Pablo Berger: «Lo que importa en el cine es la emoción»

Diez Goya. Ni más ni menos. Ése es el «botín» de Pablo Berger tras una gala ajetreada, con errores, quejas, críticas, algo de aburrimiento pero, pese a todo, buenas películas. Como «Blancanieves». Una auténtica joya que el 29 de marzo se estrenará en Nueva York, donde tal vez haya que explicar que el proyecto es «incluso más antiguo que el de "The Artist"». Aunque la máxima ambición de Pablo Berger, aún más que el sueño americano, es recorrer España con «Blancanieves» y una orquesta en directo. De momento, desde el lunes pasado, la taquilla ha aumentado un 508 por ciento.

-Enhorabuena, es usted el hombre del momento.

-Durante 5 minutos, que no está mal, ¿eh?

-Esperemos que sea algo más de cinco minutos tras 8 años de «parto».

-A mí me gusta un refrán japonés –mi mujer es japonesa– que dice: «Si tienes prisa en llegar, coge el camino más largo». Este camino ha sido largo, y yo tengo prisa en llegar, en establecer mi carrera. No quiero quedarme en «Blancanieves»; deseo hacer más cine. Quería que la película tuviese repercusión mediática para poder hacer la siguiente.

-Pues la repercusión ya la ha conseguido, pero no me diga que, acostumbrado como está a que todo su trabajo siempre reciba premios (ahí están sus cortos y la película Torremolinos 73), no se esperaba unos cuantos Goya...

-No te lo digo... Pero empiezo a estar un poco sobrepasado, porque la verdad es que todo empezó en Toronto, donde uno de los mayores premios fue levantarme y ver la crítica de Roger Ebert. Para alguien como yo, que ha vivido en EE UU, Ebert es como el dios de los críticos... Y que dijera que la película le parecía una joya...

-Lo es...

-En todo caso lo que más me emociona es que después de los Goya, empieza a ir a ver la película todo tipo de espectadores, que salen del cine con los ojos como los del gato de Shrek, absolutamente emocionados. Para mí el regalo más maravilloso es cuando gente muy joven me dice: «Me gustan las películas de Hollywood. No había visto nunca una película ni en blanco y negro ni muda y ésta es mi película favorita del año».

-¿De verdad pensó usted desde el principio que una película muda y en blanco y negro podría llegar a ser comercial?

-Pues sí, porque para mí la era dorada del cine son los años 20 y he vivido experiencias extra- sensoriales viendo cine mudo, sobre todo con la orquesta en vivo... Así nació el proyecto. En al año 85 u 86, al salir de ver «Avaricia» en el Festival de San Sebastián, en el teatro Victoria Eugenia, con orquesta en vivo y Carl Daves dirigiéndola, me quedé sin respiración. Estaba como en trance. Y enseguida pensé: «Si yo pudiera compartir esto con un público más amplio, que jamás ha ido a una filmoteca, que no es cinéfilo como yo, creo que alucinaría».

-¿Para lograrlo le pidió tres palabras a su hija, qué se yo, «manzana», «madrastra» y «princesa», y salió el cuento de «Blancanieves»?

-Pues podía haber sido así, porque eso es lo que hago por las noches con ella: le pido tres palabras y de ellas saco un cuento o se las doy yo a ella para que se lo invente. Es mi gimnasio mental, uno para cuentistas, que obliga a improvisar historias.

-Pero no le saldrán cuentos mudos...

-Eso era pura anécdota. Incluso el hecho de que lo sea puede aumentar las emociones. Y lo importante en el cine son las emociones. Sabía que habría empatía con Blancanieves.

-Sobre todo porque la convirtió en una Blancanieves a la española, ubicada en el mundo de los toros...

-La verdad es que a mí ni siquiera me gustan especialmente los toros... Lo que sí me gusta es que hay mucha gente que me dice «soy antitaurino, pero me gusta tu película».

-Pero está claro que, además del cuento, ha ayudado la manera taurina de contarlo, como también trabajar con un espectacular elenco de actores...

-He hablado mucho al referirme a esta película de Hollywood Ibérico, porque lo que quería era una película al estilo de Hollywood pero de aquí, con grandes decorados y grandes estrellas como Maribel Verdú, Ángela Molina, Daniel Jiménez Cacho, José María Pou, Inma Cuesta...Y no quería parar hasta encontrar una niña como Ana Torrent, y apareció Sofía Oria ,y una adolescente con la frescura de Penélope Cruz en «Jamón Jamón», y ahí está Macarena García.

-Todos están espectaculares... Maribel Verdú espléndida de mala malísima...

-Tiene ese poder de hacer de mala y dar miedo y risa a la vez, que era lo que yo quería.

-La pena es que tras su discurso al recoger el Goya, se habla más de sus reivindicaciones que de su interpretación...

-Sí. Y yo creo que es un poquito injusto. Cuando recogió el premio, yo estaba sin parpadear, mirándola emocionadísimo, mientras me decía aquellas cosas tan bonitas...Y luego creo que cuando habló de un sistema injusto, dijo grandes verdades. No se estaba atacando al Gobierno. El mensaje hubiese sido el mismo independientemente de quien gobernase. Así que suscribo las palabras de mi madrastra.

-Tal vez las galas no son el mejor sitio para las reivindicaciones...

-No he visto la gala con perspectiva, pero creo que las ceremonias tienen que tener un poquito de todo: risas, lloros y también reivindicaciones. Pero, como en cualquier historia, interesa más cuando hay un conflicto de familia que cuando todo está bien.

-Pues además de ese conflicto estuvo el de los sobres trastocados en la entrega del Goya a la mejor canción...

-Me quedé alucinado. Llegué a pensar que era un chiste del guión...El error beneficiaba a raperos, no eran gente del cine... ¡Así que imagínate lo que les podía suponer un Goya! Cuando finalmente escuché que éramos nosotros, no sabíamos qué hacer...

-Lo que no es chiste es que los españoles no vamos a ver cine español.

-Es raro. No pasa con la música, ni con la literatura. Cuando voy a París, Nueva York o Londres, decir cine español es hablar de una de las cinematografías más punteras. Tenemos de líder a un general que es Almodóvar. Y luego a Isabel Coixet, a Amenábar, Fernando León, Álex de la Iglesia, Trueba, Bayona, Rodrigo Cortés... Penélope, Javier, Antonio, Maribel... Directores de fotografía españoles... Quizá tiene que ver con algunos excesos de los 80, que hicieron pensar que el cine vivía de las ayudas...

- ¿Y no es así?

-En absoluto. Este año toda la industria ha recibido 39 millones. Si colocas a todos los países europeos, España, Francia, Italia, Inglaterra, e incluso a EEUU, verás que España recibe, proporcionalmente, muchas menos subvenciones.

-¿Usted consiguió alguna subvención?

-No, a excepción de la que consiguen todas las películas que se producen en este país, que son a posteriori y nunca superan el 30 por ciento del presupuesto. Recibimos una sobre guión de 600.000 euros del Gobierno francés.

Personal e intransferible

De Bilbao, del 63, casado, con una hija, y con un enorme orgullo familiar, es de comer buen jamón ibérico, beber buen Rioja, reír la vida y la calle, y llorar cuando recoge un premio y se lo dedica a su mujer. Dice a carcajadas que tiene el síndrome de Diógenes («no tiro ni los VHS»), confiesa que colecciona Adidas, que lleva toda esta semana soñando con la niña de «El exorcista» y que tiene claro que la banda sonora de su vida, pese a su Goya logrado con una bulería, es «la música de Mocedades, mis primos. Tengo todos sus discos en mi mente».