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Pixar recupera la memoria

La secuela de «Buscando a Nemo», en la que Dory toma el protagonismo para buscar a su familia, llega a nuestros cines con un arranque espectacular: 200.000 espectadores en su estreno el miércoles

  • El pulpo Hank junto a Dory, en un fotograma de «Buscando a Dory»
    El pulpo Hank junto a Dory, en un fotograma de «Buscando a Dory»

Tiempo de lectura 5 min.

23 de junio de 2016. 23:08h

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23/6/2016

Muchos se preguntarán por qué Pixar ha tardado tantos años en revivir a los peces más famosos del océano tras el inmenso éxito cosechado por «Buscando a Nemo» en 2003. Todo se remonta al año 2011, cuando el director de aquella cinta, Andrew Stanton, estaba viendo la versión en 3D como un espectador más. «Me sentía muy frustrado –explica el director– con cómo acababa la película, ya que había muchas preguntas por responder: ¿qué le pasa a Dory?, ¿se iba a olvidar de Marlin y Nemo?, ¿de dónde era? Quería verla bien, tranquila y feliz».

El pez olvidadizo más querido por todos vuelve a la gran pantalla 13 años después y lo hace por todo lo alto. «Buscando a Dory», la secuela de «Buscando a Nemo» ya ha hecho historia en Estados Unidos, convirtiéndose en el mejor estreno de animación del país. En su primer fin de semana en las salas ya ha recaudado la increíble suma de 120 millones de dólares y además supone el segundo mejor debut histórico en el mes de junio, tras «Jurassic World», que recaudó 184 millones de dólares el año pasado. En España, donde la cinta se ha estrenado este pasado miércoles (un caso infrecuente), el arranque no ha podido ser mejor: 200.000 espectadores acudieron a las salas para reencontrarse con el pez olvidadizo.

Desde que Stanton decidió embarcarse en este nuevo proyecto sintió la misma presión que todos sufren al poner en marcha una secuela: ¿es ésta la historia que quiere ver el público?, ¿gustará como «Nemo»?, ¿es una idea suficientemente fuerte o será una secuela más que defraudará a los espectadores? Sin embargo, a diferencia de otras muchas segundas partes, «Buscando a Dory» capta la atención de la audiencia desde el primer minuto. Si en la primera parte a todos nos inquietaba la historia de la olvidadiza Dory (de dónde venía, por qué se separó de su familia), en este largometraje se irán contestando. Mientras que «Buscando a Nemo» se centra en la peripecia de ambos peces payaso, la nueva entrega concentra toda su atención en la aventura que vive el pez cirujano azul junto con sus dos amigos del alma. Este viaje que emprenden los tres personajes está lleno de acontecimientos que permitirán a Dory recordar momentos de su vida en forma de «flashback». Gracias a ellos descubrirá dónde se crió y dónde puede encontrar a sus padres.

De esta manera, emprenderá un viaje que le llevará a conocer a uno de los personajes estrella de esta película: el pulpo Hank, un solitario molusco al que le falta un tentáculo y que ayudará a la protagonista a buscar a su familia. Poco a poco, el pulpo gruñón y su nueva amiga irán estrechando su relación. Para Stanton, «Hank está para aprender de Dory y lo que descubre con ella es que no estamos solos y que debemos aceptar y celebrar el caos de la vida, vivirlo juntos y poder llegar a entenderlo para aspirar a una recompensa mayor. Es el optimismo de Dory lo que conquista a Hank».

w un pulpo poco amigable Este «septópodo» se convierte en uno de los personajes más recurrentes y, a pesar de su fuerte y malhumorado carácter, consigue el cariño del público. En su versión inglesa, Ed O’Neill es el encargado de doblarlo. Conocido por encarnar a un abuelo temperamental en la comedia americana «Modern Family» es el perfecto para poner voz a un pulpo que destaca por poseer el mismo carácter fuerte que el de esta celebridad televisiva.

Hank, que «chupa» pantalla casi tanto como Nemo y Marlin, no habría sido concebido hace más de trece años cuando sus creadores se encontraban inmersos en la primera película. La tecnología de entonces no les hubiera permitido diseñar un molusco de estas características. Les hubiesen tomado por locos, explica Stanton: «Sin contar con la animación, el pulpo Hank tardó en desarrollarse dos años, desde el diseño hasta la creación, cuando normalmente un personaje suele llevar de seis a ocho meses. Carece de una estructura interna, no tiene huesos. Es casi fluido y cuesta mucho expresar su rostro porque todo es a base de su mirada, apenas se le ve la boca. Por ejemplo, la escena en la que se encuentra en la sala de Cuarentena, en el fregadero donde intenta quitarle a Dory la etiqueta, nos llevó seis meses».

Sin duda, la creación de Hank es uno de los mayores retos a los que se han enfrentado. A él se une desarrollar un gran número de las escenas bajo el agua, una tarea que requiere mayor precisión y tiempo. Según asegura Lindsey Collins, productora de la cinta y encargada de darle un toque más femenino a la historia de Dory, «siempre estábamos pensando cómo íbamos a animar debajo del agua porque no es lo mismo que en tierra, es muy difícil. De hecho, cuando se mueven los personajes es muy distinto que cuando estamos fuera del agua, ya que lo hacen en todas las direcciones. A la hora de desplazarse deprisa hay que crear otras partículas que reaccionan a su vez, sobre todo por detrás. La cámara no estaba fija y, de esta forma, se puede mover con la corriente». Pero no todo han sido dificultades para el proceso de animación: «Este rodaje ha sido muy divertido y mucho más fácil en el sentido de que con la tecnología actual ha resultado más sencillo lograr esa ilusión», añade el director.

Hank no es el único amigo que Dory hace en la búsqueda de sus padres. Uno de ellos es el tiburón ballena Destiny, que juega un papel importante en esta aventura como amiga de la infancia de Dory. Destiny es la razón por la que el pez azul habla «balleno». Desde que era muy pequeña, Dory se comunicaba con ella como hacen las ballenas de su especie y, a pesar de su rápida pérdida de memoria, esta habilidad es algo de lo que parece no olvidarse.

El maestro, en acción

Con la ayuda de esta vieja amiga y la de otros personajes Dory vivirá una de las mayores aventuras posibles en la animación actual, de la que Staton es un reputadísimo referente. Demostrando precisamente por qué está considerado un maestro, el director impartió una clase magistral a periodistas y estudiantes de esta disciplina. En ella explicó el tiempo y trabajo que lleva una película de animación de este porte, para lo que fue mostrando bocetos de ambas películas: doce de la primera y nueve de su secuela. Este constante cambio, señala, requiere una gran paciencia por parte de todo el equipo: «Llega un momento en el que la gente pierde su capacidad de esconder la ansiedad».

En concreto, tres meses son los que le llevó escribir el guión. Una vez concluido se dedicaron a poner las voces a los personajes. Cada miembro del equipo encarnaría a uno para facilitar el trabajo a los dobladores. Cómo no, Stanton se encargaría de prestar su voz al padre de Nemo. A pesar de las constantes dificultades que se les presentaban, la película les llevó entre tres y cuatro años, una cifra no tan elevada si se tiene en cuenta el volumen de trabajo necesario para crear una secuela a la altura de la millonaria (en espectadores y recaudación) «Buscando a Nemo».

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