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Cine

Entrevista

Justine Triet: "Los hombres de antes no se cuestionaban nada"

En "Anatomía de una caída", última Palma de Oro en Cannes, la directora disecciona el empoderamiento de la mujer contemporánea a través de un juicio

Justine Triet (dcha.), directora de "Anatomía de una caída"
Justine Triet (dcha.), directora de "Anatomía de una caída"ELÁSTICA FILMS / EFE

Cuestiones de cábala y mercadotecnia, Justine Triet recogía anoche el premio que acredita a su filme, "Anatomía de una caída", como la Mejor Película Europea del año. Cuestiones de patria y lengua, sus 150 minutos de examen a la mujer contemporánea no podrán representar a Francia, su país, en los Premios Oscar, puesto que la academia transpirenaica ha decidido que jugará mejor sus cartas con "A fuego lento", protagonizada por Juliette Binoche. Cuestiones de brío y agendas, la misma Justine Triet se sentaba junto a LA RAZÓN, y a un pequeño grupo de juntaletras, en el último Festival de San Sebastián, para debatir y profundizar sobre su obra maestra, sí, pero también para explicar todo aquello que no se dice en su denso guion, acaso una nueva reinvención del cine de tribunales.

No hay que elucubrar demasiado para descubrir cómo la directora y guionista ha dado con el jugo temático de uno de los fenómenos del año, fruta de una película de juicios y néctar de un problema transversal a las sociedades desarrolladas. "Anatomía de una caída", Palma de Oro la pasada primavera en Cannes, nos invita a pasearnos por los Alpes franceses. El lugar al que galos, alemanes, suizos y hasta italianos (todos ellos acomodados) se escapan para vivir en idilio, se convierte en blanca pesadilla para el personaje de Sandra Hüller, única acompañante de su marido en el momento en el que el hijo ciego de ambos lo encuentra muerto, precipitado desde el balcón más alto de su casa.

El espectador como juez y parte

"Anatomía de una caída" fue la ganadora en el último Festival de Cannes
"Anatomía de una caída" fue la ganadora en el último Festival de CannesELÁSTICA FILMS

"En el centro de mi trabajo siempre estará la relación entre lo que vemos en la ficción y la realidad, es lo que más me interesa cuando estoy escribiendo", comienza a explicar Triet, sobre una propuesta inicial que bien podría beber de Hitchcock, pero se viste luego de Lumet para encausar no solo a la posible asesina, sino a todo su modus operandi como mujer moderna, libre y empoderada. Y sigue: "El cine es un juego de manipulación, y eso en la película se estudia por ejemplo a través de la lengua. A esta mujer, a la que encausan por un posible asesinato, en realidad se la está juzgando a toda ella. Se la juzga también por la lengua que elige, por no hablar francés, por no ser una madre modelo. Me fascinaba explorar ese tipo de manipulaciones, también cómo existen buenas y malas víctimas, a ojos de la sociedad", completaba la realizadora, situando su inspiración -al menos en el aspecto mediático- en casos tan célebres como el de Amanda Knox, que llegó a inspirar un documental.

Desde el momento de la aberrante caída, hasta la resolución del veredicto, "Anatomía de una caída" es en realidad la autopsia en vivo de la protagonista, una escritora de éxito interpretada por una magistral Sandra Hüller, que aspira a todo en la temporada de premios. Cada decisión, desde la invitación de una aprendiz a casa hasta la idea original de alguna de sus novelas, todo se discutirá en sede judicial, resquebrajándola y haciéndola pedazos no solo ante la opinión pública, si no también ante su hijo. Y ahí está una de las tesis más interesantes de la película, la de la exploración de la castración por éxito ajeno. ¿Dónde empieza la deconstrucción y dónde termina el machismo de los hombres que no han sabido prepararse para ser amos de casa? "La reciprocidad en la pareja me desvela desde siempre. Tengo hijos, tengo pareja y tengo una carrera, y es una cuestión que se ha discutido muchas veces. Pero mi padre, por ejemplo, jamás se preguntó nada. Los hombres de antes no se cuestionaban nada. Mi padre salía de casa y volvía cuando quería, mi madre trabajaba en casa y nunca hubo un solo reproche porque era la manera en la que entendían la dinámica de pareja. Eso ha cambiado. La película, de algún modo, aborda la reinvención de la familia, el cómo hacemos para mantener ahora esos equilibrios de vivir juntos", explica Triet didáctica.

Y sigue, con un poco más de sarcasmo: "No se trata de castrar a los hombres. ¡Amo a los hombres! (ríe) Se trata de enfrentarnos a las preguntas más apasionantes de hoy, para eso está el cine. Y es que, de hecho, ni siquiera me considero muy combativa. Hay otras compañeras directoras que están mucho más implicadas, son mucho más reivindicativas. No me gusta el cine evidente, me gusta el cine natural, y aquí lo natural, como hemos visto en la vida real, es que la cuestionemos a ella. (...) Me apasionaba, también, cómo el rencor se puede convertir en violencia. Puede ser verbal o física, pero sigue siendo violencia", completa acelerada la directora, que aquí juega también con el propio posicionamiento del espectador, quiere que tomemos parte y, de hecho, sitúa la cámara siempre a la altura del jurado: somos juez, pero también somos involuntariamente parte por tener más información que cualquiera de los presentes. Y es ahí donde radica la grandeza de una película como "Anatomía de una caída", que si bien le cuesta trascender desde su condición de película literaria (o incluso teatral), nos acaba encerrando, desarmando casi como a la protagonista para que, de algún modo, nos mojemos. Se trata de una película irremediablemente interactiva, por momentos.

Cerebral y exquisitamente montada, la película se desliza por la pantalla gracias a un pequeño prólogo en el que está todo: la secuencia, invisible puesto que abandonamos la casa junto al niño cuando ocurre, del supuesto accidente, nos presenta todos los elementos que serán necesarios para completar el "Cluedo" de Triet. La mujer que siente a su marido como lastre, el marido que siente a su mujer como cárcel y una canción, una maldita canción, que no deja de sonar en todo momento. "PIMP", del rapero 50 Cent pero aquí en un remix sin parte vocal (obra de Bacao Rythm & Steel Band), hace retumbar toda la sala de cine. Antes de despedirse, Triet desvela los secretos de la elección: "Ha sido una de las decisiones más difíciles de mi carrera y, de hecho, Sandra (Hüller) no la entendió demasiado bien al principio. Quería algo caricaturesco, capaz de deformar la interacción humana que interrumpe en la película (...). Teníamos claro que tenía que ser algo pegadizo, pero algo que también pudiera ser irritante repetido hasta la saciedad. De inmediato pensé en música clásica, pero está demasiado visto. Si lo pensaste, es que Kubrick ya lo hizo. Y luego se nos ocurrió usar "Jolene", de Dolly Parton, pero los derechos de la canción resultaban demasiado caros para el presupuesto de la película. Así es como llegamos a 50 Cent, y eso acabó hasta modificando el guion", recuerda Triet, dado que el abogado de la fiscalía, para presentar un escenario en el que el personaje de Hüller hubiera podido matar a su marido, relaciona las letras machistas del rapero con la actitud del difunto.