Jasper Morrison: «Nunca haría una tetera triangular, lo prometo»

Es uno de los número uno del mundo y ayer fue la estrella del Madrid Design Festival, que se celebra en la ciudad durante el mes de febrero.

Es uno de los número uno del mundo y ayer fue la estrella del Madrid Design Festival, que se celebra en la ciudad durante el mes de febrero.

Dicen que a Jasper Morrison no le gusta dar conferencias porque es tímido. Pero tras unos minutos con él sospecho que la verdadera razón es que le divierte mucho más contar historias que compartir ideas sobre diseño. Morrison, creador del concepto «super normal», que aboga por una estética minimalista, estuvo ayer en España durante apenas unas horas para participar en el Madrid Design Festival, donde jóvenes creadores le mostraron sus propuestas para recibir «feed back». De la capital española dice que «siento que es un poco como Londres, una ciudad en la que se trabaja. París y Barcelona son más hermosas, pero no tienen la misma energía que las otras dos». En Reino Unido tiene su estudio, pero su familia vive en Tokio –su esposa es japonesa y no ha conseguido el visado para trasladarse a Londres–, por lo que él divide su tiempo entre ambas ciudades.

–En una época en que las tendencias van y vienen, ¿qué hace que un objeto sea único y que perdure en el tiempo?

–Yo aterrizo una idea al observar todo el tiempo, no solo a mi alrededor sino también en un sentido más histórico. Digamos que vas a diseñar una tetera. Tienes una memoria o conciencia de lo que es porque la has utilizado cientos o miles de veces. Trato de captar esa experiencia, realizar un sumario de todas las teteras que he conocido en mi vida y crear una nueva. El objetivo es que sea mejor que todas las demás y que, a la vez, resuma lo que es ese objeto. A menudo, las personas dirán que no es única porque luce como todas las que han visto antes. Pero yo no pongo tanto énfasis en que sea nueva –aunque debe tener una apariencia fresca– sino en que sea una muy buena tetera. Es decir, nunca haría una triangular, se lo prometo.

–Es importante para usted que los objetos que diseña sean de excelente calidad y duren. ¿Hay en ello una preocupación por el medio ambiente?

–Sí, definitivamente. Se habla mucho de sostenibilidad y yo también he reflexionado bastante al respecto en los últimos años. La mejor manera que un diseñador puede aportar a ello es eligiendo los materiales más adecuados para cada trabajo. Volvemos a la tetera: ¿por qué harías una tetera de plástico? Tiene que ser de cerámica. Y, finalmente, lo más importante que hay que preguntarse es: ¿Va a tener este objeto una vida larga y útil? Debemos intentar diseñar cosas que todavía sean atractivas dentro de veinte o treinta años. El mejor diseño pasa la prueba del tiempo.

–Recientemente creó un jabón para la marca Good Thing. El fundador ha comentado que le contactó cuando vio que usted había dado «me gusta» a sus fotos en Instagram. ¿Encuentra inspiración en las redes?

–Sí. Los de Good Thing me propusieron inicialmente diseñar muebles, pero yo pensé de inmediato que eso iba a ser imposible porque ya trabajo con otras compañías en eso. Su siguiente mensaje planteaba: ¿O una pastilla de jabón? Me pareció excelente. Nunca había si quiera pensado en diseñar uno. Intenté que fuera un objeto irónico: útil pero con humor. Por eso, por ejemplo, se venden cuatro juntos.

–En septiembre lanzó una línea de ropa junto con Jaime Hayón, cuyo estilo de colores vivos y patrones arriesgados es muy distinto al suyo. ¿Cómo surgió esa colaboración?

–Me parece que somos un caso de opuestos que se atraen. Nos conocimos en un avión de camino a un evento de diseño en Suráfrica: él estaba en mi asiento e iba vestido con zapatos azules y gafas rojas. Le dije que estaba en mi lugar y se movió al de al lado, y yo pensé: «Dios mío, tengo que soportar a este hombre durante 12 horas de viaje». Pero nos llevamos muy bien, hablamos casi todo el camino. Esto fue hace unos diez o doce año.

–¿Y la marca de ropa?

–Eso es otra historia y sucedió aquí en Madrid, donde los dos estábamos nominados a los premios AD. La noche antes tuvimos una cena con la editora de «Elle Decor», y ella me miró y me dijo: «Espero que no vayas a vestirte así para el evento». Eso me dolió. Al día siguiente me fui de compras, pero nada me gustaba. Hasta que encontré un sastre y le convencí de que me ajustara una americana que tenía expuesta en el escaparate, pero que era demasiado grande para mí. Esa noche le mostré mi chaqueta a Jaime y comenzamos a hablar de diseñar algo de ropa juntos. Hoy vendemos en Nueva York, Londres y Tokio.