Cine

“La banda”, formas de volver a casa

Roberto Bueso estrena "La banda", un canto generacional y su debut cinematográfico como director en donde ensalza la amistad de un grupo de artistas valencianos

Roberto Bueso estrena "La banda", un canto generacional y su debut cinematográfico como director en donde ensalza la amistad de un grupo de artistas valencianos

En los pósters de una habitación que lleva un año vacía rebotan los ecos de una canción de «The Ronnettes» que se mimetiza con el estado anímico de un chico que tumbado en la cama convierte en suyas las palabras que encabezan el estribillo. «Ellos dicen que nuestro amor es solo una afección de adolescentes pero nadie conoce la dirección de mi corazón» canturrean las chicas de Veronica Bennett mientras Edu, un joven músico de 26 años que acaba de regresar de la capital londinense para reencontrarse con su Valencia natal y asistir a la boda de su hermano, intenta ordenar todas las preguntas que quedaron sin respuesta antes de marcharse. Incluidos los sentimientos dilatados en el tiempo por Alicia (Charlotte Vega), la novia de su mejor amigo.

El novel Gonzalo Fernández, óptico de profesión y clarinetista de corazón, se enfrenta a su primera incursión en el cine como actor protagonista de la mano del director Roberto Bueso y su también debut cinematográfico «La banda». Una cinta que ya obtuvo una cálida acogida en el Festival de Málaga y que ahora llega a la gran pantalla con visos de convertirse en un gran homenaje intimista a la relación de cuatro amigos que no han dejado de quererse gracias a una banda de música. "Durante mis prácticas en la Escuela de Cine de Madrid yo ya solía coger a compañeros de clase y en mi proyecto final de carrera, "La noche de las pochongas", tenía que servirme también de un grupo de amigos. Para ese trabajo decidí poner en práctica el ejercicio de pasearme por diferentes institutos y empezar a filmar a chicos que no tenían ningún tipo de experiencia previa delante de las cámaras. Cuando me puse a la caza de los personajes para esta película terminé adoptando la misma actitud que en mi proyecto anterior", admite el director.

Afectos y dulzainas

El hecho de que los personajes destilen espontaneidad y naturalidad en cada frase y la facilidad con la que el espectador es capaz de identificarse con una batería de sentimientos generacionales no es algo arbitrario: «En todo momento pensaba vamos a ver, para configurar una historia de Valencia tan concreta como es la de un pueblecito a las afueras de la capital sobre el mundo sinfónico que es muy peculiar y muy desconocido, necesito chavales que conozcan muy de cerca este universo de las bandas, que hablen valenciano y que además sean músicos».

Farinas, Juanma, Cabolo y Edu emprenden juntos un viaje por los recuerdos de una amistad y una vida forjada a base de trombones, despedidas, bodas, afectos, amores y dulzainas gracias a un juego de colectividad y complicidad que ha sido capaz de trasladarse a la vida real tal y como afirma el propio Gonzalo: «Yo soy de un pueblo muy pequeño que se llama Chelva en el que viven 1.300 personas. Cada pueblo allí tiene su banda y durante el rodaje he vuelto a sentir que estaba en casa. Desde el primer día ya tenía la sensación de que éramos una familia».