Eduardo Infante: "Si hoy viviese Aristóteles, tendría Twitter"

Publica «Filosofía en la calle» (Ariel), un libro de ejercicios para pensar la vida y vivir el pensamiento.

Publica «Filosofía en la calle» (Ariel), un libro de ejercicios para pensar la vida y vivir el pensamiento.

Eduardo Infante es un entrenador personal de la mente que, además de impartir clases en Gijón, ha escrito un libro de ejercicios para pensar la vida y vivir el pensamiento. En «Filosofía en la calle (Ariel)» se cuestiona, por ejemplo, cómo se supera una ruptura sentimental o cómo se afronta la muerte de un ser querido. Pero lo hace al modo de los atenienses, sustituyendo los gimnasios y plazas en los que filosofaban por redes sociales en las que exprime el coco a sus alumnos, un territorio donde la simplicidad y la ignorancia campan a sus anchas. He aquí un caminante convencido de que el camino hacia la felicidad pasa por la libertad, un autor defensor de que la mayor sabiduría es la de quienes pueden mirar hacia atrás y decir que han sido felices.

–¿Sabemos pensar?

–No. A los jóvenes no se les educa en el pensamiento crítico. En esta sociedad cada vez prima más lo emocional, y así se generan masas en las que el individuo pierde la capacidad de pensar por sí mismo y se vuelve fácilmente manipulable.

–¿Vivimos en un mundo infantilizado?

–Sin duda. Los discursos políticos, por ejemplo, demuestran que nos tratan como si fuéramos críos.

–¿La filosofía puede ser divertida?

–Desde luego. La filosofía es un pensar la vida y vivir el pensamiento. Y la vida tiene ese componente irónico. De hecho, mis alumnos suelen reírse conmigo. –Pero, en realidad, ¿qué es la filosofía?

–El ejercicio del pensamiento para buscar la libertad. ¿Para qué sirve tener libertad de expresión sin tener libertad de pensamiento?

–¿Hay filosofía en la calle?

–Sí, cada vez está más fuera del aula, ganando nuevos espacios. Hacer filosofía en la calle no es cuestión de prostituirla y convertirla en autoayuda o coaching. Se trata de elevar el discurso del ciudadano, de introducir las reglas del diálogo racional.

–¿Y eso de qué nos salva?

–La filosofía es un antídoto contra la estupidez y la manipulación.

–¿Es útil o valiosa?

–Es inútil, pero tiene valor. Los saberes útiles nos hacen competentes, mientras que los valiosos nos permiten entender mejor el mundo y acercarnos al bien, a la belleza y a la verdad. Solo cuando se piensa de manera libre se puede vivir de manera libre.

–¿Usted cree que somos libres?

–Hay quienes hacen el esfuerzo de pensar libremente, pero hay quienes se preocupan más por tener un cuerpo fuerte. En cualquier caso, el camino hacia la felicidad pasa por la libertad.

–¿Hasta qué punto las redes sociales nos atrofian la mente?

–Existe un interés para que los jóvenes sean incompetentes en su manera de pensar. Las redes sociales generan discursos que llevan a la simplicidad, y eso es preocupante.

–¿Aristóteles tendría Twitter?

–Sí, porque él consideraba que el hombre es un ser social por naturaleza.

–¿Y si los políticos fueran filósofos?

–Nos iría mejor, ya que los filósofos se preocupan por el bien común, no por el personal o partidista.

–¿Hay un filósofo en cada uno de nosotros?

–La actitud que siempre tuvo el niño pequeño que fuimos de asombrarse ante lo desconocido, indignarse frente a la injusticia y maravillarse por la belleza es la propia del filósofo.

–¿Para qué sirve saber?

–Para ser feliz.

–¿Qué sabe la persona que más sabe?

–Sabe qué es la justicia. Y a partir de ahí descubrirá la felicidad. La mayor sabiduría es la de quien puede llegar al final de sus días y atestiguar que la vida que ha llevado es la de quien hizo lo que quiso, en la búsqueda de la libertad, la verdad y lo bello. O sea, la de quienes pueden mirar hacia atrás y decir que han sido felices.

–Filosofar tiene más que ver con preguntar que con responder. ¿Cuál es la cuestión fundamental que debería plantearse el ser humano?

–¿Qué puedo llegar a conocer? ¿Qué me cabe esperar? ¿Qué debo hacer?

–¿Usted qué le preguntaría a Dios?

–Que cuál es el sentido de la vida.

–Como profesor, ¿es el de la educación el principal problema de España?

–Por supuesto. Educación, libertad y democracia están totalmente relacionadas. La corrupción, la falta de entendimiento, la crispación, la incapacidad de llegar a acuerdos... son el reflejo de nuestra sociedad. La educación en España es un asunto político, no de Estado. Debería ser de todos y no de un partido concreto.