados” una defensa de los que nadie defiende?

-Podría ser. Por eso quería meter la referencia a los estudios de Focault sobre la cárcel y el castigo penitenciario. Sobre todo por criticar hasta qué punto sirve esa institucionalización. Yo creo que no sirve, que es un sistema impropio del avance humano. Y el análisis no es tan complicado: la gran mayoría de los presos que están en las cárceles no deberían estar ahí. Nadie gana nada. Deberíamos tener otro tipo de instituciones. Las cárceles al uso solo sirven para criminalizar y como aviso a los que nunca han delinquido, poco más. La resocialización no existe.