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La sombra contemporánea de Goya

Una exposición en el Fernán Gómez analiza la influencia del maestro aragonés en artistas como Manolo Valdés, Antonio Saura, Pilar Albarracín y Darío Villalba

Una exposición en el Fernán Gómez analiza la influencia del maestro aragonés en artistas como Manolo Valdés, Rafael Canogar, Pilar Albarracín y Darío Villalba

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Un hombre recostado sobre un escritorio se tapa la cabeza con las manos protegiéndose de las criaturas nocturnas que le acechan. Junto a sus pies, grabado en la mesa, se lee: “El sueño de la razón produce monstruos”. El mundo ilustrado se ve atacado, y pierde, ante la oscuridad. La razón fracasa frente a la ignorancia, la hipocresía y los vicios de la sociedad. Este aguafuerte de Goya, de la serie los Caprichos, ha sido interpretado y reinterpretado cientos de veces desde su publicación en 1799. Lo mismo puede decirse de casi todas las Pinturas negras, como “Perro semihundido” y “Saturno devorando a un hijo”. La total desilusión de Goya con los ideales de progreso y civilización de la Ilustración sigue ardiendo en artistas como Antonio Saura, Manolo Valdés, Rafael Canogar, Pilar Albarracín, Simon Edmondson y Darío Villalba, por nombrar apenas algunos de los que forman parte de la muestra que el Fernán Gómez inaugura hoy, en la que su comisaria, Oliva María Rubio, sigue el rastro de la larga sombra de Goya en el arte contemporáneo.

La excusa para hacerlo fue el 200 aniversario del momento en que Goya comenzó a realizar las Pinturas negras en las paredes de la Quinta del Sordo, cercana al río Manzanares, donde se instaló de 1819 a 1824. La selección de la comisaria abarca desde 1960 hasta la actualidad e incluye no solo pintura, sino también escultura e instalaciones audiovisuales. “A partir de la introducción de disciplinas de nuestro tiempo, como el vídeo y la fotografía, la influencia de Goya realmente se ha ampliado”, asegura Rubio.

En artistas como Saura, que dedica al “Perro semihundido” una serie de trabajos, algunos de los cuales pueden verse en esta muestra, la huella de Goya es evidente. Sin embargo, Rubio explica que en otros esa influencia se nota “en su forma de abordar la pintura, sobre todo porque con Goya se introducen en el arte lo grotesco, el sueño, la pesadilla, lo subjetivo y la crueldad, una serie de aspectos que hasta entonces no eran la norma".

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Desastres de la guerra

La muestra presta especial atención al imaginario de la guerra que nace a partir de Goya. “Hasta ese momento, las escenas de batallas se hacían a mayor gloria del Ejército y del poder, pero llega Goya, después de la Guerra de Independencia, y realiza no solamente la serie de grabados "Desastres de la guerra”, sino también “La lucha con los mamelucos” y “El 3 de mayo en Madrid”, donde realmente se ve lo que es una guerra y cuáles son sus consecuencias –explica Rubio-. Es por esto que se le considera el primer pintor moderno, y por lo que se convirtió en un mito y en un icono de su tiempo que ha proyectado una larga sombra sobre el arte moderno y contemporáneo”.

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El artista marroquí Mounir Fatmi, por ejemplo, participa en la exposición con “Nada”, un vídeo en el que conjuga imágenes representativas de la crueldad, el sufrimiento y el conflicto, entre las que aparecen muchas obras de Goya. “Fatmi habla del gran fracaso de la modernidad, de aquella idea de crear un mundo más feliz. Habla sobre la vida y la muerte, y uno de los leitmotiv que utiliza para hacerlo son las obras de Goya”, afirma la comisaria.

Asegura también que son justamente los artistas contemporáneos más jóvenes los que han tratado el tema de la guerra en sus obras. “El arte es hijo de su tiempo, como lo fue con Goya, y el siglo XX ha estado plagado de grandes conflictos que han tenido consecuencias bestiales sobre la población civil. Además, el XXI sigue siendo un siglo en el que las desigualdades están presentes. Por eso es normal que muchos artistas de nuestro tiempo tengan a Goya como referencia a la hora de crear. Al fin y al cabo, él allanó el camino y muchos lo han continuado”. Entre ellos, Fernando Sánchez Castillo y José Manuel Broto.

Ideales al traste

“Saturno devorando a su hijo” es un de las obras más fácilmente identificables en las creaciones de cientos de artistas de todos los tiempos. “Toda la serie de las Pinturas negras ha tenido una gran repercusión a nivel internacional”, afirma Rubio, pero esta en particular se repite una y otra vez porque “trata un tema que interesa, por una parte, por la forma tan cruda de narrarlo, y, por otra, porque nos habla de nuestro tiempo, de cómo el hombre es el enemigo del hombre”. Así, Pablo Serrano, Francisco Leiro y Simon Edmondson son algunos de los que tratan la crueldad a través de esa Pintura negra en particular.

Junto con los Caprichos, los Disparates son una serie de grabados que Goya realizó entre 1815 y 1819, después de que le fuera diagnosticada la enfermedad que le dejó sordo, y que no obedecen a ningún encargo. Se cree que la serie quedó sin concluir cuando el artista se marchó a Francia en 1824, por lo que en 2001 la Fundación Fuendetodos Goya invitó a más de cuarenta creadores a darle continuidad con sus propias interpretaciones de los temas, como el sexo, la violencia y la crítica al poder, que ya el maestro había tocado en su momento. De dicha colección provienen una cantidad de las obras de esta muestra, como las de Jaume Plensa, Günter Grass, Alicia Díaz Rinaldi, Luis Gordillo, Martín Chirino y Juan Genovés.

Esa misma visión crítica de “El sueño de la razón produce monstruos” y los Disparates la recupera Pilar Albarracín en “Asnería”, una instalación de un asno disecado rodeado de libros. “El burro es una figura que aparece continuamente en los Caprichos y representa la falta de preparación, el analfabetismo y, en definitiva, la falta de razón -explica la comisaria-. Albarracín ha reinterpretado una estampa titulada “Hasta su abuelo”, en la que el maestro nuevamente hace referencia a su desilusión porque los ideales de la modernidad se habían ido al traste”.

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