Castellano florido

Paco fue mi profesor en la Escuela de Arte Dramático. De ese maestro conservo, fundamentalmente, las risas. Acabábamos las clases revolcados por el suelo cada día. Nos daba Espacio Escénico y nos contaba toda su trayectoria, de cuando hacía escenografía y montaba sus decorados hasta sus espectáculos. Me viene a la cabeza eso, lo divertido que podía llegar a ser aquello que ahora me tiene enganchado. Tenía una memoria que me recuerda a la de otro monstruo como José Sacristán, con el que he tenido el gusto de trabajar recientemente. Gente con una capacidad prodigiosa que años después recita las letras de sus obras de carrerilla, algo que una persona como yo, que no me acuerdo ni de la mitad de cosas que hice ayer, valora mucho. Pienso en Paco y le veo con sus anécdotas de óperas y otros montajes. Me parece lo más similar a un hombre del Renacimiento, porque fue de todo, y todo bien. Un artista con una ficción brutal y con un mundo estético y del teatro absolutamente deslumbrante. Y qué decir de sus textos... Con el lenguaje, compuso un mundo particular y personalísimo a través de un castellano florido y algo que te lleva directamente a la belleza. La palabra de Nieva se encarama por sí sola. Espero que quede para siempre y que la gente que vaya a la sala Paco Nieva no se tenga que preguntar quién fue, sino que se sepa de antemano, por favor. No hay otra opción que mantener vivo su teatro, porque es la mejor manera de preservar y honrar su memoria y su lenguaje. Que éste no se nos vaya achicando y haciendo estrecho y átono, que tenga esa cosa florida y musical. Sonora en el mejor sentido de la palabra, como los fuegos artificiales, que eran la efervescencia del lenguaje de Paco Nieva.