Cultura

Centenario de la Legión: Xauen, la retirada que no tuvo una sola baja

Con motivo del centenario de la Legión el 20 de septiembre de 2020 LA RAZÓN continúa su serie escrita por los mayores expertos en la materia que cada mes arrojarán luz sobre la historia y el presente de uno de los cuerpos más admirados por los españoles. El hito de la misión de la ciudad de Xauen es uno de ellos.

Con motivo del centenario de la Legión el 20 de septiembre de 2020 LA RAZÓN continúa su serie escrita por los mayores expertos en la materia que cada mes arrojarán luz sobre la historia y el presente de uno de los cuerpos más admirados por los españoles. El hito de la misión de la ciudad de Xauen es uno de ellos.

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Las unidades del Tercio no pararon de combatir, desde su fundación en 1920 hasta la finalización de las campañas de Marruecos en 1927. Intervinieron en todas las operaciones importantes y en los principales combates: sumisión de la Yebala, auxilio a la comandancia militar de Melilla y reconquista del territorio, después del desastre de Annual, repliegue a la línea Estella en el sector occidental, desembarco de Alhucemas y campañas posteriores para someter al Rif, socorro a posiciones asediadas, etc. Todas las acciones anteriores se hacían a costa de grandes sacrificios y bajas (blocao de la Muerte, Casabona, Ambar, Tizzi Aza, etc.), por lo que ha llamado más la atención al imaginario público y a los historiadores.

Vamos a relatar, en esta ocasión, una acción que se realizó sin bajas, aunque no sin abnegación y sacrificio, como fue la retirada de Xauen en 1924. Operación que supuso una gran pericia en su concepción, dirección y ejecución, y que tuvo el sello inconfundible del jefe del Tercio, teniente coronel Franco, que siempre operó con gran eficacia y escasas bajas.

Repliegue general

El general Primo de Rivera, presidente del Directorio Militar, y de convicciones abandonistas del protectorado español, decidió realizar un repliegue general de las posiciones españolas, en el sector de Tetuán. Las finalidades eran reducir el área geográfica ocupada militarmente, y de esa forma disminuir la presencia de tropas, economizar recursos financieros y, sobre todo, tener menos bajas de combate, que tan sensibles eran a la retaguardia española.

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Los mandos africanistas eran contrarios a esta idea, porque la consideraban una decisión errónea y muy peligrosa. Conocían la idiosincrasia de los cabileños y sabían que era un error porque, solo con el conocimiento de que íbamos a abandonar el territorio, todas las cabilas se iban a sublevar contra los españoles (las cañas se tornarían lanzas). Era también muy peligrosa porque las operaciones de repliegue de fuerzas son muy complejas, difíciles de ejecutar y muy sangrientas, porque eran donde los harqueños eran más agresivos, reforzados y estimulados por las posibilidades de botín, y también eran consumados expertos en aprovechar los errores de los movimientos retrógrados para ocupar posiciones ventajosas, para mejor acosar o bloquear a las unidades que retrocedían.

El Directorio Militar hizo pública una nota anunciando que se desmantelaban y retiraban las guarniciones, entre el río Lau y Xauen, de forma ordenada, para apoyarse en la costa, mediante una línea fuerte que protegiera las poblaciones de Tetuán, Ceuta, Tánger, Arcila y Larache. Efectivamente esa sola nota provocó la inmediata insurrección de las cabilas del sector, lo que obligó a fuertes combates y numerosas bajas, para socorrer a las posiciones aisladas y para replegar, en su caso, a sus guarniciones. Además, las fechas elegidas para la retirada (otoño) no eran las más adecuadas, porque las lluvias enlodazaban el terreno y los caminos, dificultando los movimientos y aumentando las fatigas. Xauen tenía una gran carga política y religiosa por ser considerada una ciudad santa, desde tiempos ancestrales. Estaba situada en un profundo valle, dentro de una región montañosa y muy abrupta. La ciudad y sus accesos estaban dominados por alturas, con observación directa sobre Xauen y que cerraban su único y encajonado acceso por el norte.

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El general Castro Girona salió de Xauen, el 15 de noviembre, con la vanguardia y grueso de la columna en retirada. La retaguardia lo tenía que hacer, dos días después, al mando del teniente coronel Franco, para lo que contaba con cinco banderas legionarias, todas excepto la II, que estaba destacada en Larache.

Desmanteladas y replegadas las posiciones avanzadas del sector de Xauen, todas las alturas y zonas dominantes que rodeaban Xauen se llenaron de harcas enemigas, que establecieron numerosas y fuertes guardias, para que no se les escapase tan codiciada presa. La situación era muy comprometida y la mejor opción era que el movimiento de retirada se hiciera por sorpresa, para pasar desapercibidos a los enemigos, el mayor tiempo posible.

Franco dio la orden de que los legionarios hicieran vida normal, con absoluta tranquilidad, haciendo instrucción y distribución habitual de los ranchos. Recurrió al antiguo ardid de los bausanes, estratagema conocida ya en el siglo XVI. Un bausán es una «figura o monigote artificial de un hombre, embutido en paja, y vestido con sus armas. En lo antiguo lo usaron mucho y se ponía detrás de las almenas de algún castillo... Para engañar y detener al enemigo». Hizo fabricar, con el mayor secreto, centenares de muñecos vestidos con uniformes legionarios.

Discreción absoluta

El momento elegido para la salida fue la noche del día 16, pero esta información solo la conocían un número reducido de mandos, con el objeto de mantener la discreción. Se preparó a la fuerza para que la marcha nocturna fuera con el mayor sigilo: absoluto silencio, prohibido luces y fumar, disparar y hablar, los cerrojos de los fusiles y utensilios metálicos cubiertos para que no brillaran y no hicieran ruido. Las fogatas de las guardias enemigas de los rifeños servirían de referencia.

Los bausanes se colocaron hábilmente en las aspilleras de los parapetos. El movimiento se inició a las 12 de la noche, con el mayor disimulo y orden, que pasó inadvertido del enemigo, a pesar de que eran avezados observadores y ocupaban privilegiadas posiciones. La fuerza abandonó Xauen sin ser hostigada. El avance prosiguió durante varias horas de esa madrugada, del día 17, con solo alguna débil oposición.

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Los harqueños enemigos no se dieron cuenta, hasta clarear el día, que habían sido engañados y que los españoles habían abandonado Xauen; pero para entonces, Franco y sus legionarios ya habían alcanzado la posición de Dar Akoba, donde desplegaron para descansar en sus proximidades y rechazaron, mediante simples tiroteos, el hostigamiento de un enemigo que despechado trató inútilmente de tomarse el desquite.

La operación de repliegue de la columna general continuó, como estaba prevista, hasta las inmediaciones de Tetuán, pero las circunstancias fueron otras y se cumplieron las previsiones de los militares africanistas de que sería muy sangrienta.

La misión se había cumplido exactamente, en forma y tiempo, y sin una sola baja. El éxito había sido total. Primo de Rivera felicitó a Franco, diciendo de él: «Nadie ha luchado con más perseverancia y con más capacidad que este invicto jefe en las campañas de Marruecos», y sus méritos fueron reconocidos con una segunda medalla militar individual.