Cine

«Ice Age: El gran cataclismo»: ¿Cuándo se derretirá el hielo?

Directores: Mike Thurmeier y Galen T. Chu. Guión: Michael Berg, Aubrey Solomon, Michael J. Wilson. Música: John Debney. Estados Unidos, 2016. Duración: 94 min. Animación.

En efecto, quién duda que las bicicletas, y las sagas cinematográficas, son para el verano. Junto a la tercera entrega de «Election», que va una páginas por delante, nos topamos hoy por la misma regla con «Ice Age: El gran cataclismo», o sea, la quinta ración ya de aquella película originariamente estrenada en 2002 y dirigida por Chris Wedge y Carlos Saldanha, la historia, ambientada en la epoca glacial, de un mamut, un perezoso gigante y un tigre de fauces descomunales pero más bueno que el pan que deciden ocuparse de un bebé humano perdido por su familia muy en la línea de «El libro de la selva» pero con tropecientos grados por debajo. La película gustó a los menores y no aburrió mucho a los adultos, de ahí que la taquilla la recibiera con honores y que la maquinaria pronto comenzase a echar chispas para concebir los posteriores «congelamientos» varios hasta llegar a la que nos ocupa. Aunque mucho ha nevado desde entonces, de manera que a los protagonistas iniciales del filme, ya sea por puro aburrimiento de los guionistas o para buscar posibles nuevos ganchos, le han ido adhiriendo otros personajes pintorescos mientras algunos de los veteranos ya van incluso para abuelos, que el tiempo pasa y los años pesan, sobre todo a un animal tan mastodóntico. Y, otra vez, vuelve de nuevo la ardilla Scrat a poseer un papel clave en la historia: esa obsesión por la inalcanzable bellota la lleva a provocar ahora un terrible accidente «galáctico», y, así, un asteroide se dirije a la Tierra amenazando con acabar con el planeta y cuantos la habitan. Claro, Sid, Manny, el yerno de éste que tan poca gracia le hace, Diego y el resto de la manada intentarán impedirlo por todos los medios. Resulta, pues, comprensible que a estas alturas el público esté algo harto ya de la pandilla, a lo que no ayuda precisamente que, en el fondo, y aun cuando continúe siendo epatante desde el punto de vista visual, se trate solo de un mera sucesión de «gags» en mayor o menor medidas afortunados y cosidos un poco como Dios les dio a entender. Volvemos también a las sempiternas citas cinéfilas y hay un puñado de divertidas criaturas que han bebido de una especie de fuente marciana para la eterna juventud que sufren de lo lindo cuando las carnes les envejecen de pronto, mientras Scrat continúa suspirando por ese obscuro objeto de deseo, y sin embargo, una tiene únicamente un pensamiento en la cabeza tras abandonar la sala: el próximo whisky, mejor sin hielo.

LO MEJOR

Nos repetimos como el ajo, pero la estridente ardilla sigue teniendo el mismo carisma de siempre

LO PEOR

Quinta entrega ya de la saga, los personajes originales se «pierden» ante tantos nuevos secundarios