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El San Andrés de Rubens se exilia en el Thyssen

Las obras de remodelación del antiguo Hospital de San Andrés, sede de la fundación, obligan al majestuoso cuadro a exiliarse durante dos meses

  • El lienzo del maestro flamenco, con un marco diseñado también por el propio pintor, podrá verse dos meses en el Thyssen-Bornemisza / Foto: David Jar
    El lienzo del maestro flamenco, con un marco diseñado también por el propio pintor, podrá verse dos meses en el Thyssen-Bornemisza / Foto: David Jar

Tiempo de lectura 2 min.

12 de febrero de 2019. 03:03h

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Ulises Fuente 12/2/2019

La llaman obra invitada aunque quizá sería más adecuado decir que es refugiada. «El martirio de San Andrés» es la joya de la corona de la Fundación Carlos de Amberes, donde lleva desde 1639 salvo algunos breves períodos en el Monasterio del Escorial y el Museo del Prado.

Ahora, unas obras de remodelación del antiguo Hospital de San Andrés, sede de la fundación, obligan al majestuoso cuadro de Rubens a exiliarse, en este caso, durante dos meses, acogido por el Thyssen-Bornemisza. El lienzo es, además de majestuoso, testimonio de la antigua relación flamenco española. El Hospital original fue mandado construir por Carlos de Amberes y el lienzo era donado a la capilla por un compatriota suyo, el comerciante Jan Van Vucht, originario de los Países Bajos pero afincado en Madrid como representante de la imprenta Plantin-Moretus.

El lienzo, además, de temática cristiana, es reflejo de la huella que el dominio español dejó en las tierras del norte: cuenta la historia de San Andrés, que fue mandado crucificar por Egeas, procónsul de la provincia romana de Acaya, cuando éste se enteró de que el santo había convertido a buena parte de la población local al cristianismo, incluida la propia mujer del mandatario. El gran desafío de la obra para el maestro flamenco fue la composición: «Rubens se pasó años dando vueltas con el sentido de la crucifixión, girando la cruz para lograr la estructura que quería. Ésta es la primera vez que la representa en diagonal», explicó ayer el director del Thyssen Guillermo Solana, que admitió «haber codiciado la obra durante años». Fue una pieza especial en la trayectoria del pintor, con la que estuvo lidiando una década, y que terminó poco antes de fallecer. Las expresiones y los gestos de los personajes forman, como advirtió Solana, «un triángulo mágico en el que San Andrés es mártir del espectáculo rubensiano, lleno de dinamismo».

La Fundación Carlos de Amberes fue creada para dar cobijo en Madrid a los peregrinos de alguna de las 17 provincias de los dominios españoles en los Países Bajos, y era, pues, un lugar de refugio. Y su más ilustre huésped, un santo pintado por Rubens, necesitaba de albergue. Así que, como decía el presidente de la fundación, Miguel Ángel Aguilar, era «horroroso» y un contrasentido que Rubens hubiera terminado en el fondo de un almacén.

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