Europa

La última vez que Inglaterra fue conquistada

El espectacular tapiz de Bayeux, de 70 metros de largo, narra la batalla de Hastings, que situó al duque de Normandía en el trono inglés: paradójicamente, se prestará al país del Brexit.

El tapiz, expuesto en el museo de la ciudad de Bayeux, tiene 70 metros de largo en los que cuenta, a partir de escenas, la victoria de Guillermo el Conquistador
El tapiz, expuesto en el museo de la ciudad de Bayeux, tiene 70 metros de largo en los que cuenta, a partir de escenas, la victoria de Guillermo el Conquistador

El espectacular tapiz de Bayeux, de 70 metros de largo, narra la batalla de Hastings, que situó al duque de Normandía en el trono inglés: paradójicamente, se prestará al país del Brexit.

La batalla de Hastings (1066) fue la tercera y última ocasión en la que Inglaterra fue exitosamente conquistada por una potencia extranjera. Cuando el ejército de Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, derrotó a los sajones de Harold, se instauró en el trono inglés la dinastía de los hombres del Norte que ya por entonces se estaban enseñoreando de plazas emblemáticas como las posesiones bizantinas en el sur de Italia. Gran Bretaña había sido antes objeto de invasiones: la más recordada fue la romana, desde las primeras expediciones de Julio César (55 a.C.) hasta los tiempos del emperador Claudio (c.49), después de la fallida invasión de Calígula, su predecesor en el trono. Ya los romanos eran conscientes de la riqueza y las grandes posibilidades estratégicas de la mayor de las Islas Británicas. Hay que recordar la obra que el gran historiador Tácito dedicó a la vida de su suegro Agrícola, gobernador de la provincia de Britania, y que aprovechó para realizar un estudio detallado de la geografía y etnografía de la isla bajo el gobierno de Domiciano. Fue una de las joyas de los romanos que defendieron de los bárbaros del norte ya durante el Alto Imperio. Emperadores como Vespasiano o Adriano empeñaron todo su potencial en afianzarla, edificando incluso el famoso muro que separaba la próspera Britania romana de los pictos del norte.

Invasión germánica

Pero ya durante la época imperial existen indicios de que se preparaba una segunda gran invasión, esta por parte de los pueblos germánicos, aunque el grueso de las migraciones tuvo lugar entre los siglos V y VI, como cuenta la «Historia ecclesiastica gentis anglorum» de Beda el Venerable. Oleadas de anglos, sajones y jutos procedentes de las actuales Suecia, Jutlandia o Alemania se establecieron en Britania creando los reinos que luego serían conocidos como la Heptarquía anglosajona. Aunque la caída de la Britania romana fue una tragedia humana y material, como el resto de invasiones germánicas en las provincias romanas que cedieron ante el empuje de los nuevos reinos bárbaros, en esta época se gestó la gran mitología inglesa y parte de su carácter indómito y ecléctico, entre la herencia clásica y el elemento germánico. Buen ejemplo es el mito del Rey Arturo, de larga trayectoria, probablemente gestado en estos años de la conquista y establecimiento de los germánicos en Britania.

Sin duda fue la conquista normanda del reino de Inglaterra, a raíz de la citada batalla de Hastings, la que mayor impacto dejó en la memoria a través de creaciones literarias y artísticas, como el famoso tapiz de Bayeux, que contiene, en uno de los restos de arte textil más importantes de la historia, una detallada descripción del episodio que acabaría con la ascensión al trono de Guillermo I y la nueva dinastía de origen continental. Coincidía con la expansión espectacular de los normandos por otras regiones de Europa, como el norte de la Península Ibérica. Este pueblo de origen escandinavo, en su mayoría danés, comenzó su peripecia histórica con la conquista del noroeste de Francia, la actual Normandía, que sirvió de base para sus imparables expediciones. Su servicio mercenario en el sur de Italia desde comienzos del siglo XI, a diferencia de la fulgurante conquista de Inglaterra, inauguraba décadas de luchas para establecer un dominio que se fue fraguando primero en diversos condados en el sur de Italia, hasta configurar un reino diferenciado entre Sicilia y Calabria. Llegaron incluso a establecerse en África y Tierra Santa, durante las Cruzadas.

El cristianismo

A la muerte sin heredero del rey sajón Eduardo el Confesor, el duque Guillermo de Normandía reclamó el trono que, sostenía, se le había prometido. Pero Harold, conde de Wessex, decidió coronarse monarca en la Abadía de Westminster, lo que Guillermo tomó como una traición y pretexto para reunir un poderoso ejército invasor con el apoyo ideológico del Papado, que buscaba implantar el cristianismo en un reino sin religión oficial. Tras cruzar el canal de la Mancha con sus tropas, el éxito de Guillermo en Hastings conllevó la aniquilación de toda resistencia sajona, con la muerte en combate del propio Harold, la instauración de una monarquía hereditaria normanda –frente a la tradición electiva sajona– y del cristianismo como religión oficial, quedando abolidos los cultos paganos de prerromanos o germánicos.

El gran tapiz del museo de Bayeux, en Normandía, es un espectacular relato gráfico y literario de estos hechos, confeccionado no mucho después de que tuvieran lugar. El texto latino está bien cuidado, pese a los barbarismos germánicos, y muestra la supervisión de clérigos de cultura elevada y conocedores de la literatura antigua. Curiosamente, en estos tiempos del Brexit, no hace mucho que se aprobó que el tapiz saliera por primera vez de Francia en 950 años, para ir precisamente a Inglaterra. A comienzos de 2018 el presidente francés Emmanuel Macron hizo el anuncio y se espera que se exponga pronto en el British Museum. Acaso sirva como recordatorio de que esta isla de legendaria inexpugnabilidad ha tenido una implicación histórica con el continente que no se debe ignorar.