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Escitia, el país donde mandaban las mujeres

La ginecocracia, el gobierno de ellas, existió en algunas culturas y alimentó docenas de leyendas que nos han llegado a través de la cultura griega

  • Retrato idealizado de Zenobia, reina de Palmira, que hizo frente al imperio Sasánida, por un lado, y Roma, por el otro
    Retrato idealizado de Zenobia, reina de Palmira, que hizo frente al imperio Sasánida, por un lado, y Roma, por el otro

Tiempo de lectura 8 min.

13 de marzo de 2018. 20:32h

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David Hernández de la Fuente.  11/3/2018

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Las costumbres de los pueblos nómadas de las llanuras de Eurasia en la historia antigua, etiquetados bajo el cómodo pero inexacto cajón de sastre del nombre «Escitia», resultaban tan extrañas a ojos de los occidentales de entonces, los griegos, que se transmitieron numerosas leyendas e invenciones más o menos fantasiosas, sobre todo en lo que se refiere al grado de libertad y la preeminencia sociopolítica de las mujeres. Historiadores como Heródoto o geógrafos co-mo Estrabón dieron informes detallados de la situación de las mujeres entre pueblos bárbaros muy diversos, desde el Cáucaso a las estepas o al lejano occidente, y los escritores y artistas se complacieron en retratar a esas poderosas amazonas que, si hacemos caso a la interpretación evemerista de su leyenda, no habrían sido sino un trasunto mítico de la especial situación de la mujer escita. En su libro «Amazonas. Guerreras del mundo antiguo» (Desperta Ferro 2017), Adrienne Mayor estudia la leyenda de las amazonas desde la perspectiva histórica y con la tesis de que los contactos de los griegos con el mundo escita y la evocación del comportamiento sociopolítico de sus mujeres con-dicionó la leyenda de las mujeres guerreras: las anchurosas llanuras serían, así, el mítico lugar donde reinaron las fantásticas amazonas que, además, seguramente condicionaron todas las ideas griegas sobre la ginecocracia, es decir, que ocurriría si las mujeres gobernaran. Se decía que todo esto era puro mito pero, como otras historias que refiere fuentes como Heródoto sobre diversos pueblos o algunas figuras míticas de los vasos griegos, como las ménades, algunas referencias han sido confirmadas a lo largo del siglo XX por la arqueología o la epigrafía: así sucede con los hallazgos de esqueletos de mujeres en Altái con heridas de guerra o las momias de mujeres tatuadas y enterradas entre armamento para preparar su viaje al más allá como la llamada «princesa de los hielos» (Museo Hermitage, c. 500 a.C.).

Pensamiento único

Es muy significante toda esta tradición sobre los pueblos que se regían por mujeres para el surgimiento del pensamiento utópico griego acerca de la ginecocracia en relación con la política de la época clásica, tal y como se refleja en la literatura, en la filosofía. Escitia era, en cualquier caso, el lugar donde las mujeres mandaban por excelencia y los griegos se sentían fascinados por aquellas noticias –transmitidas por los escritores de viajes, oradores o historiadores– sobre comunidades fantásticas y utópicas allende su civilización que ponían en duda los cimientos del mundo griego –la propiedad privada y la familia patriarcal, notablemente– mediante curiosos sistemas que inspiraban su imaginación creativa tanto al menos como los proyectos de sus teóricos políticos. Se suponía que algunos bárbaros remotos se regían por un cierto matriarcado o que, incluso, vivían en comunidad de bienes y familias, por lo que tales ejemplos fueron referidos por ciertos sofistas con cierta admiración o como prueba de la convencionalidad de las leyes y de las costumbres: eso acaso reforzaba, por ejemplo, las ideas de Protágoras sobre la convención frente a la naturaleza y relacionaban el debate con la situación de la Atenas democrática, en endémica y sistémica crisis sociopolítica.

Muchos pueblos extranjeros eran conocidos por la comunidad de familias o, directamente, por la ginecocracia, como la tribu nómada de los agatirsos, relacionada con los tracios, que es descrita por el historiador Heródoto como un pueblo polígamo, tatuado y amante del lujo que vivía en la llanura del río Maris. Las fábulas sobre la promiscuidad de las mujeres bárbaras, su «poliandria» o, lo que es más atractivo, la imagen de unas mujeres poderosas y masculinizadas que ejercen el gobierno se relacionaba invariablemente con los pueblos de las estepas de Eurasia y encontraban múltiples reflejos en la mitología y en la literatura, si se tiene en cuenta la leyenda la gran cantidad de noticias disponibles sobre las Amazonas, los tracios, ilirios o chipriotas (incluso sobre nuestros cántabros se contará la leyenda del gobierno matriarcal en tiempos posteriores). También entre los griegos había lugares donde las mujeres ostentaban cierta relevancia e incluso poder sociopolítico, como entre ciertas ciudades cuya legislación e instituciones como la de las «patrouchoi» –con la posibilidad de heredar y ser titulares de patrimonio– parecían conceder a las mujeres más libertades, cosa de la que, en el caso de Esparta, se lamentaba Aristóteles, que achacaba a esto la decadencia de la ciudad.

La «Lisístrata» de Aristófanes

Como quiera que sea, el debate sobre la reforma de la sociedad a partir de una aplicación al conjunto de la «polis» de recetas utópicas basadas en sus elementos básicos, se agudiza en la épo-ca de la guerra del Peloponeso, sobre todo en su fase final. Sus ejemplos afloran especialmente en Atenas, laboratorio del pensamiento utópico antiguo, y tiene como cuestión central para la reforma política, no por casualidad, en el plano literario la idea del papel político de la mujer. Así, la «Lisístrata» de Aristófanes –una comedia sobre el poder femenino ya de por sí, con la huelga sexual para parar la guerra como trasfondo– presenta una utopía de gobierno basada en la habilidad típica de las mujeres, es decir, el arte del telar: se habla de reunir las distintas capas sociales y gobernar como quien «teje un manto» (575 ss.). Otra comedia suya, «Asambleístas», muestra a mujeres que rigen la ciudad y se visten como hombres, enunciándose ideas utópicas como «establecer una vida común e igual para todos» (588 ss.). Las diferencias con las posibles ginecocracias históricas, como la escita, son ciertamente claras, pero salta a la vista incluso en un tratamiento paródico como este la relevancia del tema del gobierno femenino como idea central de las propuestas utópicas de reforma sociopolítica, hasta llegar más tarde a las propuestas de Platón, en las que la mujer tiene un papel muy relevante.

La inspiración, entre mito e historia, de estas ideas que surgen en los siglos V-IV a.C. puede relacionarse con las noticias sobre pueblos de tradición matriarcal. Entre ellos destacan siempre las legendarias guerreras nómadas de las estepas eurasiáticas que pasaron al imaginario griego como las «amazonas», personajes indispensables en la mitología, las representaciones en la pintura sobre cerámica griega o en las decoraciones escultóricas de los templos arcaicos, como símbolo de barbarie y antihelenismo, pero a la par como estímulo intelectual para muchos, lo que da fe del impacto cultural que provocaron en el mundo griego. La Escitia que imaginaron los griegos, o la compleja cultura de las estepas y los kurganes, que poco a poco sale a la luz con nuevos hallazgos impresionantes, vuelve hoy a la actualidad con el debate sobre la posición sociopolítica de la mujer en Occidente, más allá de los modelos clásicos que heredamos de la antigüedad.

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